Abordar el tabú del suicidio

A la hora de escribir un artículo, elegir el suicidio como tema del mismo es una propuesta arriesgada. Se tiene la creencia de que, si se da visibilidad al problema, una suerte de efecto llamada podría aparecer. En mi opinión es un error pensar que generar material que aborde el tabú del suicidio es peligroso o susceptible de crear un efecto Werther. La realidad es muy distinta: hablar del suicidio no mata, callar sí. Cada día en España se suicidan diez personas, es la primera causa de muerte no natural, y nadie habla de ello. Esas diez personas que nos dejan cada día, viven solas, incomprendidas, sin acceso a ninguna voz que hable de su problema, sin información sobre la que apoyarse, y todo por una abominable censura que ha decidido que lo mejor es callar. ¿Callamos porque es peligroso hablar del suicidio, o, en realidad, callamos porque es más cómodo ignorar un tema tan duro?

En 1897 el sociólogo y filósofo francés Émile Durkheim decidió no callar, y nos dejó El Suicidio, una obra que arroja luz sobre el tema, hablando al fin de la verdad del mismo, y exponiendo que, sin duda, callar es un error. Durkheim distingue entre tres tipos de suicidio: El egoísta, el altruista y el anómico. En este caso el que debe ser objeto de preocupación es el suicidio egoísta, ejercido con el objetivo de acabar con un dolor individual.

A pesar de llamarlo egoísta, no tiene ningún sentido peyorativo. En Durkheim es clave entender lo siguiente: El suicidio no es culpa del suicida. La responsabilidad es de la sociedad en la que vive. Aunque parezca muy extremo hacer recaer la responsabilidad sobre la sociedad, los análisis de Durkheim muestran que esto es lo que se debe hacer. Analiza las comunidades religiosas, y descubre que los protestantes son los que más se suicidan, frente a los judíos, que son los que menos. ¿Cuál es la explicación de esto? La diferencia en el nivel de lazos sociales.

La idea es que, en todas las sociedades hay personas susceptibles de cometer un suicidio en un momento dado, pero, dependiendo de cómo sea la comunidad, será más o menos probable que lo haga. Para minimizar esta probabilidad hay que crear una comunidad con fuertes lazos sociales, con una red solidaria potente, que evite la soledad, y permita a los individuos sentirse acogidos y comprendidos cuando tengan problemas.

Si continuamos promoviendo la falsa idea de que no se debe hablar del suicidio, estaremos fomentando una sociedad que deje desamparadas a las personas que se planteen el mismo, destruyendo la posibilidad de que se sientan comprendidos y busquen ayuda. Mientras siga siendo tabú, mientras no se rompa el suicidio, las personas serán incapaces de verbalizar sin miedo sus tendencias suicidas, y tendrán que guardarlas bajo llave en su corazón, hasta que este explote, y esas ideas autodestructivas tomen el control.

Alejandro Martínez Domínguez

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