La segunda zona más árida de Europa, a 45 minutos de Zaragoza

Este territorio presenta una topografía irregular constituida por colinas erosionadas y una red de valles muy jerarquizada. Imagen Ayuntamiento de Monegrillo

La segunda zona más árida de la Península Ibérica y de Europa se encuentra a escasos 50 kilómetros de la capital aragonesa. Los miradores de Monegrillo son la joya de este paisaje, siendo el mejor conservado de Los Monegros. La mezcla de cultivos, sabinas y pinares, aljibes y balsas dan a esta zona el mayor índice de biodiversidad de la zona y configuran un paisaje de alto valor ecológico. Una de las rutas promocionadas por la Diputación de Zaragoza se encuentra en este rincón de Los Monegros zaragozanos que presenta un amplio muestrario de paisajes y de riqueza natural en las estribaciones de la Sierra de Alcubierre.

Desde la carrasca milenaria de esta zona varios miradores surcan el recorrido: la Estiva, la Gabardera y el del Bujal, desde el que se puede contemplar casi al completo el barranco del mismo nombre. Este territorio presenta una topografía irregular constituida por colinas erosionadas y una red de valles muy jerarquizada. La altitud de esta zona se encuentra comprendida entre los 500 y 700 metros. Al sur de la Sierra de Alcubierre, el territorio se organiza sobre un amplio glacis ligeramente basculado en dirección suroeste, hacia las terrazas del Ebro, que desciende desde los 500 a los 200 metros.

Para comenzar esta ruta podemos dirigirnos en vehículo hasta la explanada junto a la sabina milenaria “Cascarosa”, que servirá como punto de inicio y final de este recorrido. Para llegar a ella, se tomará la pista que parte desde el polideportivo, continuando unos dos kilómetros.

Se trata de un recorrido circular con una distancia horizontal de 17 kilómetros y un desnivel de 300 metros. Imagen: Ayuntamiento de Monegrillo

Desde el entorno de la sabina se continuará por la pista que va ascendiendo suavemente por los montes y barrancos del paraje de “la Estiva” (antigua zona pastoril en verano para los rebaños trashumantes pirenaicos). Esta pista agrícola se interna a través de campos de labor, eriales y dehesas sabineras y asciende hacia la parte más alta de la sierra.

Tras una lazada, se llegará al primer mirador, el de la Estiva, que ofrece una panorámica interesante de la estepa monegrina y las localidades cercanas. A continuación, se pasará junto a la balsa del Raso y se continuará sin pérdida por la pista principal, remontando el barranco y ganando algo más de altura con una vegetación típica de matorral mediterráneo y bosque de pino carrasco.

Un nuevo mirador, el de la Gabardera, permite observar buena parte de las muelas y relieves tabulares que se recortan y descarnan en profundos barrancos hacia el valle del Ebro. Muy cerca del camino se puede descansar en un refugio.

La ruta prosigue rodeando la cabecera norte del barranco del Bujal, donde un desvío permite llegar hasta la Torre Ventosa, máxima altitud de la zona. La pista nos deparará en días limpios y claros mirando hacia el norte una panorámica excepcional de las cumbres pirenaicas más occidentales hasta las mayores elevaciones del Pirineo catalán. La pista, siguiendo un trazado en dirección sur, bordea el espectacular barranco del Bujal, hasta llegar al mirador.

“Es lo más parecido a un cañón del oeste americano en el que podemos ver todo el barranco, hay unos bancos para disfrutar de las vistas bajo el lema “Monegros enamora”. Es una vista espectacular en la que también se pueden observar buitres”, ha explicado el alcalde de la localidad, Alejandro Laguna.

Aproximadamente a un kilómetro, habrá que buscar la senda de descenso, se abandonará la pista por una zona de matorral hasta tomar una traza de sendero más evidente que en dirección oeste se introduce por el barranco subsidiario y que en descenso continuará paralelo al del Bujal.

Dada la gran cantidad de pistas agrícolas, se pueden realizar muchas rutas de BTT de gran interés. Imagen: Ayuntamiento de Monegrillo

La traza se desdibuja algo en la zona del fondo de la Val en la que pasa a la margen izquierda, pero se sigue bien. Tras atravesar unos campos, el recorrido se incorpora de nuevo en una pista que más adelante desemboca en la pista principal de acceso a la zona de la sabina donde se iniciaba la ruta. El alcalde ha animado a todo el mundo a conocer Monegrillo: “Es un lugar por descubrir con un paisaje singular, especial y que sorprenderá a cualquiera que venga a visitarlo”, ha dicho.

