Defiende que un conocido la agredió sexualmente tras invitarla a un porro en su casa

El acusado ha declarado esta mañana en la Audiencia Provincial de Zaragoza // Foto: Elena Albiac

Una noche de discoteca en Zaragoza que derivó en una casa del barrio de Jesús de Zaragoza sienta a un joven en el banquillo como acusado de haber agredido sexualmente a una chica a la que le ofreció fumarse un porro. La acusación particular, ejercida por la joven, pide para el acusado diez años de prisión y la Fiscalía nueve. La defensa niega la agresión sexual.

La joven, declarando tras un biombo, ha narrado lo que vivió esa noche de fiesta en una famosa discoteca de Zaragoza, donde vio al acusado, al que conocía previamente por ser amigo de su expareja. Este le ofreció salir a la calle a echarse un porro y la taquillera les avisó que si salían tendrían que volver a pagar la entrada. El acusado entonces, ha afirmado, le ofreció pagarle la entrada y que el porro y el dinero lo tenían en su casa, en el barrio de Jesús. Comenzaron a andar hacia allí por la ribera del Ebro y, según ha asegurado la joven, subió a su casa también para ir al servicio. La chica intercambió una serie de mensajes con sus amigas, aún en la discoteca, asegurando que estaba bien, pero aun así, compartió con ellas la ubicación del móvil. Una situación normal, que según ha defendido, se enturbió una vez que subieron al domicilio del acusado.

Fue entonces cuando la joven avisó al acusado que se marchaba ya que venían sus amigas a buscarla en coche y este respondió “abalanzándose sobre ella, besándole el cuello y agarrándole de las muñecas”. Ha defendido que continuó resistiéndose a él y que le quitó el móvil, intentando recuperarlo, agarrándola del pelo y presionándola contra la cama. Es aquí cuando “la penetró unos segundos”. La joven ha testificado que, continuó resistiéndose y cuando consiguió zafarse fue hacia la puerta avisando que estaban sus amigas abajo y que este “cerró la puerta con un pestillo”, consiguiendo al final salir y reunirse con sus amigas.

El acusado ha negado la agresión y ha asegurado que no hubo ningún tipo de relación sexual con la joven que “iba en su punto, un poco ciega” y que el cerrar con pestillo la puerta de su habitación era una cosa que hacía cada vez que llevaba a casa a alguien, al convivir con sus padres.

Los forenses que atendieron a la víctima una vez denunció la agresión sexual han asegurado que presentaba “un cuadro compatible con estrés postraumático” pero que “no se objetivaban lesiones”.

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