Antonio España: “La Semana Santa debe vivirse con la misma intensidad”

España ejerce como el máximo responsable de la Compañía de Jesús en España desde hace cuatro años

Antonio José España Sánchez, Superior Mayor de la Provincia canónica de España de la Compañía de Jesús y elegido por la Cofradía Descendimiento de la Cruz y Lágrimas de Nuestra Señora como pregonero de la Semana Santa zaragozana 2021. Teólogo y docente de formación, jesuita de espíritu, ejerce como su máximo responsable en el país desde hace cuatro años. Su misión será esta vez la de devolver, a una Semana Santa desangelada, el estruendo de sus tambores en el pregón de este sábado 27 de marzo.

Pregunta.- ¿Qué supone para usted ser el pregonero de la Semana Santa zaragozana?
Respuesta.- Supone un honor y cierto respeto también. Creo que he sido elegido porque le hacía ilusión a la Cofradía Descendimiento de la Cruz y Lágrimas de Nuestra Señora -vinculada al colegio de los Jesuitas de Zaragoza, y que en 2020 celebró su 80 aniversario-. Me lo han pedido y allí estaré.

P.- ¿Ha podido vivirla alguna vez desde dentro?
R.– No, he tenido la oportunidad de vivir desde dentro otras semanas cofrades, como la sevillana, la murciana y la malagueña especialmente, pero no la zaragozana.

P.– A pesar de las restricciones sanitarias, ¿puede vivirse con la misma intensidad?
R.- Desde mi punto de vista, claro que se puede vivir con la misma intensidad. Deberíamos aprovechar las circunstancias para dar valor a lo que nos aportan. Esta Semana Santa nos traerá mayor silencio y recogimiento dentro de nuestras casas. La pandemia nos lleva a recogernos por fuera y quizás por dentro. Podemos dar valor a esa oportunidad y vivir con mayor profundidad. La sociedad actual antes del coronavirus estaba más inclinada a hacer y a correr, en conexión con la Semana Santa, ahora toca aprender el lado humano de ser y caminar en silencio.

Para Antonio España ser pregonero supone un honor y cierto respeto también

P.- ¿Qué relación tiene con la comunidad de jesuitas de Zaragoza?
R.– Como provincial de España, visito periódicamente a la comunidad, el delegado de la plataforma apostólica en la que está inserta Zaragoza, participa en encuentros habituales con otros compañeros… etc. Es una estrecha relación donde se dibujan amistades cada vez mayores y encuentros más profundos en dificultades y logros. No se trata de una relación de día a día pero sí de percibir las líneas más importantes en las que seguir insistiendo.

P.- ¿Qué implica ser el Superior Mayor de la Provincia canónica de España de la Compañía de Jesús?
R.– Pues… ja, ja… si lo hubiera sabido… igual no acepto. Bromas aparte, ser el provincial -que es como coloquialmente me llaman- implica ser el que vela por el resto del cuerpo que formamos la provincia. Por la salud interna y externa de todos mis compañeros jesuitas, de mis compañeros laicos y laicas, la buena marcha de nuestras obras e instituciones… que nuestra labor esté acorde con la misión de construir el reino de Dios, de seguir el evangelio… Misión ardua que, como dice Ignacio de Loyola a los superiores, se puede llevar con oración por toda esta misión y con el crecimiento en deseos de llevarla lo mejor posible.

P.- ¿Qué importancia tiene la Compañía de Jesús dentro de España?, ¿y en todo el mundo?
R.- Creo que no somos nosotros quienes debemos responder a esas dos preguntas, es la sociedad española, la Iglesia quién debe responder qué papel jugamos. Pero, por no esquivar las preguntas diría que, a nivel español, somos todavía una de las congregaciones religiosas más numerosas, y con una labor más diversificada, pues nuestras obras abarcan desde colegios, universidades, iglesias y parroquias, casas de ejercicios, hasta obras sociales, ONG de cooperación…

A nivel global, estamos en más de cien países, lo que nos permite tener una perspectiva amplia de la iglesia y del mundo para contextualizar las situaciones no solo a nivel global, sino también local. Me gustaría que sigamos siendo en ambos niveles, un referente en cuanto al acompañamiento de los Ejercicios Espirituales, una herramienta que nuestro fundador, Ignacio de Loyola, brindó a la Iglesia y que después de quinientos años sigue siendo válida para hallar y encontrar la voluntad de Dios en la vida de cada uno.

