Chino, japonés o coreano: idiomas con futuro que despiertan cada vez más interés

La EOI Fernando Lázaro Carreter de Zaragoza

萨拉戈萨. サラゴサ. 사라고사. Tres palabras que seguramente empezarán a escucharse con frecuencia en muchas academias de la capital aragonesa en los próximos años. No, no quieren decir el típico “hola” en chino, japonés y coreano: significan Zaragoza. Son tres ejemplos de idiomas “no habituales” cuyo número de matriculaciones crece año tras año en los centros de idiomas de la ciudad y que acogen en sus aulas a estudiantes fieles, amantes de los retos y con ganas de lanzarse a la aventura de conocer. El primer contacto con estas lenguas empieza generalmente a través de la cultura pero pronto empiezan a sentir un cariño incondicional por todas las esferas de estos países asiáticos. En la necesidad constante de aprender y disfrutar durante el proceso reside la clave de su éxito.

La Escuela Oficial de Idiomas (EOI) Fernando Lázaro Carreter, situada en el barrio del Actur, fue una de las primeras en incluir el chino entre sus filas en el año 2008. Aunque los idiomas reyes del centro son los omnipresentes inglés y francés, la lengua de Jackie Chan empieza a coger un buen ritmo. “Tenemos 110 alumnos matriculados en chino y cada año observamos que un número más elevado de personas se interesan por este idioma milenario”, comenta el director de la EOI, Iñaki Campo.

En esta institución, que cuenta con una división Zuera y otra en La Puebla, se puede aprender desde el chino más básico (A1) hasta el nivel intermedio-avanzado (B2). “La sección de chino no es tan grande como la de inglés, pero los alumnos están muy contentos aprendiendo un idioma tan diferente al nuestro y que supone un auténtico reto”, dice Campo. Contentos y diversos: así podría definirse de manera general a los estudiantes de chino de Zaragoza.

“Hay quienes estudian el idioma por motivos laborales y que ven en él un arma de comunicación potente; otros simplemente lo hacen porque les gusta la cultura”, asegura Andrés Santos, profesor de chino en el centro. “Les interesa mucho lo que dista de lo que nos rodea, es un buen motivo de contratación en el extranjero y que, además, queda muy bien en el currículum”, añade.

Un hánzi que significa “estudiar”

Andrés empezó a aprender chino cuando aterrizó en Barcelona para estudiar traducción. Posteriormente se mudó al gigante asiático para poner en práctica todos esos conocimientos adquiridos y que no podría haber mejorado de otra forma: “Al principio fue duro porque me enfrenté a algo totalmente nuevo a lo que había que dedicarle mucho tiempo. Para afianzar lo aprendido es mejor pasar allí una temporada”, reconoce el docente. Además, apunta que “solo hay que ver la población china que vive en Zaragoza o en España… ese es otro aliciente”. Según el INE, 5.438 chinos viven en Zaragoza, y en España, la cifra se dispara a casi 230.000.

La lengua china es una de las seis oficiales de la ONU y la habla casi un cuarto de la población mundial. Sin embargo, aunque esté distribuida por casi cualquier parte del globo en comunidades, no es un idioma fácil: “No es que sea más difícil que otros, pero es un idioma tan diferente que el proceso de aprendizaje se complica y ralentiza”, comenta Santos. “Para nosotros es más fácil un italiano, francés, inglés… Están más cerca de nosotros. Pero el chino es algo totalmente diferente, incluso de pensar”, agrega.

La escritura y la pronunciación puede que sean los aspectos más complicados de aprender chino. En primer lugar, la lengua no dispone de un abecedario completo como el español, sino que cada idea, concepto o sonido se representa a través de un dibujo repleto de trazos conocido como “hánzi”. Así pues, 日significa “sol” y 月 ”luna”; combinados 明 quieren decir “brillante”, haciendo referencia a la luminosidad de estos dos astros. Existen en la actualidad aproximadamente unos 7.000 hánzi, hay quienes apuntan que más, en comparación con las 27 letras del abecedario español.

