José R. Garitagoitia / Doctor en Ciencias Políticas y en Derecho Internacional Público

Las convicciones del presidente y de la juez

José R. Garitagoitia

El año electoral en los Estados Unidos va quedando atrás. Han sido largos meses de incertidumbre, con el asalto al Capitolio como cierre del último periodo en la historia reciente del país. La nominación de candidatos, el pasado verano, dio paso a una larga campaña; en noviembre se celebraron las elecciones, con un resultado cuestionado. La toma de posesión, el 20 de enero, y las primeras medidas de la nueva administración, incluido un bombardeo a las milicias proiraníes en Siria, marcan el cambio de etapa.

Durante la campaña, el partido demócrata no tuvo inconveniente en presentar a su candidato como un ferviente “católico”, preparado para hacer frente al reto de unir a los ciudadanos y trabajar por el bien común. “La fe religiosa de Biden es una referencia en su biografía”, destacó con naturalidad la cadena CNN (13/12/2020). La posición favorable de un sector de la opinión pública hacia las convicciones del nuevo presidente contrasta con la poca indulgencia mostrada, pocas semanas antes, con las de la aspirante al Tribunal Supremo, Amy Coney Barrett. La paradoja invita a la reflexión. Mientras la fe de Biden es pacíficamente bienvenida, la de Barrett resulta sospechosa. Casada y madre de siete hijos, dos de ellos adoptados, su fe católica fue motivo de alarma durante el proceso de confirmación por el Senado. No era algo nuevo. Nominada en 2017 para la Corte de Apelaciones, su imparcialidad también fue cuestionada entonces por sus profundas convicciones religiosas.

El adjetivo “católico”, añadido a una profesión, quizá no es del todo adecuado para definir los méritos de una persona. Puede parecer un juego de palabras, pero no es lo mismo situar lo “católico” como sustantivo, o como adjetivo. Un sustantivo define a la persona, cualquiera que sea la dimensión en la que se manifieste: familiar, en el trabajo, la política o en su relación con los demás. Convoca a la integridad y la coherencia. Sin embargo, los adjetivos matizan y diferencian, pero no definen la esencia.

En nuestras convicciones las personas podemos encontrar motivos para “reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana”, y también la fuerza para “buscar una amistad social que integre a todos”, como recuerda el papa en su reciente encíclica social Fratelli tutti (n. 180). Desde ahí tomamos decisiones, que son ‘personales’ y no ‘católicas’, asumiendo al mismo tiempo nuestra responsabilidad. De hecho, no son pocos los católicos de los Estados Unidos críticos con algunas posiciones del 46º presidente: “La postura de Biden sobre el aborto contradice su catolicismo”, destaca un reciente titular del Washington Post (18/02/2021). La fe, explica Francisco, es mucho más que un “sentimentalismo subjetivo, si es que está unida al compromiso con la verdad, de manera que no sea presa fácil de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos” (n. 184). Fe, compromiso con la verdad, y responsabilidad personal, forman un todo.

La distinta percepción de las convicciones en nuestra sociedad, sobre todo en cuestiones de fondo, se refleja en la marginación de algunas, al tiempo que otras resultan bienvenidas. El fenómeno se da también en países que otorgan un gran énfasis a la tolerancia. Con el argumento de suprimir la discriminación, en ocasiones se exige a algunos ciudadanos que actúen contra su conciencia. Sin embargo, para entender la sociedad es necesario asumir y entender nuestras creencias, la propia historia, de dónde venimos, las raíces del tiempo que vivimos. Además de la clave para comprender mejor quiénes somos, las convicciones son también savia que alimenta a tantos en su aportación al bien común de una sociedad que respeta y promueve la dignidad de la persona. Un activo valioso que debe ser siempre aceptado y protegido.

El director de la National Gallery de Londres lo tiene claro: “Soy historiador del arte y director de museo, y creo que cada uno trae a su ámbito el bagaje cultural, histórico y familiar que tiene”. Gabriele Finaldi, padre de familia numerosa, excelente profesional y católico practicante, destaca la impronta de la fe en su vida: “por ser creyente llevo conmigo una cierta sensibilidad hacia la belleza, el hecho religioso y el arte sacro” (cope, 19/01/2021). El director de la gran pinacoteca londinense entiende su fe como expresión cultural, y también de la verdad más profunda del ser humano: “de alguna manera, quiero ser intérprete de eso para los demás”. Sin pregonar ni esconder sus convicciones, vividas con naturalidad, muchas personas muestran cada día un compromiso con esa verdad que orienta y da sentido a su vida y su trabajo. Cuando pasen los años, el presidente, la juez y el experto en arte serán recordados, no tanto por sus convicciones, como por el mundo que habrán contribuido a forjar con sus decisiones.

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