A tener en cuenta 

La mayor parte de esta ruta forma parte de otra ruta señalizada para realizarse con BTT. Sobre todo en la primera parte se irán observando estacas con marcas blancas y amarillas, pero es mejor guiarse por el mapa y el track del recorrido. El público objetivo de esta ruta son los adultos, siendo la primavera, el otoño y el invierno las mejores épocas del año para realizarla.

Se trata de un recorrido circular con una distancia horizontal de 17 kilómetros y un desnivel de 300 metros. La ruta dura en torno a cuatro horas y la cantidad de esfuerzo necesario es de nivel tres. La dificultad de desplazamiento es de grado dos, igual que la orientación en el itinerario y severidad del medio natural nivel uno.

Todo el recorrido discurre por pista agrícola, salvo un tramo de sendero que comienza a un kilómetro aproximadamente del mirador del Bujal. Una vez a la altura de un mojón destacable, hay que caminar unos metros hasta la zona de matorral entre los dos campos, abandonar la pista, atravesando esa zona de matorral hasta tomar una traza de sendero más evidente (señal indicativa de coto y mojón) que en dirección oeste se introduce por el barranco subsidiario del Bujal.

Además, dada la gran cantidad de pistas agrícolas se pueden realizar muchas rutas de BTT de gran interés. Las visitas complementarias son el refugio antiaéreo Cueva del Castillo de Monegrillo, para la que es necesaria cita previa; y el Centro de interpretación Estepas de Monegros en Monegrillo.

Los miradores son la joya de este paisaje. Imagen: Ayuntamiento de Monegrillo

Entorno 

Durante el trayecto hasta la localidad, teniendo siempre como horizonte la Sierra de Alcubierre, la carretera está bordeada por campos de cereal. El colorido del panorama dependerá de la situación de los cultivos: verde en los sembrados, dorado en las mieses y blanco en las huebras y rastrojos. Animan el paisaje algunas sabinas, restos de tiempos en que la dotación forestal era más abundante.

La mayor parte del núcleo de la población se encuentra al abrigo, en las laderas de los cerros Santa Cruz y el Castillo y orientado hacia el sureste. Por su tamaño y emplazamiento dentro de la comarca y por las características de sus tierras, puede decirse que es la población más típicamente monegrina y así lo recuerda su mismo nombre. Aunque su denominación medieval Montnegriello tenga el significado de «lugar pequeño en el Monte Negro».

El municipio

Al entrar en la población, el Granero de la Diezma es quien da la bienvenida. Un poco más allá, la Iglesia barroca de Ntra. Sra. de la Asunción (s. XVII), construida sobre otra del siglo XIII y recientemente restaurada. En la actualidad, su interior contiene una serie de elementos ornamentales que merecen ser contemplados, aunque desgraciadamente la torre y todos los objetos de valor artístico se perdieron en 1936.

Cerca de allí se encuentran las casas nobles de Panivino y de Rocañín, representativas de la arquitectura civil aragonesa y que han sido rehabilitadas recientemente. La casa Panivino aloja la Biblioteca municipal Ángel Jaria y sirve de sede para diversas asociaciones culturales. En el recorrido por la localidad, merece la pena detenerse en el Oratorio del Rosario (s. XIX), altar que conserva todo el atractivo de sus primeros tiempos.

Pocas son las casas que no han sido reconstruidas en Monegrillo. Quien se adentre por sus limpias calles encontrará gentes acogedoras, alegres, enormemente trabajadoras y con gran capacidad de sacrificio: la influencia del entorno físico se nota en la excelente calidad humana de sus habitantes.

En los montes del entorno, captan la atención las blancas cúpulas de tres observatorios astronómicos. Por los caminos de las cercanías se hallan pilones dedicados a diversos santos. La Ermita de San Benito tiene indicado su acceso en la carretera a Farlete. Aquí nacieron personas tales como Fray Antonio de Monegrillo, un capuchino que en el siglo XVII que andaba defendiendo a los indígenas por tierras venezolanas; el obispo Don Clemente Comenge y varios canónigos rectores de la Universidad de Zaragoza, los hermanos Miguel y Gabriel Faci Abad, artistas en fotografía y joyería, o el músico Ángel Jaria Serrano. También aquí reposan los restos del escritor José Ramón Arana.

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