El Pirineo aragonés recobra la sonrisa en Semana Santa gracias al turismo regional

El turismo regional ha demostrado su valor e importancia en un periodo en el que la gente no ha podido escapar de la Comunidad hacia otros puntos de España

El Pirineo aragonés ha vuelto a sonreír después de mucho tiempo sin poder hacerlo. El anuncio del desconfinamiento provincial de Aragón a mediados de marzo supuso un alivio enorme para los empresarios de la zona, que vislumbraban la Semana Santa como un soplo de aire fresco y una auténtica dosis anímica para sus negocios. El sector turístico y hostelero han incrementado en gran parte su actividad en estos últimos días festivos. Tras un invierno con las estaciones de esquí cerradas en el que se han producido graves pérdidas económicas, la primavera ha traído consigo un incansable trasiego de visitantes que ha copado rincones y terrazas de localidades como Aínsa, Jaca, Biescas, Benasque o Panticosa.

El turismo regional ha demostrado su valor e importancia en un periodo en el que la gente no ha podido escapar de la Comunidad hacia otros puntos de España. De hecho, las retenciones y atascos del pasado jueves en el transitado puerto de Monrepós ya dieron pistas de que el puente no iba a dejar indiferente a nadie. “Ha habido presencia de caravanas y mucha gente que venía solo a pasar el día, pero también familias que tienen aquí su segunda residencia o grupos que han alquilado apartamentos para el puente entero”, explica la directora de la oficina de turismo de Jaca, María José Jarne, visiblemente “contenta” al ver las calles llenas de turistas que se acercaban a solicitar información sobre senderismo y actividades de naturaleza.

El valle de Benasque no ha querido ser menos y ha registrado movimiento de jueves a domingo. No obstante, la ocupación se ha situado en torno al 50%, estando “muy por debajo de una Semana Santa normal”, puntualiza el técnico de turismo del municipio, Jorge Melero. El tipo de establecimiento más demandado ha sido “sin duda alguna” el apartamento turístico.

Aínsa y comarca del Sobrarbe 

La informadora turística de Aínsa municipal, Mercedes Lanau, coincide con Melero en que este periodo no ha tenido nada que ver “con una situación normal de años anteriores”. A pesar de que el porcentaje de alojamiento no ha sido muy alto, “ha habido mucha afluencia de gente entre el jueves y el sábado, así como visitantes de Huesca que simplemente fueron a Aínsa en el día”.

Por su parte, la comarca del Sobrarbe ha recibido bastantes atenciones turísticas. “La mayoría de las consultas se centraban en el Ibón de Plan, el parque nacional de Ordesa y Monteperdido o el Valle de Pineta”, explica el informador turístico de Aínsa comarcal, Santiago Nerín. En esta zona, el porcentaje de visitantes aragoneses ha sido mayor que otras temporadas, y aquellos que procedían de Zaragoza y Teruel han pernoctado una media de tres noches, “hospedándose desde el jueves por la tarde hasta el domingo por la mañana”. Además, Nerín recalca que las localidades de Lecina -dada su reciente popularidad después de que su carrasca fuera nombrada Árbol Europeo del año-, Aínsa y Boltaña han sido otros de los lugares más visitados dentro de la comarca.

Panticosa, uno de los destinos preferidos por su estación de esquí, también ha agradecido las numerosas visitas durante esta Semana Santa. “El balneario ha estado al 100% de la capacidad permitida, al igual que los bares y restaurantes”, cuenta la concejal de Cultura del municipio, Pilar Uriz, que ha destacado especialmente la buena acogida que tuvieron las pasarelas, estrenadas el pasado 27 de marzo.

Biescas, uno de los emplazamientos con más segundas residencias por parte de los zaragozanos, no se quedó atrás. La alcaldesa del municipio perteneciente a la comarca de Alto Gállego, Nuria Pargada, reconoce haber tenido sentimientos enfrentados, “una mezcla de alegría, miedo y prudencia”. Los bares y restaurantes estuvieron bastante completos, con aforos prácticamente llenos cada día, pero “siempre con el máximo respeto en cuanto a medidas de seguridad y sin ningún altercado”, apunta.

A los aragoneses no les ha quedado otra alternativa que moverse por el interior de la región a lo largo de estas fechas festivas. Esta vez no ha podido haber playa ni costa. El Pirineo ha recobrado su casi perdida sonrisa, una mueca que no se dibujaba desde verano. Los turistas han animado -y de qué manera- el paisaje primaveral montañero en un periodo que no ha podido contar con actos propios, pero que se ha visto reforzado con la mera presencia de “los de casa”.

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