José María Ariño Colás / Doctor en Filología Hispánica

Navidades telemáticas

José María Ariño

Desde que empezó la pandemia hace ya nueve meses, nada ha sido igual en la vida de los ciudadanos. Ni la actividad laboral, ni la educación, ni la cultura, ni el tiempo dedicado al ocio han seguido por los mismos caminos que antes del coronavirus. Esta  enfermedad extremadamente infecciosa ha dado al traste con todos los planes, proyectos y aspiraciones de este 2020 que está a punto de terminar.  Si en el verano ya se tuvieron que suspender todas las fiestas y celebraciones populares, ahora, con la llegada de las Navidades, habrá que tomar todas las precauciones posibles para evitar a toda costa una tercera ola a principios de 2021.

A las puertas de estas fechas tan señaladas, todos nos preguntamos: ¿Cómo vamos a afrontar estas celebraciones tan tradicionales y familiares? ¿Vamos a volver a caer en los mismos errores que hace unos meses? ¿Cuál va a ser la clave para evitar los contagios en las reuniones sociales y familiares? Tal vez haya que pensar que ha llegado el momento de los encuentros online, las felicitaciones online, cotillones online y cabalgatas de reyes online. Al menos, en lo que se refiere a las personas que viven en distintas comunidades autónomas.

Lo que está claro es que en las calles y avenidas de nuestras grandes ciudades se percibe aparentemente un clima consumista y un afán de romper con ese aislamiento social a que nos ha sometido esta indeseada situación sanitaria. Digo aparentemente porque se ven  terrazas llenas, a pesar del frío, largas colas para adquirir un décimo de lotería, compras compulsivas en los grandes almacenes y luces navideñas en las calles más céntricas. Solo falta el blanco manto de la nieve en las montañas, que está al caer. Todo ello es, sin embargo, engañoso y falaz. Ya que todos somos conscientes de que estas Navidades van a ser muy distintas a las de años anteriores. Los motivos son evidentes: el ritmo de contagios no llega al nivel deseado, los ingresos en los hospitales descienden con cuentagotas, especialmente en las ucis, y el virus se ha vuelto a cebar de nuevo en las residencias de ancianos, donde están las personas más vulnerables.

Dicen los expertos que el teletrabajo ha llegado para quedarse, que la vida social se va a reducir paulatinamente y que no todo será igual, que los horarios y las costumbres de los españoles se van a ir ajustando a los parámetros del resto de Europa. Esto es una realidad innegable. De todos modos, va a ser muy duro, sobre todo en estas fechas, reducir al máximo los encuentros con nuestros seres queridos, aplazar las cenas de empresa, privarnos de un viaje o de una salida a disfrutar de la nieve. Porque una fiesta no presencial pierde todo su atractivo, un brindis online pierde todo su encanto y una Nochebuena o un fin de año telemático suena a algo artificial, frío y acartonado. Pero, al parecer, esa va a ser la realidad de estas Navidades.

Ante este panorama, muchos desearían un salto en el vacío, una huida hacia adelante, una llegada inminente de los primeros días de 2021. Eso sí, con un único deseo: que las vacunas que están ya en su última fase, consigan el efecto deseado y alejen, de una vez por todas, esta pesadilla que ya dura demasiado y que se sigue cebando en los más débiles. Ellos son los que más van a echar de menos durante estos días el calor de la familia, los abrazos efusivos, la alegría de los niños al abrir sus regalos o los cantos de villancicos al filo de la noche. Porque el fantasma de la soledad está ahí, las colas del hambre van en aumento y en las calles se respira un clima de desánimo: negocios cerrados, persianas bajadas y los efectos del paro en muchos hogares. Además, hay demasiadas ausencias: seres queridos, amigos o compañeros de trabajo. Y esto no se soluciona telemáticamente, aunque sea un buen recurso para aliviar el desamparo de estos días invernales.

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