Los tambores de Calanda volverán a salir a los balcones para romper la hora

Por segundo año consecutivo, los tamborileros no podrán llenar las calles. Foto: Agustí Amorós

Como ya se informó el pasado martes 23 de marzo, la Ruta del Tambor y el Bombo de Teruel no romperá la hora en Semana Santa. Los alcaldes de los nueve municipios que constituyen dicha ruta tomaron, muy a su pesar, esta “drástica decisión” ante la actual situación sanitaria. Calanda forma parte de esas localidades bajoaragonesas, y ha tomado la decisión de celebrar la tradicional rompida desde los domicilios particulares, al igual que sucedió en 2020. El sonido de los tambores resonará desde el pequeño espacio habitual en balcones, terrazas y ventanas para anegar la totalidad de la villa.

Por esta razón, las concentraciones de tamborileros no podrán tener lugar por segundo año consecutivo durante unas fechas tan importantes para los turolenses. A través de un comunicado conjunto, los ediles pidieron recientemente “máxima responsabilidad y prudencia” a los habitantes del territorio, rogando ante todo respetar las normas vigentes.

No obstante, en 2020 Calanda vibró y se estremeció, como si se tratara de un escenario de lo más habitual. El estruendo de bombos y tambores resonó en toda la localidad, pero desde las únicas zonas permitidas en ese momento, las habituales terrazas y ventanas. Se iniciaba así el Viernes Santo, con una plaza de España que echó en falta el gentío del que solía estar acostumbrada. Tan solo algunos medios de comunicación y agentes de la Guardia Civil pisaban un emplazamiento prácticamente vacío que añoraba a sus vecinos. Eran las 12.00 horas porque este municipio, a diferencia del resto de pueblos, realiza la rompida de la hora a mediodía. Porque Calanda es diferente, especial.

El presidente de la Ruta del Tambor y el Bombo, Fernando Galve, antepone la salud y el bienestar pese a haber tenido que tomar una decisión “dura y muy triste” el año del 50 aniversario de la asociación. “Si algo caracteriza a la ruta, es esa forma de vivir y sentir la Semana Santa con grandes multitudes en compañía de amigos y familiares, abarrotando las calles, plazas y casas de nuestros pueblos”, recuerda con nostalgia. El natural de Andorra -otro de los municipios que forma parte de la tradicional ruta- no tiene uso de razón “sin tocar el bombo” y subraya que “son unas fechas marcadas a fuego en el calendario festivo anual”, recalcando que se trata de una tradición que pasa de “padres a hijos”. “Hay una evidente unidad de disfrutar la Semana Santa diferente a la existente en otros puntos de España. Para nosotros, el tambor y el bombo lo es todo”, destaca.

Disfrute desde casas y balcones 

Por su parte, uno de los concejales del Ayuntamiento de Calanda, Miguel Fraga, manifiesta que “lo de este año ya se veía a venir”, a diferencia del 2020 en el que la pandemia “nos pilló a todos de manera repentina”. El municipio, con una población en torno a 3.800 habitantes, suele duplicar el número en estas fechas. El concejal ha confirmado que esta Semana Santa será parecida a la del año pasado, y “tocaremos desde los balcones”. Normalmente, los ensayos resultan fundamentales para que “los brazos no se agarroten cuando llegan los días señalados”, pero este 2021 no han podido hacer nada. Por otro lado, aprovechando que Calanda dispone de megafonía y es un pueblo relativamente pequeño, “llevaremos a cabo los pasos y procesos que nos brinda este servicio para disfrutar al unísono desde nuestras casas”, concluye.

En última instancia, el presidente de la Coordinadora de Semana Santa en Calanda, Manuel Royo, apela a la “concienciación y sentido común” de los ciudadanos para seguir las normas. En un año sin pandemia, “ya empezamos a mantener reuniones a partir de enero para recordar el funcionamiento de los actos, así como las labores que deben desempeñar las diferentes personas que participan”, aclara Royo. El presidente, para el que la Semana Santa significa “mucho más que el tambor y el bombo”, reconoce que la suspensión de este año es peor que la de 2020 por el seguimiento de la evolución de la curva epidemiológica. En consonancia con Miguel Fraga, y a pesar de que actualmente no hay confinamiento domiciliario, puntualiza que “solo está permitido tocar en las viviendas particulares”.

La Ruta del Tambor y el Bombo tendrá que esperar otro año más para ver las calles de sus nueve localidades atestadas de sus gentes. La villa de Calanda no contará con sus habituales eventos, pero desea que la tradición inunde todas las calles y rincones, aunque presentarán un estado parcialmente vacío. Para ello se hace necesaria la colaboración de todos los vecinos, que se encuentran en la obligación de ser más responsables que nunca.

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