Teresa Perales: “Cuanto más me dicen si voy a retirarme, más ganas tengo de seguir”

Teresa Perales trata de recuperarse para llegar al 100% a Tokyo

Unos días después de recibir el premio Princesa de Asturias, la zaragozana Teresa Perales va recuperando la tranquilidad. Pasada la locura inicial, la nadadora se centra en los Juegos Paralímpicos de Tokio, en los que se ha aventurado a pronosticar una medalla. Aun así, debe recuperarse de su luxación de hombro para competir en las mejores condiciones. Y parece que aún queda trayectoria, porque como buena aragonesa, basta que le pregunten cuándo se retira para seguir peleando.

Pregunta.- ¿Cómo está llevando estos días?
Respuesta.- Ahora más tranquila, pero el día de los premios y los dos siguientes fueron de una locura maravillosa. Todavía me quedan 500 mensajes por contestar. Es genial, pero me va costando ponerme al día.

P.- ¿Lo va asimilando?
R.- Sí, pero todavía me parece que están hablando de otro deportista. Lo natural estos años ha sido estar pendiente del día en que dicen el fallo del jurado y nombrar a otro deportista. No es que me cueste, pero me sigue sorprendiendo.

P.- ¿Cómo esperaba el veredicto?
R.- No sabía ni que mi nombre estaba encima de la mesa. Otros años te preparas por si acaso. El primer año que pasé a la final estaba entrenando en el Olivar hasta que dieran el nombre. En cuanto vimos que pasaban las 12 y no había ninguna señal, ya deducimos que se lo habían dado a otro. Me quedé a un voto. Este año estaba tranquila, en casa, sin hacer nada por la lesión.

P.- ¿Cómo se enteró?
R.- Sabía que había habido reuniones y que ese día votaban la final. Otros años había trascendido algún nombre, pero este era secreto. Había leído en los periódicos que había 18 candidaturas de nueve nacionalidades. De repente me llamaron, miré la hora y pensé “que gracia, justo a esta hora es cuando se lo deben decir a los premiados”. Cogí, preguntaron por mí y empecé a escuchar “llamo de la fundación Princesa de Asturias…”. En ese momento se me salió el corazón. Me costaba articular palabra y se me vinieron todos los recuerdos como en una película. Mi padre, mi madre, mi hermano, mi marido, mi hijo… Fue muy emocionante.

La nadadora ha logrado medallas allá por donde ha competido

P.- ¿Cómo está su hijo?
R.- No para de decirme cosas preciosas. El otro día, volviendo del cole me dijo: “estoy pensando que, si tuviera que escribir todas las cosas bonitas sobre ti, tardaría mucho tiempo”. Me hace muy feliz porque está orgulloso y creo que no hay nada más grande que eso para una madre.

P.- ¿Se enteró de la noticia cuando vio las cámaras en casa?
R.- Siempre he sido muy discreta y no me gusta que vengan. A Movistar les dejé porque era el programa que presentaba, “Konnichiwa Tokyo”, pero nunca había venido ninguna cámara a casa. Aquel día, como estaba con el brazo lesionado, iba a ser muy difícil desplazarme a los sitios mientras me llamaban y dejamos que subieran. Le sorprendieron las cámaras y la cantidad de gente. Se lo expliqué, pero él sabía qué eran los premios y su importancia. Hasta me dijo que estaba al nivel de Michael Jordan.

P.- ¿Qué pasó a partir de ese momento?
R.- Me cambia la vida. La cantidad de gente y de medios que han estado hablando de mi y del deporte paralímpico es 180 grados de diferencia. En España, para ser paralímpica, me conoce bastante gente y me han dejado estar ahí, pero que se haya hablado tanto de deporte paralímpico me ha encantado. Y de deporte femenino y de mamás deportistas. Habitualmente tenemos menos hueco, pero es cierto que en Aragón siempre se han dado todas las noticias y me siento con mucha suerte.

P.- ¿Cómo afronta los Juegos Olímpicos de Tokio?
R.- Primero tengo que recuperarme, pero esto me ha dado alas. Pase lo que pase, ya llevo mi medalla, ya tengo ahí algo maravilloso que me espera a la vuelta.