El pregón será este sábado 27 de marzo, pero se vivirá de forma distinta a causa de la Covid-19. (Imagen de archivo)

P.- En su extensa formación, usted ha podido cursar la licenciatura de Teología en Weston Jesuit School of Theology, Cambrigde, USA, y un máster en Educación en Harvard (1998-2000), ¿cómo se vive la espiritualidad en el resto del planeta?
R.– Pues de maneras diferentes, pero desde mi punto de vista, complementarias. No es lo mismo hablar de una espiritualidad en Asia, marcada por las enseñanzas del budismo hacia el encuentro con el propio ser, que de una europea donde el racionalismo sigue muy presente. Ojalá sepamos aprender más oriente de occidente. También en el mundo hay una sed por la profundidad personal, por afrontar preguntas de sentido, por encontrar dinámicas más humanas y bondadosas para el mundo. Creo que la espiritualidad está reverdeciendo y el cristianismo, que está entre oriente y occidente, puede aportar todavía una mirada humana misericordiosa y trascendente como la de Jesucristo.

P.– A su vez, usted ejerció en el pasado como director del Colegio Nuestra Señora del Recuerdo, ¿cómo conviven maestros y estudiantes con las restricciones sanitarias?, ¿se resiente la educación?
R.- Creo que lo están haciendo francamente bien. Nuestros profesores y estudiantes están trabajando muy duro para respetar las normas sin que se resienta la educación ni la esencia de la misma. Es verdad que hay un cansancio por todo ello que debemos acompañar y sanar en la medida de lo posible. También las medidas restan frescura a la presencialidad, y dificultan muchas cosas, como el juego libre y la sociabilidad de nuestros alumnos, pero los mismos maestros me transmiten que están aprendiendo mucho de sus alumnos y alumnas.

Pablo VI describió a los jesuitas de la siguiente manera (1975): «Donde quiera que en la Iglesia, incluso en los campos más difíciles o de primera línea, ha habido o hay confrontaciones: en los cruces de ideologías y en las trincheras sociales, entre las exigencias del hombre y mensaje cristiano allí han estado y están los jesuitas».

P.– ¿Ha estado la Compañía de Jesús ayudando en primera línea en los momentos más difíciles de esta pandemia?
R.- Ha estado y seguimos estando, dentro de nuestras posibilidades y respetando las medidas. En España hemos incrementado nuestra labor social en nuestras obras sociales y hemos puesto en marcha la campaña #Seguimos para financiar proyectos que han surgido con las nuevas necesidades: la brecha digital, las necesidades alimentarias de población vulnerable, los nuevos modos de formación no académica, la búsqueda de empleo… También atendimos en la primera ola en algunos cementerios; y hemos ofrecido mucho de nuestro trabajo en otros formatos como eucaristías retransmitidas, ejercicios espirituales online, conferencias por zoom…

Esta Semana Santa traerá mayor silencio y recogimiento dentro de nuestras casas. (Imagen de archivo)

P.- ¿Cómo puede ayudar la fe en un momento histórico tan complicado?
R.- La fe puede sostenernos porque nos abre a una confianza mayor en medio de la incertidumbre, del miedo, del dolor y de la muerte. Ahí es cuando la fe verdadera nos ayuda a sobrellevarlas, a relativizarlas, a sentirnos acompañados por el Dios del amor que nos habita, a pesar de la desesperanza y del desbarajuste mundial. También puede ayudar a mover a la sociedad, a los políticos, al mundo en una dirección de mayor búsqueda del bien común que, sin duda, contribuiría a solventar más rápidamente la pandemia. La fe nos devuelve que en centro de nuestro ser hay amor indestructible que nos viene de fuera, de Dios. ¡Ojalá este tesoro lo pudieran vivir muchas personas en el mundo!

P.– Rodeados de tantas dificultades e incertidumbres, al final del día, ¿de qué nos sirve el examen ignaciano?
R.– Un examen ignaciano en días ordinarios, pone ante los ojos el día que se ha vivido, con luces y sombras, con gozos y tristezas. En días rodeados de dificultades e incertidumbres, resalta los puntos más críticos e invita a ver a Dios en los detalles y las personas que marchan en nuestro camino, cerca o lejos. Para mí el examen no es una prueba de méritos sino una gimnasia diaria para ser más consciente de la vida que vivo, de los retos que encuentro y de las llamadas que Dios me pone. El examen nos hace humanos y eso nos puede acercar a los que más sufren especialmente en esta pandemia.

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