Montes Blancos de Alfajarín: una ruta entre yesos a los pies del castillo

Esta propuesta de ocio turístico invita a toda la familia a recorrer los 4,5 kilómetros que conforman la ruta

Un horizonte semidesnudo envuelve la localidad zaragozana de Alfajarín. Pequeñas lomas y cerros yesosos componen este peculiar paisaje que se abre al valle en forma de barrancos: los Montes Blancos de Alfajarín.

Este paraje, que se extiende entre los Monegros y la vega del Ebro, se ha convertido en un atractivo turístico de la provincia que, cada vez más, atrae miradas indiscretas de quienes aprovechan sus días libres en busca del factor diferencial que lugares como este aportan a las jornadas de senderismo.

Decenas de pasos se suman semanalmente a la propuesta de recorrer los caminos y sendas que trazan este paisaje casi desértico. Una propuesta de ocio turístico que invita a toda la familia a recorrer los 4,5 kilómetros de este paseo circular, con parada obligatoria en la Cueva Grallera, el castillo de Alfajarín y la ermita Virgen de la Peña.

La ruta de los Montes Blancos pasa por la Cueva Grallera

La ruta por los Montes Blancos comienza en las afueras de Alfajarín, en la parte noreste de la localidad y al pie del camino de subida a la ermita. Una vez situados en el cruce de cuatro caminos, la ruta continúa atravesando el puente sobre el barranco y tomando la pista que discurre a la derecha -un cartel indicativo señala el camino a seguir hacia el parque de la Grallera-.

Caminando junto al pinar, pasaremos junto a la Cueva Grallera; esta es la primera parada obligatoria para observar la enorme cavidad cerrada, catalogada como lugar de interés histórico. La ruta continúa por la pista, que remonta el barranco hasta el fin del pinar. Allí, en medio del paraje natural, se encuentra el área recreativa conocida como Parque de La Grallera.

Una vez allí, y para continuar con la ruta de los Montes Blancos, un mapa ofrece las indicaciones para dirigirse hacia la mayor elevación de la zona; lugar en el que se puede contemplar el paisaje agreste y estepario de lomas, cerros y vales que envuelven al caminante.

La ermita de la Virgen de la Peña se encuentra a escasos metros del castillo

Para llegar al icónico Toro de Osborne, hay que tomar a la izquierda un sendero que desciende por el fondo del barranco y continúa hasta llegar prácticamente a la autovía. De nuevo, la ruta toma un sendero que remonta un barranco y que permite alcanzar la divisoria hasta llegar al Toro, que se levanta imponente sobre una loma.

Las espectaculares vistas que se divisan del Valle del Ebro nos obligarán a prestar la máxima atención a la estampa y al fondo que lo enmarca: los restos del castillo musulmán, la ermita de la Virgen de la Peña y el municipio de Alfajarín más abajo.

Varios pasos más, y el visitante verá cómo se aproxima al castillo y, a continuación, a la ermita. Por último, un cómodo camino trazado en zigzag nos conduce directamente al punto de inicio. Es en este mismo punto donde se da por concluida esta peculiar ruta que combina paisaje con arquitectura; todo acompañado de una peculiar fauna y flora que convive con las duras restricciones que impone la naturaleza yesífera del entorno.

El origen del castillo de Alfajarín data del siglo XI y se remonta a la Zaragoza andalusí

Esta es una de las trece rutas senderistas que transcurren por diferentes puntos de interés, dirigidos tanto a adultos como a familias con niños de todas las edades promocionadas por la Diputación Provincial de Zaragoza. Están recogidas en unos folletos editados recientemente por la Diputación de Zaragoza, que se pueden descargar en la web de la Federación Aragonesa de Montañismo.

Los restos del castillo musulmán, testigos de la historia 

Al norte de Alfajarín, y en el último tramo de la ruta de los Montes Blancos, se encuentra un conjunto defensivo musulmán que se alza, testigo de la historia, sobre uno de los cerros que bordean el valle del Ebro. Una construcción defendida por los lados norte y este por acantilados naturales, y en el resto por un foso que se construyó para proteger la entrada.

El origen de este castillo data del siglo XI y se remonta a la Zaragoza andalusí. Una ciudad protegida, además de por sus dos recintos amurallados, por una red de castillos que defendían las rutas comerciales que accedían a la ciudad: Alfajarín era una de las fortalezas más importantes, al menos de las conservadas, en el camino de Lérida; el camino de Córdoba y el camino de Toledo.

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