Naturaleza, arte y arquitectura con sello aragonés se unen en la ruta de la Corona

En el fondo de un estrecho valle, a la orilla del río Isábena y cubierto de vegetación se sitúa el espectacular monasterio de Obarra

Desde los orígenes del reino de la Corona de Aragón hasta la época de expansión hacia el Mediterráneo, esta ruta repasa los enclaves más llamativos y desconocidos de la historia aragonesa. Partiendo desde el Norte, donde se encuentran los monasterios más antiguos, hasta el Sur, con la maravillosa ciudad de Teruel usada como cabeza de puente para la conquista de Valencia.

Sin reparar en todos y cada uno de los increíbles enclaves que existen en territorio aragonés, empezando por el Norte de la Comunidad, es digno de visitar el monasterio de Obarra o la localidad de Abizanda. En el fondo de un estrecho valle, a la orilla del río Isábena y cubierto de vegetación se sitúa el espectacular monasterio. Los aventureros que lleguen hasta él viajarán en el tiempo hasta el año 1020, momento en el que los lombardos construyeron este edificio, con altas paredes de rocas, en pleno corazón del condado de Ribagorza, un lugar idílico. Una “visita obligada”, según algunos visitantes, para los amantes del arte y la naturaleza.

Por su parte, Abizanda es una pequeña población que posee un rico patrimonio en el que destaca su espectacular e imponente torre, la cual protegía la entrada del valle frente a los ataques musulmanes. La sobria construcción de 24 metros de altura, que Sancho el Mayor mandó edificar sobre el año 1023, intimida y sorprende. El Torreón era como una pequeña ciudad defensiva en la que pocos entraban y en la que había de todo lo necesario en aquella época. Se accedía por la segunda planta por motivos de seguridad, por lo que la primera planta la utilizaban de almacén y los espacios destinados a vivienda estaban en la tercera y cuarta planta.

Ya en los alrededores de Jaca, se encuentra Santa Cruz de la Serós, una localidad que cuenta con uno de los cascos urbanos más bonitos y cuidados del Alto Aragón, tanto que fue declarado Conjunto Histórico. Su monasterio dedicado a Santa María fue fundado en el año 1060 por Ramiro I de Aragón, destinado como cenobio femenino reservado a las hijas del propio rey y de la alta nobleza aragonesa. A día de hoy ya no queda nada del mismo, a excepción de su espectacular iglesia, joya del románico aragonés del siglo XII, la cual ha llegado prácticamente intacta hasta nuestros días. Allí, como si de una película de aventuras se tratase, descubrimos su curiosa cámara secreta sobre el crucero, a la que solo se puede acceder mediante una escalera portátil. Su imponente torre está considerada como el campanario más destacado del románico aragonés.

Tierra de monumentos nacionales

Por otro lado, en la zona del Cinca Medio, concretamente en Monzón, llama la atención su impresionante castillo declarado Monumento Nacional. Fue construido en lo más alto de la localidad por los templarios y se conserva extraordinariamente. Además, la majestuosa fortaleza está llena de historia y leyenda, ya que el rey Jaime I, más conocido como el Conquistador, pasó su infancia allí. Su interior alberga un centro de interpretación dedicado al Temple que introducirá en el fascinante mundo de los monjes-guerreros de esta orden militar a todo aquel que lo visite.

Viajando hacia el sur de la Comunidad desde Monzón, se halla otro Monumento Nacional: el Real Monasterio de Sigena, ubicado al lado de Villanueva de Sigena. Fue un proyecto de la reina Sancha de Castilla, esposa de Alfonso II de Aragón. En su época acogió entre sus muros a reinas, princesas e hijas de familias nobles, sirvió de depósito de una parte del tesoro real y llegó a ser uno de los archivos más importantes del reino. Además, fue panteón real, destacando la sepultura de su fundadora y la de Pedro II.

Una joya en el corazón de Zaragoza

En la capital aragonesa es imprescindible visitar La Seo, una de las dos catedrales de Zaragoza, declarada por la Unesco Patrimonio Mundial. Un lugar lleno de historias, secretos y con una belleza digna de admirar. Además de ser una joya artística, nos cuenta casi mil años de convivencia entre judíos, musulmanes y cristianos; asesinatos en mitad de la noche; milagros increíbles y reliquias extraordinarias. Además, era donde se realizaba la ceremonia de coronación de los reyes de Aragón.

El arte mudéjar aragonés

El muro de la parroquieta de la Seo de Zaragoza, junto a la fachada de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo de Aniñón son, seguramente, los dos mejores exteriores mudéjares de Aragón. Impresionante por fuera, pero también por dentro, cuyo interior es del Renacimiento y soberbio. Cuenta con uno de los retablos más finos y elegantes de esta época en Aragón y, también, con una capilla barroca dedicada al Santísimo Misterio, milagro eucarístico, según dicen, acontecido en la iglesia en el siglo XIII.

En Cervera de la Cañada se ubica una de las iglesias que la Unesco destacó cuando declaró el conjunto del mudéjar aragonés Patrimonio Mundial: Santa Tecla. Es pequeña, con un exterior austero y no muy llamativo, pero al cruzar el umbral se halla una imagen completamente inesperada y llena de color. Es precisamente por eso, por su color, por lo que llama la atención, y es que la pintura se ha conservado intacta, igual que en la iglesia de Torralba de Ribota. Esta última, San Félix, al encontrarse en tierra de frontera entre Aragón y Castilla, tiene aires de fortaleza y revela las luchas que allí ocurrieron. Aunque por fuera parece una construcción militar, por dentro está llena de color, es lujosa y alberga una suntuosa belleza.

Teruel es una ciudad donde el arte mudéjar encandila por sus calles, tanto es así que la Unesco lo declaró en 1986 Patrimonio Mundial. Imprescindible es la visita a la iglesia de San Pedro, más conocida porque allí se alza el mausoleo de los Amantes, pero también a la catedral. Allí se puede admirar su techumbre pintada, única en la España medieval, y las torres mudéjares de San Martín y el Salvador, a la cual se puede subir. Teruel conserva, además, el acueducto de la época medieval, parte de la muralla y también un lugar que pasa desapercibido y cuyo acceso se encuentra junto a la plaza del Torico: los aljibes medievales.

De esta manera se expanden por todo el territorio aragonés impresionantes y fantásticos lugares con sus monumentos, construcciones y parajes naturales que ponen en valor la historia de la Corona de Aragón y demuestran el rico y variado patrimonio que existe en la Comunidad.

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