P.- ¿Cómo va esa lesión?
R.- Soy soñadora, pero también consciente. A menos de tres meses, tengo una lesión importante. A cualquier persona le costaría tres meses recuperarse, y yo quiero hacerlo en uno. He estado casi un mes sin tocar piscina y se me hace duro. Ahora ya me meto al agua, pero con el brazo atado para evitar que se vuelva a salir. Por lo menos puedo hacer algo. Otros deportistas se hacen daño en un brazo y les dicen que naden a pies, pero a mí me quitas tres miembros. Es muy difícil.

P.- ¿Tiene la sensación de que el premio ha sido un reconocimiento a toda la trayectoria que tanto le ha costado lograr desde que empezó?
R.- Le he dado vueltas a por qué este año o por qué yo. Por lo visto, mi nombre estaba todos los años y yo no lo sabía. Creía que había estado el año de Chema Olazábal, el de Javi Gómez Noya, el de los All Blacks y el de Lindsey Vonn. El otro día, hablando con Fernando Arcega, me contó que fue el primero que me presentó en el 2000.

P.- ¿Cómo así?
R.- No lo tengo claro. No valoran solo el resultado deportivo, porque miles de deportistas son muy buenos. Toman otros valores, otros aspectos, la trascendencia… Yo solo hago lo que me gusta, lo que se me da bien.

Teresa Perales está preparada para lanzarse a la piscina en Tokio

P.- Igual es un reconocimiento en el aspecto personal
R.- Supongo que un poquito de todo. Me gusta transmitir que no te tienes que rendir, que en tus manos está luchar… Cosas que dicen habitualmente, pero yo lo he hecho y te lo tienes que creer. No es lo mismo que lo ponga en un libro a que te lo diga yo, que ha sido mi vida y lo he hecho todos los días. He tenido muchos traspiés, muchos momentos de hundirme, llorar, tocar fondo… y afortunadamente siempre he salido adelante.

P.- ¿Cuál sería el momento más duro?
R.- Cuando murió mi padre. Yo era muy joven, se murió con mi edad, con 45 años. No lo veía tan joven como yo me veo ahora, pero tenía toda la vida por delante. Tenía 15 años, mi hermano tenía 8 y mi madre 41. Éramos muy jóvenes… Eso te cambia la vida porque quieres que siga contigo siempre. Me habría encantado que hubiese estado cuando me casé, cuando tuve a mi hijo, ahora con el premio… En los momentos más importantes.

P.- Le siguieron más problemas…
R.- Quedarse en silla de ruedas no es el mayor drama del mundo, pero fue muy difícil de llevar, de entender, de adaptarse… No podía entrar en casa porque había 25 escalones, tenía que hacerlo por el garaje. El baño tenía la puerta pequeña e iba de la silla al bidé, del bidé a la taza y de la taza a la bañera. Esas cosas te hacen la vida más difícil, pero no imposible. Con lo de mi padre aprendí que pueden pasarte muchas cosas, pero estar vivo es suficiente. Lo demás depende de ti, porque lo que necesitas de verdad ya lo tienes.

P.- Un tiempo después, se encuentra a la altura de deportistas como Michael Schumacher o Carlos Sainz, que también recibieron el premio. ¿Da cierto respeto?
R.- Claro. Formas parte de un grupo de noble, de gente muy importante a la que he admirado siempre. Algunos los he conocido a lo largo de mi trayectoria deportiva, pero a otros solo he podido seguirlos y admirarlos por los medios. Estar ahí son palabras mayores.

La nadadora cree que está a tiempo de recuperarme y soñar con subir al podio

P.- ¿Qué espera del día de la gala?
R.- El momento en que mire a mi madre a la cara y vea ese gesto de felicidad porque me entregan el premio. Eso no se puede comparar con nada. Y mi hijo mi marido, mi hermano, la familia cercana y los amigos… va a suponer mucho.

P.- ¿Y de los Juegos?
R.- Tendría que ser cauta, pero eso no va conmigo. Me gusta tirarme a la piscina en todos los sentidos. Es muy difícil recuperarme al 100% para estar perfecta. Todo este mes que llevo sin entrenar va a pasar factura. Aun así, me conozco, sé que mi cabeza es fuerte y que, si lo hago bien, estoy a tiempo de recuperarme y soñar con subir al podio.

P.- ¿Lo ve posible?
R.- Si antes era difícil, ahora ya es una hazaña, pero sería la gesta deportiva de mi vida. Es el momento más difícil en lo deportivo para conseguir medalla, pero así lo haremos épico. Si no puedo recuperarme, lo haré a un brazo.

