Carlos Hue / Psicólogo y Doctor en Ciencias de la Educación

¡En na, morados!

Carlos Hue

En na (nada), morados (llenos de moratones). He querido reflejar con este juego de palabras la corta duración de la fase de enamoramiento. En psicología consideramos tres fases.

La primera, es la fase de atracción, en la que funcionan las hormonas más elementales como es la testosterona. Esta primera fase es muy corta, es la fase en la que, por la vista, el oído o incluso el tacto, decimos que “nos gusta” una persona. En esta fase encontramos diferencias entre hombres y mujeres; los hombres somos más visuales, diríamos que nos enamoramos a golpe de vista, mientras que las mujeres lo hacen más por el oído, responden mejor a una buena conversación o a unas palabras agradables. Esta fase viene dominada por el deseo de complementarnos, de encontrar otra persona que o sea distinta o sea muy parecida a nosotros, a nosotras. Por eso, vemos que personas muy ordenadas buscan parejas muy caóticas o, por el contrario, advertimos como se atraen dos personas que visten y se arreglan del mismo modo.

La segunda, es la fase de enamoramiento, en la que se da un dominio de la dopamina que es la hormona de la felicidad que aumenta hasta en 7000 veces; se produce un incremento de la oxitocina, que es la hormona de las relaciones humanas y es responsable de la pasión sexual; y un aumento de las fenilaminas que nos producen ese entusiasmo así como una diminución de la capacidad de razonamiento; diríamos que perdemos el juicio. En esta fase se produce una reacción química importante; el hipotálamo envía mensajes a las glándulas suprarrenales que hacen que el corazón lata más deprisa (de ahí que nos enamoremos con el corazón), aumenta la presión arterial, se produce una liberación de grasa y azúcares para reforzar la capacidad muscular y en la sangre aumentan los glóbulos rojos que permiten transportar mayor cantidad de oxígeno.

La tercera fase, es la del amor apego. Durante esta fase, en las mujeres se mantienen los niveles de oxitocina, mientras que en los hombres se establecen niveles altos de vasopresina; estas dos hormonas facilitan la fidelidad en la pareja. Sin embargo, la fidelidad está mediada más por la cultura que por la fisiología. Lógicamente, esta fase es la que debería durar más tiempo y conseguir esa duración depende en nuestra cultura de muchos factores, pero sobre todo de la confianza mutua, de la sinceridad, del respeto, de comprensión, de las manifestaciones de ternura como besos, abrazos, caricias, regalos… Pero, por encima de todo, una pareja mantiene su amor porque cada uno reconoce en el otro un valor que protege, ayuda a desarrollar y, en definitiva, admira.

Esta última fase del amor apego hace que establezcamos un “contrato” por el que determinamos qué estamos dispuestos a dar cada uno de los miembros de la pareja. Ahora bien, si la decisión de vivir juntos la tomamos en la fase de enamoramiento, con mucha probabilidad podamos acabar… “en na, morados”.

Felices días de los enamorados que son todos los días del año.

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