Mentir: una actividad más habitual de lo que se cree

Pinocho es el paradigma universal de la mentira

La mentira es “aquella manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa”. Todos hemos mentido en alguna ocasión, tanto de niños como de adultos. Se trata de una actividad muy habitual a la que las personas recurren para salir de una situación incómoda o evitar un problema, por ejemplo. Existen mentiras esporádicas que pueden ser funcionales durante un tiempo limitado pero existen otro tipo de mentiras que dificultan la realidad y perjudican notablemente las relaciones sociales.

“Mentimos de forma voluntaria pero a veces se hace con una naturalidad que incluso pasa desapercibido… De hecho, empezamos a mentir durante la infancia: cuando rompemos algo y decimos que no hemos sido nosotros, por ejemplo. Se trata de mentiras evolutivas”, explica la psicóloga Andrea Panadés. Según el Centro de Terapia de Conducta de Valencia (Cetecova), esta situación se debe a que los niños al explorar su capacidad imaginativa mienten como parte de ese proceso de construcción mental.

Es difícil desprenderse de algo que forma parte del entorno: “Otro factor muy importante en este contexto es la imitación. Los niños aprenden también imitando lo que hacen los demás; al ver que otros niños mienten, hacen lo mismo. Es importante que tanto la familia como los profesores sirvan de guías y les faciliten pautas para que esto no se convierta en un hábito, valorando por encima de todo la verdad”, comenta Panadés.

Las personas mienten por diversos motivos. Algunos para evitar hacer daño a alguien, otros para conseguir algún beneficio, hay quienes prefieren evitar conflictos… Finalidades hay muchas, pero mentiras tres tipos. “Están en primer lugar las piadosas, que se expresan para no dañar a alguien. Cuando una amiga se compra un vestido y está muy ilusionada porque le parece muy bonito, pero a nosotros no, puede que digamos un simple ‘está bien’ para no herir sus sentimientos”, expresa la psicóloga.

Las mentiras comienzan en la infancia

“Por otro lado están las instrumentales, que se realizan para conseguir algo en busca del beneficio propio. Mentir sobre un rastro de nosotros mismos para que nos halaguen es habitual”, afirma Panadés. Sin embargo, está el caso más extremo en el que la mentira domina a la persona: “Se trata de las mentiras compulsivas, que se repiten a lo largo del tiempo, son constantes, siguen un motivo aparentemente sólido y la persona se siente cómoda mintiendo”.

Que todos mentimos de vez en cuando es una realidad conocida, pero la mayoría de las veces son mentiras piadosas que pretenden evitar sufrimiento a las personas que nos rodean. Sin embargo, la “mitomanía” es algo muy diferente: “Es la tendencia a mentir compulsivamente, se trata de algo patológico y que causa interferencias en la vida normal de la persona. Es un trastorno que demanda admiración, atención… Las mentiras se vuelven tan constantes que se crea un efecto de bola de nieve”.

Según la psicóloga, experta en autoestima, ese protagonismo que se quiere conseguir a través de las falsedades da pistas sobre una personalidad: “Detrás de las mentiras existe una clara falta de autoestima y una necesidad de aprobación por parte de la mayoría. Esta situación tiene consecuencias, porque cuando los de alrededor detectan esas mentiras se deteriora la relación en todos los ámbitos como el social, familiar e incluso laboral”.

Suelen decir que la verdad te hará libre: “La verdad puede hacer daño pero tiene beneficios. Hay que darle valor y ser coherente con lo que piensas al margen de lo que crean otros. Cuando eres honesto se potencia el bienestar y no debemos dejarnos llevar por la impulsividad: antes de mentir, piensa, reflexiona, y analiza las consecuencias de esa mentira”.

En muchas ocasiones se miente para evitar conflictos

La sinceridad es un antídoto que favorece las relaciones sociales, pero un exceso de ella tampoco es sano, lo que se conoce como “sincericidio”. “Este concepto significa decir la verdad sin ningún tipo de prudencia y sin tener en cuenta a los demás. Denota falta de empatía y hay que tener cuidado con él. Las personas tienen emociones y sentimientos, no se puede ir por la vida sin filtros”, transmite Panadés.

Se suele decir que “la verdad te hará libre”

En definitiva, la mentira tiene solución para la psicóloga: “Hay que acudir a los profesionales para trabajar la autoestima, las habilidades sociales y la capacidad de resolver conflictos. La consulta, sumada al apoyo de los familiares, es una ayuda muy potente. Además, esta combinación permitirá afianzar la seguridad en uno mismo y alejarse del engaño”.

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