La Orden del Císter marca los enclaves más espectaculares de la provincia de Zaragoza

La increíble ruta de la Orden del Císter por los maravillosos monasterios zaragozanos dejará sin aliento a todo aquel que los visite- Foto: Monasterio de Rueda

Los lugares más extraordinarios de la provincia zaragozana se pueden visitar a lo largo de los 349 kilómetros que recorre la ruta de la Orden del Císter. Dicha ruta está dividida en tres etapas y ocho emplazamientos que cada uno puede visitar a su libre albedrío. Una de ellas tiene como epicentro el Monasterio de Veruela, desde donde también se puede viajar a Tarazona, al Pozo de los Aines y al castillo de Grisel.

Otra de las etapas consiste en recorrer el Monasterio de Piedra en Nuévalos y, a unos 30 kilómetros, la localidad de Calatayud. Finalmente, la etapa cuyo corazón es el Monasterio de Rueda, cerca del municipio de Caspe, donde se puede ver la iglesia del Compromiso, lugar donde se elegiría a Fernando de Trastámara, conocido como Fernando I, como nuevo rey de la Corona aragonesa.

El pozo de los Aines en Grisel

El movimiento cisterciense fue esencial para el Reino de Aragón en el proceso de colonización tras la reconquista, impulsando la articulación geográfica y humana, y la renovación arquitectónica del arte religioso y civil en el valle medio del Ebro. En este itinerario destacan los tres monasterios mejor conservados, pero no hay que olvidar que también pertenecieron a esta congregación los de Casbas, Cambrón y Santa Fe.

Para conocer el origen de esta ruta, hay que saber que Císter proviene de Citeaux, cerca de Dijon (Francia), donde se creó la primera fundación cisterciense. A este lugar de la Borgoña se retiró en 1098 el monje francés Roberto de Molesmes para renunciar al esplendor de la Orden de Cluny y restablecer la austeridad que caracterizó a la orden benedictina en sus orígenes en el siglo V.

El lago del Espejo en el Monasterio de Piedra

Poco tiempo después, San Bernardo de Claraval entró en contacto con el abad Esteban de Citeaux y se integró en aquel monasterio. La figura del joven Bernardo impulsó definitivamente la nueva experiencia monástica, que se convertiría en la nueva Orden del Císter. Sus construcciones son sobrias, no exentas de grandeza, simplicidad y desnudez ornamental.

De Veruela a las leyendas de Grisel 

Situado en la mole del Moncayo, y a menos de 15 kilómetros de Tarazona, se encuentra el magnífico Monasterio de Veruela, el primer conjunto cisterciense aragonés. Fue durante siglos el monasterio más importante de la Corona de Aragón, levantado siguiendo las normas que regía la construcción del Císter en los siglos XII y XIII; lo que hace que todos los monasterios tengan una disposición casi idéntica. Los monjes del Monasterio de Veruela recorrieron los caminos de la comarca evangelizándolos, motivo por el cual pasaron a conocerse como Caminos con Alma.

Tras la desamortización, tuvieron que abandonar el monasterio en 1835. Así que, Veruela se convirtió en una hospedería, donde Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano quedaron enamorados del lugar. Ahora se está transformando la parte barroca del monasterio para ser Parador Nacional de Turismo. El museo del Vino de la DO Campo de Borja también puede visitarse aquí.

Tras visitar el Monasterio de Veruela, es imprescindible hacer una parada en la ciudad de Tarazona, uno de los conjuntos más bellos y originales de Aragón. La catedral de Santa María de la Huerta llama la atención entre el resto de monumentos de la localidad. Después, en la fachada renacentista del Ayuntamiento se pueden encontrar representados los trabajos de Hércules o la marcha de Carlos V tras su coronación en Bolonia como emperador.

El castillo de Grisel

También merece la pena pasear por las calles de la judería hasta la plaza del Palacio, lugar que fue residencia de los reyes aragoneses y donde se puede encontrar el Salón de los Obispos. Ellos hicieron obras como el salón de retratos, el mirador sobre la ciudad o la sorprendente escalera con referencias a la mitología antigua. Al lado se encuentra la iglesia de la Magdalena, desde donde se puede pasear hasta la Plaza de Toros Vieja, una de las más singulares que se conservan.