Por otro lado, el chino con sus cinco tonos hace que todo sea más complejo: “La caligrafía es un arte, desde luego, pero a mí me parecen más difíciles los tonos”, confiesa Santos. Mā, má y mà, por ejemplo, pueden parecer lo mismo, pero significan mamá, cáñamo y regañar. Entonar en las vocales es lo que marca la diferencia porque si no, la comunicación se hace imposible. “Es todo un mundo… Hay muchísimos dialectos como el mandarín, taiwanés, cantonés, shanghainés… difieren tanto los unos de los otros que ni los propios chinos se entienden en el lenguaje oral. Hoy en día la mayoría de la población es educada en mandarín”, explica el docente.

Aun con estas dificultades que deben atravesar durante el proceso de aprendizaje, el alumnado de chino es fiel: “Son estudiantes constantes que disfrutan mucho de lo que hacen”, transmite el director de la EOI. La realidad es que el primer curso representa para muchos el momento de la verdad, porque suelen decidir si continúan o abandonan. “De los que aprueban el primer curso, la mayoría llegan hasta el final”, asegura el profesor Santos.

Es lícito pensar que lo mejor para adaptarse a estas barreras idiomáticas sería contar con un profesor nativo en el aula. Sin embargo, desde la EOI Fernando Lázaro Carreter defienden que la necesidad de un nativo se trata de un mito: “Los docentes también tienen que tener características muy específicas: deben conocer bien el idioma de los alumnos, presentar conocimientos pedagógicos sólidos… para nosotros es más importante que tenga una metodología adaptada a los alumnos y que transmita bien la información”, afirma el director. “Los nativos no han tenido que superar algunas dificultades que yo sí y por eso quizás tengo una empatía especial con los alumnos”, añade Santos.

Otro de los centros que apuestan por las lenguas asiáticas en la capital aragonesa es la academia Anayet, localizada también en el Actur. Esta escuela de formación fue fundada en 1999 y hace dos años celebraron su 20 aniversario. La ubicación actual no es la originaria: el éxito con los cursos de repaso, y especialmente con los idiomas, fue tal que tuvieron que buscar un local más grande. En Anayet la oferta es un tanto más variada al contar con la Santísima Trinidad de los idiomas orientales: chino, japonés y coreano, los cuales fueron incluidos en el plan hace unos diez años.

La academia Anayet del Actur

“Contamos con 160 alumnos en total, de los cuales más de 60 estudian japonés y coreano. Cada año percibimos que la demanda de estas lenguas se va incrementando”, explica el socio y coordinador de los cursos de idiomas de Anayet, Javier Sánchez. Al igual que ocurre con el chino, los alumnos de japonés y coreano se ven atraídos por esa potente cultura asiática en la que predominan los mangas y el pop oriental, aspectos que cada año adquieren más protagonismo en las sociedades globalizadas. “El que aprende francés o inglés lo hace esencialmente por motivos académicos o profesionales; en el caso del japonés o el coreano, lo hacen más por puro choque cultural y ocio. La mayoría de estos alumnos son jóvenes de unos veinte pocos años”, relata.

Natalia García es una alumna todoterreno que se animó a estudiar ambos idiomas en esta escuela: “China, Corea y Japón están en auge cultural y tecnológicamente hablando. Yo tengo claro que son el futuro. Muchas de las personas que estamos aquí tenemos el sueño de ir algún día a estudiar o trabajar allí”. Natalia eligió Anayet por su oferta de profesores nativos, algo que cree que es muy importante a la hora de aprender estas lenguas, y así “conocer desde dentro la cultura de los profesores, además, no hay muchas academias en Zaragoza que aborden este tipo de lenguas”, expresa. “Comunicarte con alguien que no es de tu país es muy satisfactorio. Para mí es un placer: vienes a la academia, ves que avanzas… y evolucionas para llegar al punto de saber desenvolverte”, comenta Natalia.

