Luis Iribarren Betés / Licenciado en Derecho

Breviario para todos del mudéjar aragonés

Luis Iribarren

Que no es ningún breviario de podredumbre, como intituló Cioran a una de sus obras, sino de bella arquitectura popular. Para detenerse y comprender por qué desde fuera, pero gracias a la contribución y catalogación de maestros aragoneses, como Antonio Beltrán Martínez, se ha tratado al mudéjar aragonés como una de las más singulares referencias artísticas mundiales. Como resultado estético tanto como producto de una convivencia cultural con influencias cruzadas.

Vaya esta pequeña guía de significados para que disfrutéis de vuestras próximas visitas o la mera contemplación desde plazas y calles de las alhajas arquitectónicas ejecutadas en este estilo. Con una introducción necesaria, la del propio significado del término mudéjar de origen etimológico árabe semita, descriptivo de todo musulmán a quien han dejado quedarse en un territorio gentil, manteniendo sus derechos civiles y religiosos como podríamos aplicar en nuestros días a ese cinco por ciento de nuevos aragoneses a los que vemos transitar por nuestras calles y son musulmanes al tiempo que practican una cultura de legado islámico.

Los elementos más característicos por repetidos de esta manifestación artística que complementó al arte románico, gótico o renacentista en Aragón serían los siguientes:

Agramilados: se trata de la fábrica de cualquier muro e incluso construcción completa efectuada mediante mampostería de ladrillos, pues la acción de agramilar quiere decir cortar o raspar ladrillos que, cocidos artesanalmente, dan un resultado disparejo. Ejemplos hay abundantes tanto en las construcciones civiles y religiosas mudéjares como en la muralla este de la ciudad o cualquier sótano aprovechado para bodega-bar del Casco Viejo de Zaragoza.

Alarife: maestro albañil mudéjar. Significa etimológicamente el experto, a diferencia del segundo término menos especializado, que significa directamente constructor en árabe andalusí (del verbo banaa, construir). Son dos caras de la misma moneda pero que expresan la existencia de gremios jerarquizados en todas las religiones del libro, no solo en la Florencia o Zaragoza cristianas, con la salvedad de breves momentos del año en que las cofradías o el Ramadán producen un falso espejismo de igualdad de los que en Sevilla llaman “capillitas”.

Arcos de medio punto entrecruzados: sobresaliente decoración de ladrillos cara vista que se encuentra, entre muchas, en la fascinante torre de Utebo. Existen otros adornos exteriores propios del mudéjar que utilizan el entrecruzamiento del arco de herradura, ese que huele a canela y cardamomo y tanto fue utilizado en los edificios neomudéjares para dar un toque turco desde finales del siglo XIX (plazas de toros, sedes de Correos o estaciones de ferrocarril, así como en la arquitectura llevada por el colonialismo español al Rif).

Ataurique calado: dentro de la Aljafería existe un uso abundante de los denominados arcos mixtilíneos (que se entrecruzan y trepan) pero aún más emocionante de los rectángulos de yeso vaciados mediante arabescos geométricos de tallos y hierbecitas que aligeran visualmente los tramos vacíos de pared y nos trasladan a un campo de alfalfa florecida de Quinto de Ebro, visto tumbado boca arriba.

Azulejos exteriores, comunes a muchas torres antes minaretes desde la Madalena de Zaragoza a todas las del centro histórico de Teruel. El azulejo no es sino la cara de un ladrillo recubierta de vidrio de color que da unos efectos de esplendor y reflejo bellísimos. Usados especialmente desde Portugal hasta Uzbekistán y llevados por los reinos peninsulares a India o América, representan un plus de magnificencia técnico en comparación con las teselas romanas.

Los paños de las torres turolenses contienen cenefas de estos elementos en forma de estrellas de ocho puntas blancas contra fondo verde. Elemento utilizado como emblema de la autovía mudéjar en hierro corrugado y que también es el sello con que se marcan al rojo vivo los jamones turolenses denominados.

Celosías de yeso: uno de los principales elementos de mayor sutileza de la catedral de Tarazona y presente como imagen completa de Mirambel del Cid, en el Maestrazgo, donde se halla su máximo exponente en el Portal de las Monjas. Las celosías de yeso hacen levitar el mudéjar aragonés en viaje alfombrado hasta la arquitectura yemení y omaní. El yeso vaciado sigue estando presente como elemento de separaciones o remates de la arquitectura contemporánea y es primo hermano, siquiera más sobrio, del ataurique calado que es más una suerte de encaje de bolillos.

Cimborrios mudéjares: son comunes en el arte gótico y con posterioridad las resoluciones en forma de cimborrio para dotar de personalidad al encuentro entre la nave larga y corta de las catedrales abovedadas. Siendo común su posterior sustitución por la cúpula con base de cimborrio como sucede en la Iglesia de Santiago o el Pilar de Zaragoza en edificios religiosos barrocos y neoclásicos.

El cimborrio mudéjar es un elemento que sobresale en el cruce citado de forma generalmente octogonal y que se aprovecha en cuanto a sus vanos como fuente de iluminación de los altares. De singular factura y estilizada ejecución son los de las catedrales de San Salvador de Zaragoza, Tarazona y Teruel en cuyos muros de descarga aparecen paños y cenefas repletos de juegos de ladrillos cruzados, sobresalientes, conformando rombos, así como del resto de elementos, yeso incluido, que se han presentado.

Estuco: material más noble que el yeso compuesto por cal y polvo de mármol o alabastro. Ofrece una dureza mayor y un color más blanco roto brillante para resaltar determinados frisos y que fue muy utilizado como material base escultórico.

Mocárabes: son prismas de yeso o madera semejantes a piñas que se ubicaban en esquinas o centro geométrico de artesonados que producen un efecto de cuevas de estalactitas. Trasladan según su tamaño al espectador al interior de la de Molinos. Adornan asimismo en pequeña escala cornisas e incluso aleros aragoneses. Utilizados ampliamente para ennoblecer la Alhambra, abundante es su presencia en los techos y esquinas de la Aljafería o la Parroquieta de la Seo, así como en palacios renacentistas zaragozanos de los de galería de arquillos, patio con columnas pero toque mudéjar.

Friso de esquinillas: elemento de decoración más común cuanto más austero sea el palacio o iglesia de que se trate, consiste en utilizar el ladrillo triangulado y mostrando su esquina en cenefa remetida, en combinación de otras líneas que sobresalen. Son complementarios a bandas en zig-zag, abundantísimas en las torres del Campo de Daroca. Se combinan en ocasiones con ojos u óculos apaisados de alabastro que, curiosamente, es un vocablo pese a sus letras iniciales de origen griego y relacionado con la elección del material para la confección de cofrecitos y pequeñas ánforas para perfumes.

Taujel: proviene del verbo árabe ceñir y de su nombre común saeta. Se utiliza para describir los listones de maderas nobles utilizadas mediante la técnica de la taracea para la conformación de artesonados. Los artesonados son las techumbres engalanadas de madera que recubren techos menos nobles desde los palacios como el de la Real Maestranza de Zaragoza al celebrado de la Catedral de Teruel. Algunos se perdieron en un viaje a América donde engalanan casas de estilo colonial español –ver ciudadano Kane- y se montaron modo puzzle complejísimo.

Feliz XX aniversario de la declaración del mudéjar aragonés, en su máxima extensión, como Patrimonio de la Humanidad.

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