Carlos Hue / Psicólogo y Doctor en Ciencias de la Educación

Alcanzar el éxito

Carlos Hue

En los centros educativos de hoy, tanto las familias como los docentes se quejan, en su mayoría, de dos cosas: la baja tolerancia a la frustración, al fracaso, al error, de una parte; y de la falta de motivación, de esfuerzo, de trabajo de los chicos y chicas, por otra.

Carol Dweck, una psicóloga norteamericana, escribió un interesante libro que puede ayudarnos en esta tarea “Mindset: la actitud del éxito”, traducido, “Mentalidad”. Esta autora indica que hay dos tipos de mentalidad tanto en las familias y docentes, por un lado, como por parte de los/as estudiantes por el otro. Una, es la mentalidad tradicional de ver las cosas, la “mentalidad fija”. Las personas, adultas o no, con esta mentalidad piensan que el éxito es producto de la capacidad, de si se es listo o no; claro, como nadie quiere quedar por incompetente, las personas con esta mentalidad no intentan hacer tareas en las que puedan cometer errores, ya que el error es signo de incompetencia. De este modo, aplaudimos a los que triunfan, sobre todo, si lo hacen sin esfuerzo, tanto en fútbol, gimnasia rítmica, matemáticas o expresión plástica; y no valoramos a los que pierden. Estas personas solo se fijan en los éxitos. De otra parte, están aquellas personas con “mentalidad de crecimiento”, nos dice Dweck; se fijan en el esfuerzo realizado y entienden que el error es parte consustancial del aprendizaje.

Hagamos el siguiente experimento. Se propone a cada mitad de la clase hacer un ejercicio de 30 minutos de duración; a una parte, se les da un ejercicio muy, muy sencillo, aunque largo, para que no cometan errores. Al otro, se le da un ejercicio con dificultad media donde deban cometer errores sencillos. Finalizado el ejercicio se les pregunta, ¿qué grupo se ha sentido más satisfecho? Con toda seguridad habrán disfrutado más aquellos que han encontrado dificultades salvables con el esfuerzo.

El error es parte consustancial del aprendizaje; el error, fijémonos en los niños muy pequeños a la hora de hacer una torre de cubos, es parte de un aprendizaje motivado. Estos niños, lo prueban una y otra vez, hasta que consiguen el dominio de la técnica; una vez conseguido ese dominio, abandonan esa tarea porque les resulta aburrida, pero no se sienten frustrados. En la enseñanza debiéramos actuar del mismo modo. Ofrecerles realizar tareas de media dificultad y que la repitan hasta alcanzar el dominio de la técnica.

Lo que no debemos hacer en despreciar a quienes se equivocan, pues generarán ansiedad y no aprendizaje. Será mejor valorar el esfuerzo de intentarlo una y otra vez. En esta vida, las cosas muy fáciles aburren y se abandonan. Las cosas muy difíciles ni se intentan. Las que tienen motivación, challenge, son aquellas de dificultad media. Por este motivo, Carol Dweck nos recomienda que no celebremos tanto los buenos resultados, como los buenos esfuerzos. No deberíamos esperar al final de una tarea, sino ir recompensando cada uno de los pasos que en ella el que aprende está realizado y repetir con insistencia como nos decía aquel profesor de Salesianos: “¡Aquí hay mucho trabajo!”.

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