Arturo-José González Ascaso / Consultor y fotógrafo

Por encima de la ley

Arturo José González

Me viene a la memoria este título de una película del año 1988, protagonizada por Steven Seagal en sus buenos tiempos (en los recientes, sus películas dejan mucho que desear, en mi modesta filmográfica opinión). No desvelaré la trama por si no la han visto, aunque diría que está descolorida de las veces que la han programado en las diferentes televisiones y que, a poco que les guste la temática, seguro que la han sufrido/disfrutado (que para todos los gustos hay).

El caso es que me venía a la mente por la actualidad que nos toca vivir. Grupos de gente con nulo respeto hacia sus conciudadanos que, con sus pensamientos, palabras, obras u omisiones se creen por encima de la Ley, no sólo humana sino, incluso, divina.

Políticos que, lejos de dar ejemplo, causan vergüenza ajena, justificando lo injustificable. Miembros de partidos políticos utilizando el dinero público para irse de putas, así tal cual. Causando con este proceder, y similares, agujeros en las arcas del Estado que causan la defenestración laboral de los honestos ciudadanos que trabajan de sol a sol para sacar adelante a sus honradas familias (responsables públicos malgastan el dinero, no se atienden los compromisos financieros, las empresas privadas no cobran, cierran, trabajadores a la calle). Corrupciones, corruptelas y corrupdesfachateces que, antes de gobernar están muy mal en las manos de los contrarios pero falta tiempo para beneficiarse de ellas al acceder a los mandos gubernamentales sea de la escala, país, color que sea.

Ciudadanos que, lejos de acatar las normativas sanitarias que -desgraciadamente- nos vemos abocados a acatar, las incumplen incluso con chulería barriobajera desoyendo las medidas y la lógica, importándoles el nombre de esa pequeña isla del Mediterráneo integrante de Malta: Comino.

O aquellos otros que, armados de celular en mano, gritan desaforadamente su conversación intranscendente en el autobús, como si fuera un gran hermano rodante; o peatones agresores en dirección contraria mientras tus pasos te llevan, por la derecha de tu caminar, sin molestar a nadie hacia tu destino pedestre; o bicis, patinetes y demás, intentando atropellarte en la acera, como si nos hubiéramos convertido en pokémones andantes; o…

Escucho mientras escribo estas líneas el Benedictus de la Misa por la Paz, del compositor Karl Jenkins, creada y dedicada a las víctimas de la crisis de Kosovo. Parece que, cada cierto tiempo, la humanidad tiene sus víctimas. Unas víctimas que nos deberían hacer reflexionar como seres humanos, como personas. Ni como países ni, menos, como cuestiones políticas. Todos somos seres humanos y, como leí en algún sitio, si nos sajan la piel, todos tenemos la misma sangre roja.

Tenemos tiempo de cambiar, por respeto a los demás y a nosotros mismos. Espero que este sea un pensamiento que se pueda hacer real para que no parezca sacado de esa obra del inmortal Tomás Moro: “Utopía”.

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