Luis Iribarren Betés / Licenciado en Derecho

Aragonesxs: arquitecto Basilio Tobías

Luis Iribarren

Puse a rular su edificio de la Avenida de Ranillas con luz reflejada en uno de sus planos de sol de invierno y entre mis amistades más sensibles ardió el guasap. Edificio Ordesa lo llamé (inmortalizado por la novela de Manuel Vilas) aunque su nombre sea Hydros, mejor edificio de toda la Ribera replicaron. Como también se mencionó que es gran arquitectura que envejece de maravilla y hecha por un arquitecto de oficio.

Los parabienes hacia el edificio y diseñador alcanzaron, conocen mis gustos personales, hasta preguntarme si me atrevía a hacerles una ruta Tobías en Zaragoza. Si había otros edificios tan hijos de Le Corbusier que admirar para bien, que apreciar como ciudadanos.

El edificio con forma de L apaisada con que ganó el Premio García Mercadal (el Pritzer arquitectónico aragonés) aprovecha la forma que tiene para mirar al río y a la ciudad romana, hace más amplia la zona verde interior de su pastilla y presenta una doble fachada con lamas corredizas para evitar la sofoquina pero dar juegos de luces a cada apartamento como quiera su ocupante. Sus dos caras están relacionadas en sus plantas bajas con continuidad sabia de ágora.

Pero que la arquitectura de Tobías, como Alday, va camino de configurar esa piel de Zaragoza que se estudiará en unos años, como si de la obra de Navarro o Magdalena se tratara, lo confirma el edificio que va a cambiar el skyline de la ciudad en su entrada oeste, que va a humanizar la descomunal proporción, visto el conjunto desde el puente del ingeniero Arenas, de la Estación Intermodal de Delicias, de Ferrater y Valero.

Me refiero al bloque que se está erigiendo en la Avenida de Navarra enfrente del Centro de Especialidades, de 30 plantas y más de 100 metros. Tobías sigue con sus juegos de ángulos y ruptura de monotonía propias de su arquitectura. Al parecer habrá una piscina con vistas a monumental altura, contiene recuperadores de calor y sistemas de ventilación sin abrir ventanas.

Sus ascensores habrán de ponerse en relación por su vanguardismo con el primero instalado en la ciudad en Sepu viejo.

A pesar de lo cual y los juegos o instalaciones que plantea, como un gran arquitecto debe aprovechar las edificabilidades –en este caso enormes- no se puede soslayar el efecto mamotreto del conjunto. Que lo emparenta con el edificio de la avenida de Valencia esquina calle Bretón.

Es por esto que, según mis gustos personales, es el edificio concebido por este brutal proyectista, pero también director de obra, como sede del Departamento de Aragón en las Esquinas del Psiquiátrico el que me parece su obra en la ciudad con más mensajes para un simple aficionado a la belleza o usuario del edificio. Con tres unidades comunicadas por un puente pasadizo con trazas de loggia aragonesa que recuerda a las pasarelas de comunicación entre los distintos edificios del Hospital Miguel Servet.

Por último, como oscense y jacetano, su edificio en Canfranc, sede del Laboratorio Subterráneo, me parece el  mejor de la provincia contemporáneo en su relación con el valle, su luz y su clima. Con luz blanca o embellecido por las nevadas, es poético y sutil como la mejor arquitectura japonesa, caracterizada por la ligereza.

Su idea ganadora para la ejecución del Teatro Fleta vamos a no glosarla por el momento, para no desesperarnos y que nos duela Aragón. Vamos a quedarnos con los reflejos y luces referidos.

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