“Tierra de silencios” de Javier Aguirre homenajea a Teruel y a sus hijos

Javier Sierra y Antón Castro han realizado el prólogo y el epílogo, respectivamente.

“Tierra de silencios. Memorial turolense” es la última publicación de la editorial Dobleuve. Un libro plenamente integrado en la provincia de Teruel, tanto por su temática como por la personalidad de sus realizadores. El autor, Francisco Javier Aguirre, residió una década en Teruel (1978-1988) y ha mantenido una constante relación con la ciudad y la provincia a muchos niveles: profesionales, académicos, literarios y personales. Sobradamente conocido por su interés en todos los temas turolenses, al final del libro se recoge una pequeña muestra bibliográfica que lo atestigua, desde sus investigaciones documentales hasta sus libros de carácter turístico o literario.

El autor ha sido acompañado en esta ocasión por dos personalidades extraordinariamente importantes en el mundo de las letras. El primero de ellos es el autor del Prólogo, Javier Sierra, nacido en Teruel en 1971, Premio Planeta en 2017 y escritor contemporáneo español de mayor difusión internacional. Antón Castro, de origen gallego pero arraigado en Aragón desde hace casi medio siglo, ha escrito el Epílogo. El periodista fue Premio Nacional de Periodismo Cultural en 2013 y es igualmente un profundo conocedor de este territorio al que presta permanente atención periodística y al que ha dedicado buena parte de su producción literaria.

También el ilustrador del libro es turolense, de Villarquemado, el joven artista Nairo Hernández Úbeda. Cada uno de los relatos está dedicado a personas singulares, en su mayor parte fallecidas, con quienes el autor mantuvo intensa relación en vida. Un par de relatos se dedican a colectivos relacionados con el tema, en concreto a los campaneros y a los mineros fuera ya de función.

El libro en su conjunto está dedicado a José Antonio Labordeta y Eloy Fernández Clemente, turolense de adopción el uno y de naturaleza el otro, dos personalidades imprescindibles en la historia reciente de Aragón. Con ellos mantuvo el autor, en el primer caso, y mantiene, en el segundo, una estrecha relación. En Teruel convivieron ambos entre finales de la década de los 60 y comienzos de los 70, dejando una profunda huella que el autor reconoce en la contracubierta del libro. Los relatos ofrecen una temática variada, una escritura pulcra, con algunos ribetes cómicos y otros trágicos a tenor del argumento desarrollado, siempre destilando un acendrado amor por esta provincia y sus gentes.

Los doce relatos del libro son, por una parte, una geografía literaria de la provincia y, por otra, un homenaje personal y colectivo a sus moradores. Desde el primero, «Reencuentro», que tiene su epicentro en Alcañiz, hasta el último, «Música», que se ubica en la capital, la vena literaria del autor irriga con diferentes estilos la práctica totalidad del territorio. Hay tragedia en «Cenizas a la hoguera» y en «Polvo enamorado», ironía festiva en «Museo minero», intriga, esoterismo y análisis psicológico en «Fuego en la sien» y en «Misterios de la mente», erotismo difuso en «El resplandor», así como discreta comicidad y elaborado costumbrismo en otros textos. Con referencias más o menos directas a todas las comarcas, el libro resulta de una gran amenidad, compaginada con cierto espíritu reivindicativo y analítico sobre el futuro que nos aguarda.

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