Conocer el intríngulis de estas lenguas puede suponer un auténtico desafío. No tienen nada que ver con los sonidos europeos a lo que estamos acostumbrados, por lo que las metodologías a emplear son distintas. Mes a mes, en la escuela se van programando objetivos y contenidos en grupos reducidos de siete u ocho personas. “Una clase normal podría empezar con una presentación para romper el hielo; luego seguir con temas más pesados de gramática; y finalmente una despedida con herramientas audiovisuales divertidas. Cuando ya llevan un tiempo estudiando les animamos a que se presenten a los exámenes oficiales para que de alguna forma aprovechen ese esfuerzo y dinero invertidos”, relata Sánchez. Unos exámenes bastante exclusivos que solo pueden realizarse dos o tres veces al año en lugares como Madrid, Barcelona o Las Palmas.

Por otro lado, las clases presenciales en la academia se fueron temporalmente a pique el año pasado cuando saltó el estado de alarma. El socio y coordinador de Anayet recuerda los primeros meses de 2020 como una situación “terrible”: “Te cierran de golpe, no sabes gestionar el online… Al principio fue muy duro, pero nos pusimos las pilas rápido. Nos cerraron un viernes y el lunes ya estábamos presentes en las plataformas”. Sorprende conocer el dato de que el 70% de sus alumnos de japonés prefieren las clases online a las presenciales, ahora que han instalado cámaras en las clases y cabe la posibilidad de elegir: “Los profesores han hecho un trabajo increíble por adaptar las herramientas y para hacer que no fueran clases al uso, sino útiles”.

Una de las clases de coreano en Anayet

Lo cierto es que no es fácil conseguir especialistas en estos idiomas tan específicos en Zaragoza. En la academia llevan muchos años trabajando con los mismos formadores, desde el 2004, con el objetivo de fabricar una plantilla estable y sólida. Dai Kim es la profesora de coreano del centro, la cual tutela a un total de unos 30 alumnos. “Hay mucha gente interesada en aprender el coreano. Ven que es un idioma tan diferente que les llama la atención. Vienen con ganas, sobre todo, de disfrutar”, transmite. Muchos de esos alumnos ya se encuentran en Asia del Este tratando de buscar una oportunidad.

Silvia Aznar es otra de esas alumnas Anayet. Ella vio que el coreano podía ofrecerle algo diferente y no dudó en escogerlo: “Me encantan los idiomas que no vienen del latín, que tienen una pronunciación diferente, otra escritura… Estoy todo el día escribiendo en hangeul (alfabeto coreano). Llegó a esta academia a través de la recomendación de una amiga y, al igual que su compañera Natalia, no cierra la puerta a otros idiomas asiáticos: “También me gustaría aprender chino o japonés, pero de momento con este tengo suficiente”, explica.

Los alumnos que estudian estos idiomas orientales suelen tener contacto con otros más familiares antes de emprender la aventura: “Yo estudié inglés, luego italiano… Pero me aburrí porque son muy parecidos al español. Es cierto que si te pones a estudiar coreano de primeras igual tu cabeza explota, pero no me parece un idioma complicado si tienes un nivel previo de idiomas”. “Lo más importante para aprender un idioma es que te guste, porque lo coges con más ganas y disfrutas durante el proceso”, relata Silvia.

Al fin y al cabo, estudiar una lengua consiste en eso: tener motivación, dedicar tiempo y divertirse. Los idiomas son una ventana a un nuevo mundo listo para ser conocido en el que aprender cada día es una actividad esencial. Como dice un viejo proverbio japonés… 意志あるところに 道は開け: “Querer es poder”. Y todo el que quiera, puede tener los idiomas del futuro al alcance en Zaragoza…

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