A una amiga le han diagnosticado cáncer y sus hijos no le quieren decir la realidad de su enfermedad. Pienso que debe saber su gravedad, pero no quiero entrometerme.

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Hay circunstancias en las que los familiares se encuentran con la difícil situación de decidir si transmitir la información recibida por parte del médico sobre la enfermedad de un ser querido.

Se cae en el error de pensar que no informando se protege al enfermo, pero lo cierto es que el conocimiento es poder y, por lo general, la información es necesaria para afrontar una enfermedad y superarla. Además, hay que tener en cuenta que los pacientes captan numerosas señales de su entorno y reciben información por otras vías. A pesar de que el enfermo se mostrará triste o nervioso al recibir la noticia de su diagnóstico, posteriormente su estado de ánimo mejorará y estará más preparado para luchar contra su enfermedad, pues se sentirá más unido a sus familiares y podrá hablar con naturalidad de sus preocupaciones.

Si bien es cierto que pueden darse casos muy concretos los cuales deben ser tratados con mucha cautela, y en los que es preferible ser muy prudente a la hora de informar para no empeorar el estado del paciente, ya que podría ser claramente contraproducente.

Mi consejo: En cualquier caso, lo adecuado es respetar la decisión familiar, ya que supone un manejo de la información muy delicado tanto hacia el paciente, como hacia los familiares.

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