José María Ariño Colás / Doctor en Filología Hispánica

Una temporada para olvidar

José María Ariño

Los aficionados aragoneses al fútbol están mostrando desde hace varias semanas su decepción por la andadura casi errática de los dos equipos profesionales de Aragón, la Sociedad Deportiva Huesca y el Real Zaragoza, cada uno en su categoría correspondiente. La ilusión del equipo de la capital oscense de continuar en Primera División se mantuvo en pie hasta la última jornada, pero la falta de gol condenó a los de Pacheta a un nuevo descenso de categoría y a una dolorosa vuelta a empezar. La mejoría evidente del equipo en las últimas jornadas no fue suficiente para lograr por primera vez permanecer más de una temporada en la Liga Santander. Es una pena, porque la plantilla estaba muy bien compensada y la actitud de los jugadores fue mucho más allá del mero compromiso. Pero le condenó la falta de gol y eso que a veces se denomina mala suerte.

Hablar de la falta de gol es casi un tópico en todos los equipos, que buscan y rebuscan para hacerse con uno o dos buenos goleadores. Eso es lo que intentó la dirección deportiva del Real Zaragoza el pasado verano, después del estrepitoso fracaso de no ascender a Primera, cuando tenía todo en sus manos. La dirección deportiva de Lalo Arántegui se equivocó al fichar a dos delanteros teóricamente buenos goleadores –que no han marcado ni un solo gol– y a un entrenador, Rubén Baraja, que mostró desde las primeras jornadas sus limitaciones técnicas y tácticas. Todo ello se fue complicando hasta llegar a una situación tan insostenible que ni siquiera el entrenador vallisoletano ni su sustituto Iván Martínez fueron capaces de enderezar. Porque si la temporada de la Sociedad Deportiva Huesca ha sido decepcionante, la del Real Zaragoza ha resultado nefasta. Tanto es así que, a finales de diciembre, el equipo estaba a las puertas del descenso y, gracias a la mano casi milagrosa de Juan Ignacio Martínez, se pudo levantar al grupo. Eso sí, con pocos argumentos futbolísticos y una imagen para olvidar.

De este clima de negativismo y mediocridad solo se puede destacar un aspecto positivo: la irrupción en el primer equipo de los canteranos Alejandro Francés, Francho Serrano e Iván Azón, que han inyectado nueva savia al conjunto y han demostrado que tienen futuro como columna vertebral del Real Zaragoza. Un equipo que, tras el bochornoso resultado con que acaba de cerrar la temporada, necesita una renovación total y una inyección económica importante. Van a ser ya nueve años en la división de plata del fútbol español y esto no había ocurrido en sus ochenta y nueve años de historia. La afición, que es lo mejor del club, se merece algo más. A los dirigentes de la Sociedad Anónima Deportiva les quedan unos meses de mucho trabajo. Y a los aficionados, un montón de interrogantes: ¿Va a cambiar de propietarios el club? ¿Va a continuar siendo un equipo vendedor? ¿Se van a sentar unas bases firmes para aspirar de una vez por todas a un regreso tranquilo a Primera División?

Lo que está claro es que, una temporada más, Huesca y Zaragoza van a coincidir en la misma categoría. Y tanto uno como otro tendrán que sentar unos buenos cimientos para aspirar a estar en lo más alto. La tarea no es nada fácil y el reto, mayúsculo. Pero habrá que confiar en los dirigentes, directores deportivos, entrenadores y, sobre todo, en los jugadores. Las aficiones se lo merecen. Es de desear, además, que las gradas dejen de estar vacías y poco a poco se vayan llenando de aficionados. Será una buena noticia tanto deportiva como sanitaria. Porque jugar con los estadios sin público es tan triste como actuar en un teatro sin espectadores.

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