Sirviendo a los refugiados

Hace aproximadamente un mes leía que los jesuitas han tejido durante los últimos cuarenta años una red internacional de centros desde los que asisten y buscan refugio para miles de niños, mujeres y hombres cuyas condiciones de vida les empujan a salir de sus países en busca de un lugar donde poder vivir en paz.

La misión exige un impulso renovado para atender a las especificidades de los actuales desplazamientos forzados de personas, que también buscan de manera desesperada medios de transporte, por precarios y ruinosos que sean, que les permitan huir de la guerra, el hambre y la persecución.

El Servicio tiende su mano y genera condiciones que permitan acceder a la educación y a los recursos necesarios para que huir no signifique, necesariamente, verse abocado a la muerte o al subdesarrollo.

Este compromiso solidario es una manifestación de la preferencia de Dios por cada persona, especialmente por las que más sufren y mayores necesidades tienen. Es por tanto un testimonio encarnado de la fe que la Iglesia predica y que se manifiesta en la defensa y protección de los derechos humanos fundamentales.

Domingo Martínez Madrid

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