A unos cinco kilómetros de Tarazona está situado Grisel, cuyo castillo es una auténtica fortaleza gótica del siglo XIV que conserva todos sus elementos medievales y está rodeado por una muralla. Este castillo es sin duda muy peculiar, “está construido en sillería, algo que no es común en la zona”, detalla su director, Luis Zueco, que añade que “tiene dos patios, cuando lo normal es tener solo uno”. Para Zueco, lo más bonito es que el castillo “está íntegro”, incluso en la parte de fuera “se conserva el matacán, una estructura de piedra que servía para defender la puerta de entrada de los ataques tirando aceite hirviendo, piedras u otros elementos”, detalla.

A partir del siglo XV, la fortaleza perteneció a la Catedral de Tarazona, pero a mediados del siglo XIX se compró y, tras una restauración, en 2014 se abrió al público como alojamiento turístico. Para visitar su interior es necesario llamar previamente para sacar la entrada.

A menos de cinco minutos del núcleo urbano se encuentra el Pozo de los Aines, uno de los lugares más singulares de la comarca del Moncayo con aspecto tropical debido a las lianas y otro tipo de vegetación que alberga en su interior. “Es como un cenote Mexicano, pero en el Moncayo”, explica Luis Zueco, que añade que “en un cenote hay agua abajo, mientras que en el Pozo de los Aines hay agua cayendo por las paredes, como pequeñas cascadas”.

El interior de la Catedral de Tarazona

Se trata de una gran sima abierta en el suelo de un campo de olivos por cuyo interior se puede descender por unas escaleras que terminan en un mirador, donde “hay unos pulsadores, uno ilumina todo el pozo y el otro activa una locución que cuenta la leyenda” del mismo, destaca Zueco. Este pozo tiene más de 20 metros de diámetro y alrededor de 30 de profundidad. Se cree que su nombre proviene del “pozo de la Inés”, una mujer que cayó al pozo y murió en sus profundidades.

Por último, en esta localidad zaragozana se encuentra el mirador de la Diezma a 900 metros de altitud y desde donde se consiguen “unas impresionantes vistas del Moncayo, de Trasmoz y al fondo, Veruela”, asegura Luis Zueco. Para él es “el mejor mirador que hay en la zona del Moncayo” y se puede acceder fácilmente, con coche o andando, a elección del visitante.

Del Río Piedra al arte mudéjar

Esta etapa trata de descubrir la magia del Monasterio de Piedra, un lugar único en Aragón donde arte, naturaleza y agua se dan la mano. Como un oasis en medio de un entorno seco, el monasterio sorprende por su paraje natural formado por las grutas, lagos y cascadas que forma el río Piedra; uno de los más bellos de España. Los lugares más emblemáticos son la cascada de la Cola de caballo, con su gruta, el Lago del Espejo o la cascada Caprichosa.

Además, su iglesia transporta al viajero a la época del Romanticismo, de misterios y leyendas. Aunque carece de sus cubiertas, se conserva en buen estado su interior. Los monjes que residían aquí fueron los primeros en elaborar chocolate en Europa, pero el museo que se puede visitar no es de este dulce, sino el del vino de la DO Calatayud.

El Monasterio de Veruela

Además, cerca del Monasterio de Piedra se concentran todos los balnearios de la provincia zaragozana en las localidades de Paracuellos de Jiloca, Jaraba y Alhama de Aragón, donde se ubica el lago termal más grande de España.

A menos de 30 kilómetros de este maravilloso lugar, se encuentra Calatayud, situada a la orilla del río Jalón. La ciudad bilbilitana cuenta con un rico patrimonio histórico y cultural. Los Caballeros del Santo Sepulcro tienen aquí su casa madre en España a día de hoy, en la colegiata que lleva su nombre. Este edificio barroco está muy bien conservado, el original databa del siglo XIII, pero en 1065 se derribó para construir el que ha llegado hasta la actualidad.

