Carlos Hue / Psicólogo y Doctor en Ciencias de la Educación

Expectativas de éxito en educación

Carlos Hue

Asistía hace unos días a una conferencia en la que un profesor exponía la diferencia de metas en la vida entre un colegio público en el estado de Ontario, Canadá y lo expresado por gran parte del alumnado, aquí, en los centros educativos de España. Mientras que, en nuestros centros, preguntados alumnos y alumnas de la ESO cómo se veían de mayores, respondían que no sabían si terminarían los estudios, que no sabían si tendrían trabajo, que no sabían si podrían formar una familia, los chicos y chicas canadienses se veían como triunfadores en la abogacía, la empresa, la medicina o como inventores de algún producto que llegase a cambiar el mundo, como una vacuna contra el cáncer.

Entonces, ¿de qué depende el éxito escolar? Primero, habrá que definir qué entendemos por éxito escolar. Hasta ahora, hasta el siglo XXI, los sistemas educativos tenían un doble objetivo: de una parte, conseguir que chicos y chicas tuviesen muchos conocimientos para desarrollar los sectores productivos y sociales; y, de otra, conseguir que fueran personas obedientes que pudieran integrarse en la disciplina de la familia, del colegio, de la empresa y de la sociedad. Para ello, desde el siglo XIII con el nacimiento de las Universidades, se configuró el Trivium y el Quadrivium como currículo esencial para el aprendizaje que, a lo largo de los años han terminado por configurar nuestro actual currículo académico lleno de asignaturas parceladas y diferentes.

Sin embargo, todo eso ya no sirve en el siglo XXI. Hoy cualquier niño tiene a su alcance el máximo conocimiento producido por las Universidades más prestigiosas por lo que la acumulación de conocimientos ya no es signo de éxito vital. Hoy, incluso, en las mejores aulas tanto universitarias como no universitarias se trabaja por proyectos o se utiliza la técnica de la “flipped classroom”. Ésta, consiste en que los estudiantes preparan un tema en casa que luego debaten en el aula.

Por ello, tendríamos que cambiar los objetivos y la metodología si pretendemos el éxito escolar. El éxito académico, nos dicen las investigaciones, depende de muchos factores como es la cualificación académica de las familias, la situación socioeconómica, la individualización de la enseñanza, etc. Pero, también, en gran parte de las expectativas del profesorado, de las familias y, en definitiva, de la sociedad que es lo que ocurre en los colegios del Canadá.

En este momento, en el que una nueva Ley de Educación se está redactando, pido a los diputados que cambien en ella un sentimiento de derrota, por un sentimiento de éxito. Y no me refiero solo al éxito académico, al éxito laboral, sino también, al éxito vital. Pido que esa nueva Ley se fije más en las actitudes que en los conocimientos; en las competencias, que en las asignaturas; en la educación, que en la enseñanza, respetando que en cada niño, en cada niña, hay una persona especial que puede llegar muy lejos. Y me atrevo a pedirlo desde una escuela, la aragonesa, que dio un Premio Nobel, don Santiago Ramón y Cajal.

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