Luis Iribarren Betés / Licenciado en Derecho

Trenes a Reus

Luis Iribarren

Aragón cuenta con franjas felices a oriente y poniente que poder visitar sin salir de cada provincia. De fase tres espiritual reforzada.
Una de ellas goza de una historia singular por su condición de frente histórico estratégico. Superado el cual se toma la huerta del Delta, granero de naranjas y arroz.

Con olor de azahar de Aljafería y vista afinada por el revés de las ramas de empeltre, en ese Aragón de vírgenes politeístas a dos aguas, se habla una catalán silbado pero con un acento un poco más duro hermosísimo. Allí es donde nacieron aprendices de profeta, con residencia en la plaza de San Felipe.

Con capital en la Caspe de compromiso y tomate seco, bendecida por olores a óxido y lignito de la línea de ferrocarril Madrid-Barcelona por Mora de Ebro y Tarragona, el Baix Matarranya es una tierra abarrotada de historias de amor, de mausoleos joyero acariciados por melocotoneros de flor rosa. Ése es el Taj Mahal aragonés de Fabara.

Los institutos, hospitales o intercambio comercial de estos lugares con dialecto propio, el de la mitificada por Cercas “Terra Alta” tarraconense, han sido los de Mora y Reus por cercanía, tanto como los de Sangüesa y Pamplona los de la Alta Zaragoza que hoy es Jacetania, donde gastan acento roncalés.

Que las provincias aragonesas no te las terminas en un día ni aún hoy lo demuestra que en un mismo territorio administrativo estén y quepan la Mequinensa de llauts Jesús Moncada, la Cetina en contradanza de ceremonia de boda de Quevedo, tanto como mi Sigüés de contra pantano y dique. Donde aún guardarán algún par de guantes del púgil Ignacio Ara: el Urtain de la Belle Époque.

Las memorias afectivas y experiencias vitales de estos zaragozanos administrativos con prefijo 948 o 977 no han pasado mucho por la emigración a Zaragoza ciudad.

Un río que cruza a otro reino aguas abajo, una vía férrea e idioma o, simplemente, que el efecto de Zaragoza a veces es menor que el de la propia Lérida cuando, trazado círculo a compás a 50 kilómetros, su interior contiene desde Monzón a Fraga, explica casi todo. La realidad de la segunda industria aragonesa, el porcino, de esos polvos sale.

Ello explica la trayectoria de aragoneses periféricos como Teodoro Barjadí, cocinero binefarense; Duran Lleida de Alcampell; Pau Donés o Samblancat en Barcelona, ribagorzanos; los Moncada de Fraga y su palau del Born, hoy museo Picasso; la Conchita Martínez en el Club de Polo de Diagonal o a Martínez de Pisón narrando como nadie, al modo hiperrealista de Antonio López, el pulso de Zaragoza ciudad duplicando población como polo de desarrollo. Ignacio es nuestra Ferrante con más rasmia y somardeo.

Aragón es una condición moral, si no seguirá su historia como apéndice. Disminuida su población envejecida, como en tantos interiores, en cada andanada de la vida y sus avatares. Sostener la educación y sanidad obliga a convenios con terceros por la extensión del territorio, y quizá sea la explicación que tantos no vemos por las que tengamos por necesidad que pagar una mayor fiscalidad.

No todo se reduce al éxito del liberalismo con las residencias de mayores en el valle, la influencia industrial de Zaragoza se termina en cuarenta kilómetros. Por consiguiente, las políticas fiscales de Madrid DF que soporta, como Navarra, un hinterland asumible aquí, sabedlo, no funcionan.

Nuestra ciudad encabeza y representa un territorio que por demografía propia no puede llenar. Los autobuses desde Monzón a los colegios de Lérida y los trenes hacia Reus y Barcelona son una realidad aragonesa enteramente semejante a la recuperación de las vaquillas o la ampliación de Pla-Za y el llenado de Walqa para otros.

En Nonasp hay dos murales con todas las fotos desde 1910 de las ceremonias de boda de las parejas pobres o ricas del pueblo. Hechas en Barcelona, donde iban a casas de familiares de viaje de novios en tren, la mayor parte de las parejas tienen el mismo ramo superpuesto bajo ellas. El boca a boca hacía que acudiesen al mismo fotógrafo.

Antes paraban a vender en Reus. La Reus tan ignorada por Aragón, tan próxima a Salou, de Agustina Zaragoza i Domènech (de Aragón en el Portillo), las familias Abelló y Gaudí, el vermú Izaguirre, el modernismo textil, el vino negro del Priorato hecho con garnatxa y cariñena, lugar natalicio de Prim (primer proyecto hasta Lerroux y Rivera de posible presidente de república catalán) y del jugador blaugrana Sergi Roberto.

La ordenada y engalanada por un urbanismo magnífico, en la que nacieron los patriarcas de la familia Güell, el fuerte y honrado Jordi Villacampa –apellido de Serrablo- y el magnífico pintor infravalorado Mariano Fortuny.

La huerta del puerto de Jaime I, la rival pero fraterna compañera de la Tarragona arzobispal de Santa Tecla, donde se coronaban los Aragón…

Magnífica, ubérrima y querida Reus, te tenemos presente como ciudad de acogida y felicidad. Vayan estas letras desde tu ciudad capital simbólica.

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