Luis Iribarren Betés / Licenciado en Derecho

Battiato y vosotros mismos

Luis Iribarren

¿Cantaba bien Battiato con su hilo de voz? Pero si él mismo no sabía quién era.

Aunque, para no saberlo, nos puso en el centro de gravedad su voz tímida pero suficiente, ataviado con trajes de excelente corte de tres piezas, su modulación magistral y cadencia casi sinfónica pero sin gritar. Era pura solemnidad y centro de toda la atención al modo de Machado, quizá no buscándolo pero exponiéndose tanto se sacrificaba en su idus de cada mayo.

Sus letras contaban con frases de leivmotiv, caídas superficiales junto a párrafos asonantes, de introspección o fiesta, de amargura por la deshumanización mentecata con puntos de rebelión. Nunca con más memoria histórica que ese toque de teatro de Pirandello y del absurdo.

Si por algo destacaba como autor era por huir de los lugares comunes y mensajes trillados, de la ideología pop política por cuanto que su música era pop irónica. Todavía recuerdo cuando José María Cano intentó imitarle…

Reivindico a su pianista veneciano Giusto Pio como genio del metrónomo, como discípulo aventajado del pintor Giorgione con esa misma procedencia, poniendo a los himnos franciscanos un color musical que matizaba tanto hieratismo. Con sentido del humor pero precisión padana.

Ambos salieron suficientes y tranquilos a La Romareda de la Zaragoza de los 80, aquella de las huelgas generales y de entrada no, donde sus emociones amansaron a cuarenta mil leones que escucharon al profesor con respeto, que bailamos a golpe de secuencia techno lo que dictó el memorable órgano Hammond del octogenario.

Hemos terminado poniendo en el pedestal un yogur de libertad desnatado, visto en Lanuza al maestro ya confuso y alicaído.

Franco puso a la bella y honda Italia en el imaginario de cierta parte de la generación baby boom española de los 80, como puede que solamente Golpes Bajos hiciera de otro modo. Volvió a refundar Cesaragusta con su música para vía romana.

Nos volvió del derecho a los hijos de los parados de la reconversión que llegamos a la Universidad como primeros de sus familias y, venganza póstuma de Azaña, para engrosar la primera lista de parados universitarios.

Pero las masas no elitistas no pudimos rebelarnos sino estéticamente, lo que espera siempre los que mecen las cunas. Tuvimos que virar la vista a Sicilia, Portugal y la Checoslovaquia de Kundera porque la generación anterior revolucionaria para sí pero luego socialdemócrata, que no vivió pero postureó que sí el Mayo del 68 francés, nos dejó sin espacio material de participación, acceso a la función pública ni nóminas blindadas. Agua helada que también salía de la ducha de Battiato.

Del mismo modo que a muchos críos milenials y de hasta 35 años solamente les queda la huida a través del manga a Japón como evasión, porque nada está más lejos.

Battiato legó belleza, clase y argumentos. Y si se levanta la bandera blanca, que sea con firmeza y elegancia, mi maestro. Joder, para no conocerte a ti mismo, qué poeta nunca silente:

«Cuánta escuálida figura que atraviesa el país, qué mísera es la vida con los abusos de poder. En el puerto ondea la bandera blanca.
Qué difícil es quedarse quieto e indiferente mientras todo entorno hace ruido.»

Mientras nada, pero no nadie, en torno hace ruido.

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