Mª Luisa Rubio Orús / Profesional de la Educación, escritora y pintora

Saluntes

Mª Luisa Rubio Orús

Aquí estamos, que hasta hay quien se disfraza para el consabido Halloween a pesar de la que está aconteciendo. Crudo recordar que es que no está dejando de caer después de los durantes de tantos meses. Vestirse de… cuando en realidad casi ni hace falta, y ya lo de celebrarlo, pues…

No sé cómo nos vemos con la mascarilla tan todavía, que, en general, no nos la quitamos ni por asomo ni por casualidad, sea pura o impura. Y lo que te rondaré, moreno de ojos claros. Parece ser.

Ya ni mentar en que llegue el invierno. Que si en otoño la cosa es complicada  aún más por esas fechas que cada vez se van acercando más.

Día de Todos los Santos, de los Fieles Difuntos… Y todos los que sigue habiendo que se han puesto malos, aumentando las cifras que es una barbaridad. Un puente normalmente celebrado.

Tristeza, prácticamente sin fin. Infecciones que engrosan las listas en los hospitales, pasillos, ires, venires, dires, diretes, temblores, fiebres, cansancios, agotamientos; falta de personal, habitaciones y camas en tan grave asunto… Sí, la crisis sanitaria; junto a una salud crítica que nos duele hasta más allá del alma.

Conexión si es que hay suerte. O nada de pantallas ni de escuchar. Ahí andamos, de estos modos guisados con la mezcolanza de una esperanza que de verde claro se va tiñiendo a ese otro característico de los lugares en los que ingresan a las personas que están peor que sufriendo lo que tanto está pasando, más lo que ya había y casos novedosos de otros microbios que ya estaban instalados.

Lo actual, tocó de cerca con una amiga en la primera tanda. Y en este instante también con intensidad profunda, con pareja y su padre. La verdad es que la incertidumbre devora. Por lo menos hay suerte, ya que nos podemos comunicar.

Ojalá todo esto se largue con viento fresco cuanto antes y de buenas maneras. Quiero decir, que no haya repercusiones, consecuencias o secuelas. Tampoco quiere significar que olvidemos lo sucedido. Y que podamos hablar en pasado cada vez más pasado porque haya pasado de largo.

Vamos lentos; y Dios quisiera que seguros. Sin embargo, venga con las fiestas privadas e ilegales, botellones… Y algo muy grave, el permisivismo de la entrada masiva de temporeros sin control alguno para la recogida de la fruta en Lérida y Huesca este verano. Y de ahí parte la importante y sustancial raíz de que ahora padezcamos esta realidad en aumento.

Disputas comunes y no comunes, disputas diputadas por hacer un simple juego de palabras. Mantengo el dicho popular de que “No hay palabra mal dicha sino mal interpretada”. Somos ciudadanos que estaría genial que, sin excepción alguna, también fuéramos cuidadanos, Ya más que nunca, al menos por el tiempo en el que estamos viviendo. Famosos o no, más o menos conocidos o no, que todos, seamos de pertenencia sociológica de distintas categorías, nos comportáramos como un único núcleo unido con garra. Luchando. Sin importar la procedencia de sitio ni la de casa.

Las juntadas a las cuales antes he aludido, asimismo hacen de las suyas. Esos festejos en los que haya o no celebridades allí están apretados. En ocasiones tremendamente abigarrados mientras brindan alegremente y de más. Y como no se tome en serio esto del tema común que está transcurriendo en cadena de cascada ininterrumpida, además de aprender, malamente permaneceremos.

Disturbios por las restricciones, calles enviolentadas; las economías familiares y la de algunos trabajos sobre todo.

Muchísimo ánimo a los enfermos, familiares y amigos de esto del COVID-19 que de verdad podría marcharse de una vez por todas, con la Ley del Amor como bandera. Es decir, haciendo caso de todas las precauciones y normas que se nos continúan dando. Todas son pocas, como dicta el refrán rezado bajo el miedo de no saber si de verdad esto se va a ir cuanto antes y de una vez por todas. Lavándonos las manos, guardando distancias, no reuniéndonos más de seis, el gel hidroalcohólico, embozadamente todo.

Llegará el puente de la Constitución y de la Inmaculada, y a la expectativa de que a la suma de la media docena permitida no se agrege nadie más. Ni hablar de Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo, Reyes Magos. Veamos qué nos depara el futuro inmediato. Depende del conjunto entero de la Humanidad. Tengámosla, por nosotros y por todo el resto.

No creo que a nadie le apetezca que haya más casos, y tampoco un confinamiento tan fuerte y largo como el que tuvimos. Es mejor tener voluntad demostrando en el momento oportuno que podemos con esto.

Saluntes de salubridad, de salud. Eso es lo que podría ser. Venga, por favor, que las reglas se lleven a rajatabla lo máximo posible y dejemos de lamentar más enfermedad y muerte. Muchas gracias.

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