También destaca la colegiata de Santa María por su portada, su claustro y la torre de nada menos que 70 metros de altura. Esta última es la torre mudéjar más alta que hay, una de las maravillas de Calatayud, cuyo arte mudéjar ha sido distinguido Patrimonio Mundial por la Unesco. Tras pasear por la judería se pueden visitar la iglesia de San Pedro de los Francos, donde se proclamó a Fernando el Católico heredero en 1461; la iglesia de San Andrés, con otra magnífica torre mudéjar, y la iglesia de San Juan el Real, que hoy en día es sede de la UNED.

Del acueducto de Rueda al “Mar de Aragón” 

Cerca de Zaragoza y a orillas del Ebro se encuentra uno de los monasterios cistercienses mejor conservados de Europa, el Monasterio de Santa María de Rueda. Los monjes residieron en este lugar durante 653 años, desde 1182. Su nombre proviene de un azud que hicieron en el Ebro para desviar el agua por una especie de canal lateral. La corriente movía la rueda de una monumental noria que cuando giraba, el agua caía al acueducto, que la distribuía por todo el interior del monasterio por medio de tuberías de barro. Este acueducto gótico es uno de los pocos que a día de hoy sigue en funcionamiento.

El castillo del Compromiso de Caspe con vistas desde el patio de armas

“El monasterio de Rueda actuó como difusor del nuevo estilo arquitectónico en toda la zona y fomentó la creación de un ámbito mucho más amplio denominado gótico del Bajo Aragón Histórico, el cual a su vez se engloba en el gótico de la Corona de Aragón”, cuentan los miembros de la Oficina de Turismo de Caspe.

Se construyó a lo largo del siglo XIII, pero tanto en el Renacimiento como en época Barroca hubo sucesivas ampliaciones y ahora se ha convertido en una Hospedería. La torre del monasterio es una obra mudéjar que, en un terreno tan llano como el centro del valle del Ebro, sirve como un impresionante mirador.

Tras visitar el monasterio es imprescindible hacer una parada en Caspe, a solo 30 kilómetros. El episodio histórico más famoso en esta localidad es el conocido como Compromiso de Caspe de 1412. A principios del siglo XV, Martín “El Humano”, rey de la Corona de Aragón muere sin descendencia, por lo que deciden hacer un cónclave en Caspe para, mediante la palabra, la votación y la ley, elegir al sucesor. “Estuvieron tres meses en nuestra localidad doce representantes de los principales reinos que integraban la Corona de Aragón, tres por el reino de Aragón, tres por el condado de Cataluña y tres por el reino de Valencia”, señalan desde Turismo. Finalmente, se elige a Fernando de Trastámara, bajo el nombre de Fernando I, para ser el nuevo rey.

“Este hecho insólito que sucedió en nuestra localidad, llena de orgullo a los caspolinos y, para conmemorarlo, el último fin de semana del mes de junio se celebra una gran fiesta medieval”, narran mientras añaden que “el visitante no debe abandonar Caspe sin visitar los lugares icónicos de la localidad: la Iglesia Colegial Santa María La Mayor y castillo del Compromiso”, señalan desde la Oficina de Turismo.

La iglesia de Santa María en Caspe

Además, es lugar de interés el barrio judío de “La Muela”, el primer y más antiguo conjunto calles y casas donde se ubicaron los primeros habitantes de la localidad o la torre de Salamanca, una torre óptica de época carlista, construida entorno a 1870 en la parte más alta de Caspe, “en un paraje desde donde se puede ver todo su territorio y el llamado Mar de Aragón”, finalizan los miembros de la Oficina de Turismo del municipio.

A solo un kilómetro del centro de la localidad se encuentra, precisamente, el “Mar de Aragón”, un embalse construido sobre el cauce del Ebro. Ofrece unos 500 kilómetros de costas, siendo la mayor confluencia fluvial de la península Ibérica. Aquí se pueden practicar todo tipo de deportes náuticos y también es un lugar de referencia para pescadores de toda Europa.

La increíble ruta de la Orden del Císter por los maravillosos monasterios zaragozanos dejará sin aliento a todo aquel que los visite debido a su magnífica conservación y su entorno natural, que harán que el viajero se sienta parte de la historia del lugar. Además, las localidades próximas destacan en la Comunidad Autónoma por su rico patrimonio cultural e histórico, ya que fueron importantes enclaves durante la época de la Corona de Aragón.

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