¿Y, la “demanda social”?

La clave del radical cambio de eje que supone la Ley Celaá es la modificación del artículo 109.2 de la ley anterior, la Lomce, del que se elimina la referencia a la “demanda social”. Relega a la intrascendencia las preferencias de los padres y se inventa un derecho “a la educación pública” que no aparece como tal en la Constitución.

El cuasi monopolio estatal de la educación se observa en varios apartados de la Lomloe. Por ejemplo, el que menciono a continuación. Se relegan los colegios de Educación Diferenciada, no estableciendo con ellos conciertos económicos por no ser mixtos. Ello atenta seriamente contra la libertad de enseñanza y el pluralismo educativo. Se aduce que la escuela diferenciada “segrega por el sexo,” no distinguiendo así entre diferenciar y segregar. Segregar es separar y marginar a una persona o a un grupo de personas, por razones sociales, políticas o culturales (RAE). En cambio, diferenciar posibilita una educación más personalizada.

La Lomloe muestra en su articulado su preferencia por la escuela pública, depositando en ella una fe casi ciega, convirtiendo así la red concertada en una red auxiliar y secundaria de la pública. Es una ley que pretende el predominio estatal de la educación, basándose en otro “argumento”: los hijos no son de los padres (Isabel Celaá dixit). Es una forma de insinuar que son del Estado, como en la extinta Unión Soviética. Esta ocurrencia sólo puede ser sostenida por motivos ideológicos sectarios. Si la familia y el individuo existen antes que la Sociedad y el Estado, es evidente que no han recibido de ellos ni su naturaleza ni su fin. Esto significa que los padres tienen derechos propios innatos e inalienables sobre los hijos, entre ellos elegir libremente el tipo de educación y de escuela.

Escuela diferenciada y escuela mixta son dos modelos que no se excluyen entre sí. Cada uno tiene posibilidades y limitaciones (que no comentaré aquí por problema de espacio); simplemente aludiré a algunas novedades halladas por investigaciones recientes. En las escuelas mixtas los alumnos adolescentes suelen obtener resultados académicos muy inferiores a los de las alumnas, lo que se atribuye a una causa: la diferencia de madurez entre un chico y una chica de la misma edad y curso. Un estudio de F. A. Mael concluye que la escolarización diferenciada por sexo tiene beneficios positivos para el rendimiento académico, tanto en el caso de las mujeres como en el de los hombres. La crítica de que en la escuela diferenciada no existe experiencia de convivencia entre chicos y chicas, en los últimos años ha perdido mucho peso, dado que en la actual sociedad abierta existe esa relación en cualquier espacio y momento.

José Morales Martín

Print Friendly, PDF & Email