La emblemática Semana Cultural llega a La Madalena, el barrio donde la llama sigue viva

Dos niñas de La Madalena explican qué es el barrio para ellas

La Madalena. Ese barrio tan característico de la capital aragonesa que todo el mundo conoce y que acoge entre sus calles historia viva de la ciudad, arte alternativo diverso y vínculos sociales inquebrantables. Precisamente estos días celebra su Semana Cultural, la cual regresa este año (tras uno de parón) gracias al esfuerzo de todos los vecinos del barrio, que unidos en diferentes colectivos han organizado siete jornadas llenas de diversión. Los más pequeños y los locales de la zona, duramente afectados por la pandemia, son los protagonistas de esta iniciativa que celebra nada menos que su 34 edición.

El primer paso para que esta tradicional Semana Cultural sea un éxito es elegir un lema reivindicativo, que tenga algo que decir. Tras un proceso selectivo que realiza la Asamblea de La Madalena donde los participantes mandan propuestas, el veredicto final se conoce a través de las redes sociales. Los vecinos son los encargados de comentar, dar me gustas y elegir un ganador. Este año ha sido “La llama que nunca dejó de arder”. Un mensaje inspirado en su icónica Hoguera de San Juan del 23 de junio, que este año no podrá celebrarse por la normativa sanitaria, pero que demuestra que el barrio sigue vivo y activo.

Otros vecinos expresan qué simboliza para ellos La Madalena

La gran acogida que experimenta este proyecto, el cual lleva un largo recorrido a sus espaldas, lo tiene claro una de las organizadoras llamada Almudena García: “El propio tejido asociativo de La Madalena tiene unos cimientos fuertes. Tras muchos años de colaboración, todos encontramos en esta fecha el momento de juntarnos, celebrar nuestra unión e invitar a los demás barrios a que se unan. La Madalena siempre ha sido combativa, revolucionaria y alternativa”.

Preparar un evento de estas características no es fácil. Mucha organización y comunicación constante tiempo antes de su celebración es imprescindible. “Nos solemos reunir todos los vecinos una vez al mes cada quince días unos cuatro meses antes de que la Semana Cultural empiece. Nos juntamos, charramos, pensamos propuestas corales en la Asamblea y en los diferentes colectivos… Un buen trabajo en equipo es el que consigue hilar todo”, explica Almudena.

Este año les podría haber sido más fácil coordinar el proyecto porque las actividades que se pueden llevar a cabo son más limitadas, pero la realidad es muy diferente: “Las actualizaciones de la normativa hacen que todo sea muy difícil de organizar. Vamos a echar de menos todo lo que hacíamos en años anteriores pero queríamos hacer algo de todas formas, aunque fuera pequeñito, para que la gente siguiera conectada a sus fiestas”.

Hay quien dice que en las cosas pequeñas residen las más grandes y aunque esta edición el programa no sea tan amplio como en las pasadas, los más pequeños tendrán diversión asegurada. “Esta Semana Cultural en concreto está destinada sobre todo al público infantil. Los jóvenes del barrio han vivido una situación dura y restrictiva para su ocio, vivencias, experiencias… Era importantes que ellos fueran los protagonistas”, comenta la organizadora.

No solo ellos, los establecimientos de la zona, que han vivido en un halo de incertidumbre constante, también tienen su hueco: “Como no podemos hacer actos grandes en la calle por temas de aforo, hemos pensando en realizar diversas actividades en los locales como exposiciones de pintura, escultura, fotografía… Así la masa grande queda bien repartida”.

El pistoletazo de salida de esta Semana Cultural ha consistido en un pregón íntimo en el que los vecinos han salido a las calles con sus bicicletas con un aviso determinado. “En este transporte podemos movernos por el barrio cumpliendo todas las reglas. La bicicleta es nuestro altavoz hacia las autoridades, que deberían dar más alternativas para que los festejos populares vuelvan a ser una realidad”, transmite Almudena.

Uno de los pregones de hace unos años

Visitas a exposiciones, comidas populares, yincanas con ingenio… Y algo muy especial: “Otra de las actividades a las que le hemos dado gran relevancia es una exposición de fotografías. La gente nos ha mandado fotos con un cartel en blanco en el que se leía ‘La Madalena es…’ y lo han completado con sus frases explicando el significado que tiene el barrio para ellos. Todas han sido colgadas a lo largo de sus calles. Nunca habíamos hecho nada así y la verdad es que ha tenido una buena respuesta a nivel individual pero también colectivo”.

Concentración en una de las Semanas Culturales de hace unos años

A finales de los 80, La Madalena era un barrio “degradado, con viviendas deterioradas y calles en mal estado en el que la gente joven que podía se marchaba a otras zonas de la ciudad”, explica una de sus vecinas, Eva Sastrón, en Zaragoza Rebelde. Sin embargo, con el paso del tiempo ha tenido la capacidad de reinventarse, de seguir atrayendo a personas que han forjado vínculos estrechos. Esos vínculos dan fe de que su llama sigue viva.

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