Chemsex, la peligrosa mezcla de droga y sexo, cala en Aragón

El Chemsex consiste en un uso intencionado de drogas para mantener relaciones sexuales por un tiempo prolongado

En España, tres de cada diez pacientes atendidos en las consultas de VIH han practicado Chemsex. Una actividad presente en la sociedad actual y que, sin embargo, sigue siendo una completa desconocida. Según datos de una encuesta realizada por EMIS en 2017 a más de 100.000 personas de 44 países europeos, un 5% eran aragoneses que afirmaron utilizar diferentes drogas para mantener relaciones sexuales. No obstante, los escasos estudios que se han llevado a cabo sobre este asunto apuntan a que existe una falta de investigación.

Una definición inicial de Chemsex sería: “Uso intencionado de drogas para mantener relaciones sexuales por un tiempo prolongado, desde varias horas hasta varios días”. Se trata de un concepto que ha ido transformándose con el tiempo, a raíz de la evolución de las propias drogas, pero lo que no ha cambiado han sido los perjudiciales efectos para la salud que conlleva esta práctica. “Una cosa es tomarse una copa y tener sexo casual. Y otra cosa es el Chemsex”, comenta el responsable de comunicación de la asociación Omsida Zaragoza y experto en Chemsex, José Ángel Gilabert. “El Chemsex consiste en consumir drogas para practicar sexo durante bastante tiempo y disfrutar más de la relación, ese es su principal objetivo”, añade.

Las reuniones para practicar Chemsex pueden ser en grupo, con la pareja o en solitario

Los estudios más recientes apuntan a que el Chemsex es habitual en el contexto de hombres que tienen sexo con otros hombres. También lo efectúan personas heterosexuales, pero en menor grado. “Además de la orientación sexual, podríamos decir que el Chemsex es practicado por personas que se encuentran en plena etapa de actividad sexual, que tienen un poder adquisitivo medio alto y que generalmente disponen de estudios universitarios”, afirma Gilabert. “No se trata de una actividad que alguien lleva a cabo de manera marginal, sino que lo hace con completo conocimiento de causa”, incluye.

Las reuniones para practicar Chemsex se denominan “chill” o simplemente “sesión”. “Pueden ser en grupo, con la pareja o, incluso, en solitario cuando la adicción es más fuerte”, señala el experto. En ellas tienen cabida todo tipo de sustancias: GHB, metadonas, anfetaminas, cocaína, alcohol… La lista no tiene fin. Además, se suelen mezclar con otros medicamentos como la viagra para facilitar esa práctica sexual. “El verdadero problema reside en la mezcla de sustancias estimulantes y depresoras, así como las cantidades que se utilizan. Si se juntan drogas de cada tipo, existe un equilibro que provocará un mayor consumo y que puede dar lugar a una sobredosis. Intentar gestionar la situación es como hacer malabares”, comenta.

Omsida ofrece servicios para todas las Infecciones de Transmisión Sexual

Por lo tanto, el Chemsex, tanto a corto como a largo plazo, trae consecuencias negativas en la vida personal, laboral y, por supuesto, en la salud de los consumidores. El resultado perjudicial más inmediato puede ser un simple desmayo, pero en algún momento puede perderse el control e incluso llegar a la muerte. “No hay que olvidar que el Chemsex también es una puerta abierta a las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). VIH, Hepatitis B… Al practicar sexo durante bastante tiempo las mucosas se resienten, nos deshidratamos, se deja de comer durante muchas horas e incluso se pierde la noción del tiempo. Con todos estos factores en combinación, la probabilidad de coger una ITS es mucho más elevada”, subraya Gilabert.

En esta línea, las aplicaciones de citas como Tinder, Grindr o Meetic representan un aliciente para la práctica de Chemsex. “Existe una aplicación, llamada ChillApp que se utiliza exclusivamente para esto”, relata el especialista. “En este espacio virtual la gente busca sesiones, fiestas. Lo que quieren es pasar un buen rato pero realmente es algo muy peligroso”, añade.

La asociación Omsida, que colabora activamente con otros centros en Zaragoza como la Unidad de Atención y Seguimiento de Adicciones (UASA) y el Centro Municipal de Atención y Prevención de Adicciones (Cmapa), trabaja en la “sensibilización, la salud sexual, la prevención y la reducción de daños para usuarios de Chemsex, desde un planteamiento abierto, sin prejuicios ni moralismos, y desde el respeto más absoluto a la libertad individual”, explica Gilabert. Uno de esos daños que intentan reducir es precisamente el estigma: “No hay que criminalizar el Chemsex. Todos somos libres, pero hay que prestar atención cuando realmente se convierte en un problema”, concluye el experto.

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