P.- ¿Se atrevería con un pronóstico?
R.- Voy a nadar 50 espalda y 100 libre, que son individuales. He reducido de cinco o seis pruebas a dos individuales y dos relevos. Hacía años que no teníamos dos relevos tan interesantes y no hay que descartar nada. Me gusta soñar y dejo la puerta abierta. Es difícil, pero no imposible. En las individuales, si consigo recuperar la forma, puedo optar a medallas y volver a podio. Al tipo de medalla no me lanzo.

P.- ¿Qué aliciente supone este galardón?
R.- En mi vida personal me da tranquilidad, porque esto me abre muchas puertas y la gente te conoce más. Mi trabajo es dar conferencias y trabajar con empresas, y si me conocen más, tienen más ganas de llamarme. Tener a la deportista que ha ganado el Princesa de Asturias da cierto prestigio. Eso también me aporta tranquilidad a la hora de competir, porque si no sale bien una cosa, espero que salga bien la otra. Es una forma de supervivencia.

Teresa Perales subraya que disfruta con los desafíos y llevar la contraria

P.- Volviendo al momento en que se da cuenta de que no puede volver a andar, ¿cómo ve la vida?
R.- Llena de obstáculos por todos lados. Por un lado, las barreras físicas, y por otro, el trato personal. La gente que me trataba distinto, y a veces mal, y eso me dolía mucho. Yo seguía siendo la misma aunque tuviese esta carga.

P.- Pero no se rindió…
R.- Nunca me llegue a imaginar que podía aspirar a algo más que a flotar en el agua. Solo quería hacer un poco de ejercicio, como siempre, y recuperar esa parte de mi vida. De repente se me abrió este mundo, y tuve mucha suerte de descubrir que se me daba bien. Mi forma de ser también influyó, porque no se hacer las cosas a medias tintas. O lo hago completo o no lo hago. Me zambullí de lleno y entrené cada vez más. Tengo esa parte orgullosa y no me gusta conformarme con dar un poquito. Si lo puedo hacer perfecto, lo hago perfecto.

P.- ¿Nunca se planteó dejar de hacer deporte?
R.- No. Me abrió la posibilidad de encontrar un sitio, sentir que formaba parte de algo, y que estaba a gusto. Me encontré con gente que me entendía, porque cuando no estas en la situación, es difícil ponerte en la piel de otra persona. Fue un cambio vital de perspectivas y de proyectos. Me encontré con compañeros que me transmitieron que no les importaba la discapacidad, sino lo que había detrás. Me abrieron una puerta a ser yo.

P.- ¿Qué le diría a esa Teresa que en ese momento se quedó en silla de ruedas?
R.- “Disfruta, no sabes lo que te espera”. Por norma de vida me gusta decir que si, aunque sean cosas difíciles y me incomoden mucho. Para decir que no ya hay tiempo. Primero di que sí, valóralo y luego lo maduras. Así me he metido en cosas que he dicho “pero vamos a ver Teresa, quien te manda meterte en este fregado”. Pero no me ha ido mal. Eso me ha hecho espabilar mucho. Cuanto más te expones a los retos, más herramientas tienes para poder superarlos. Eso es vivir.

P.- ¿Y a un aragonés que se ha sentido orgulloso de su premio?
R.- “Haz gala de ser tozudo”. Me ha ido muy bien siendo tozuda y cabezota. Lo de la rasmia lo llevo en la sangre. También le daría las gracias porque aquí siempre me han tratado muy bien. Siempre parece que lo de fuera es mejor, pero me han puesto en valor. Me siento muy afortunada.

P.- ¿Cómo valoraría la carrera de Teresa Perales si la hubiese hecho otro deportista?
R.- Diría que es una persona que le van los desafíos y que no se cree las normas no escritas. Dice la teoría que un deportista puede aguantar 10 años en la alta competición desde que entra hasta que se retira. Yo empecé a competir con la Selección Española en el 1998 y estamos en 2021. Excepto el año del embarazo, el que di a luz y otro que me perdí por un cólico de riñón el día que iba al campeonato, los demás he participado todos los años.

P.- Se puede decir que aún le queda trayectoria…
R.- Me encantan los desafíos y llevar la contraria. En eso disfruto mucho. Desde Atenas llevo escuchando “¿serán los últimos juegos?, ¿qué esperas de después?, ¿cuando te retires, qué vas a hacer? Creo que cuanto más me lo dicen, más ganas tengo de seguir. Soy aragonesa y a un aragonés no le puedes decir no hagas eso, porque lo hará.

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