Las tortugas “marinas” desovaban en Sobrarbe hace 42 millones de años

Los investigadores del grupo Aragosaurus han descubierto restos fósiles de tortugas marinas.

El yacimiento paleontológico oscense de Castejón de Sobrarbe no deja de revelar información acerca del ecosistema en la zona hace 42 millones de años. Tras el descubrimiento del mamífero sirenio fósil Sobrarbesiren cardieli, los investigadores del grupo Aragosaurus de la Universidad de Zaragoza han descubierto una gran cantidad de cáscaras de huevo de tortuga enterradas junto a los caparazones de al menos cuatro individuos adultos.

Durante los trabajos de lavado y triado de los sedimentos para la recuperación de fósiles de pequeño tamaño (microfósiles) se han encontrado decenas de miles de fragmentos milimétricos de cáscaras de huevo. La revista científica Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology recoge este estudio en el que participan investigadores de Aragosaurus en la Universidades de Zaragoza, Nova de Lisboa, Bilbao (UPV/EHU) y el Grupo de Biología Evolutiva de la UNED.

El estudio en detalle de estas cáscaras mediante distintas técnicas de microscopía electrónica ha permitido identificarlas como pertenecientes a tortugas pleurodiras, tortugas de cuello largo que lo recogen de forma lateral, por su similitud con las cáscaras de huevo de la especie actual Erymnochelys madagascariensis, la tortuga de cabeza grande de Madagascar. Estas tortugas habitaban ecosistemas costeros, no en mares abiertos, y no están emparentadas con las tortugas marinas actuales. Este hallazgo es muy importante, ya que se trata de las primeras cáscaras atribuidas a tortugas del periodo Eoceno de todo el registro mundial.

La gran cantidad de cáscaras por metro cuadrado, superior a la de cualquier otro yacimiento de cáscaras de huevo del mundo, y su estado de conservación han permitido a los investigadores reconocer la existencia de un área de nidificación de tortugas litorales en las playas del antiguo Golfo de Bizkaia, que se extendía hasta la Comarca de Sobrarbe. La responsable de estos nidos es probablemente la tortuga fósil Eocenochelus eremberti, de la que se han encontrado numerosos ejemplares en el yacimiento, y que desovaba aprovechando las zonas arenosas de un gran delta que se abría al Cantábrico. De hecho, Eocenochelus corresponde a un pariente primitivo de la actual Erymnochelys, apoyando esta identificación.

La investigadora del grupo Aragosaurus, responsable de las actuaciones en el yacimiento y coautora del trabajo, Ester Díaz Berenguer, ha declarado que “a pesar de que el yacimiento de Castejón de Sobrarbe es muy conocido por sus sirenios fósiles, su estudio nos está descubriendo un ecosistema complejo, donde diferentes especies coexistían e interactuaban”. El miembro del grupo de investigación aragonés y especialista en huevos fósiles, Miguel Moreno, remarca la importancia del estudio de la geología para poder comprender el yacimiento “Castejón de Sobrarbe es un lugar privilegiado para excavar fósiles, donde podemos recuperar mucha información, que nos está permitiendo comprender relaciones complejas entre el ambiente del Eoceno y los organismos que vivían hace 42 millones de años”. El director del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza e investigador principal del grupo Aragosaurus-IUCA, José Ignacio Canudo, ha remarcado “el gran interés patrimonial de los fósiles de vertebrados de Sobrarbe, un patrimonio que sólo ahora comenzamos a descubrir, y que dará muchas sorpresas en el futuro”.

Un esfuerzo conjunto

El trabajo ha sido financiado en parte gracias a una ayuda del Instituto de Estudios Altoaragoneses, concedida para el estudio de estás cascaras de huevo. Así mismo, han contribuido la Fundação para a Ciência e a Tecnología de Portugal, El Ministerio de Ciencia e Innovación de España y los Gobiernos de Aragón y el País Vasco, que financian a los equipos de investigación involucrados en este trabajo y la colaboración del Geoparque Mundial Unesco Sobrarbe-Pirineos.

Investigadores de la Universidad Nova de Lisboa, la Universidad de Zaragoza, la Universidad de Bilbao (UPV/EHU), y el Grupo de Biología Evolutiva de la UNED han publicado este estudio en la prestigiosa revista científica Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology.

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