Retomamos el curso académico y la COVID-19, tal y como estaba previsto, sigue haciéndonos compañía. La incertidumbre, aparcada con las vacaciones de verano en los centros educativos, no ha desaparecido. El debate sobre el modelo de enseñanza se limita a presencialidad, no presencialidad o híbrido. Esto último es necesario; pero, aún más prioritario sería focalizar la atención en las metodologías de enseñanza. La confusión terminológica entre metodología, métodos, modalidades de enseñanza, recursos o buenas prácticas está siendo evidente.

¿Qué debería resolverse antes de avanzar en cualquier modelo? Al menos las siguientes cuestiones: cuál será el aprendizaje, cómo organizarlo, cómo se desarrollará y cómo se evaluará. En cada fase, las tecnologías de la información y de la comunicación pueden integrarse. Sería un enfoque desvirtuado planificar solamente teniendo como elemento fundamental las TIC, son recursos a la espera de un objetivo; el profesorado tiene el reto de darle sentido a los recursos a partir del conocimiento que tenga de su alumnado.

Los modelos de enseñanza son las formas de organizar y desarrollar un proceso de enseñanza-aprendizaje. Las clases teóricas, la realización de talleres, la tutorización grupal o individual, el desarrollo de seminarios y jornadas, trabajos en grupo, estudio individual, entre otras, enmarcan a los actores de la enseñanza en un contexto donde el aprendizaje se desarrolla. Estas modalidades también pueden estar presentes en las plataformas en línea; ¿pero por eso estamos ante una modalidad online? No. Aunque, ¿por qué no aprovechar las posibilidades de estas modalidades de enseñanza en un entorno online? Es factible, pero hay que saber cómo y los motivos para hacerlo.

Si hablamos de método, estamos ante otro enfoque. Se podría simplificar indicando que es la manera cómo el profesorado desarrolla el proceso de enseñanza-aprendizaje. Aquí, se abre un abanico de posibilidades por la diversidad de métodos de enseñanza. La clase magistral, hoy tan denostada en algunos ámbitos, es una forma de enseñar si en vez de ser «magistral» se plantea como «expositiva» y «participativa»; si es presencial o telepresencial, es una cuestión de recursos. Los estudios de casos, el aprendizaje basado en problemas, el aprendizaje basado en proyectos, el aula invertida, el aprendizaje en red, el aprendizaje colaborativo o la resolución de ejercicios, entre otros métodos, crean pequeños ecosistemas donde profesorado y alumnado interactúan y avanzan en el aprendizaje.

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