¿Para qué proteger los espacios naturales?

Recientemente, leí con sorpresa y cierto estupor, las declaraciones de varios presidentes de Comarca cuestionando la importancia de los espacios naturales protegidos. Incluso llegaban a afirmar que no tenía ningún sentido mantenerlos si no se recibían los dos millones de euros del fondo de compensación previsto para estos territorios. Me gustaría creer que la “sensibilidad medioambiental” de la que hablan no tendrá una relación directa, ni exclusiva, con la cantidad de dinero que se reciba.

¿Se imaginan ustedes que pensaríamos si, en un periodo de grandes recortes, representantes institucionales vinieran a decirnos que, en esas circunstancias, no vale la pena mantener una sanidad o educación públicas?; ¿y que, dado que tienen tantas “limitaciones para empresas y particulares”, dejemos a éstos y a aquellas “ordenar” el cotarro?… Sé que el ejemplo puede parecer excesivo, pero seguro que resulta revelador para comprender la alarma social que algunas manifestaciones pueden generar.

Los espacios naturales protegidos no sólo tienen sentido “per se”, es que son una necesidad desde el punto de vista ambiental y una inversión segura desde el punto de vista económico, puesto que supone una marca de calidad para los municipios que los albergan y una puesta en valor de sus territorio. Huyamos del cortoplacismo que nos invade y pensemos en la cantidad de visitantes que reciben (y el valor añadido que dejan) espacios como el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, , el Parque Natural Posets-Maladeta o el Parque Natural de los Valles Occidentales, etc.

Los viajeros que vienen atraídos por estos espacios lo hacen por la belleza incuestionable de estos entornos, y por la riqueza que albergan desde el punto de vista de la fauna, la flora, la geología… No estamos hablando de minorías, si no de cientos de miles de personas que vienen cada año a visitarlos.

La reivindicación de contar con esa partida de dos millones de euros para los municipios es entendible, pero poner en duda si vale la pena mantener la figura de espacios protegidos es cuando menos un desacierto.

Por otra parte, cuando se habla de las limitaciones que conllevan los Espacios Protegidos siempre hay gente que tiende a confundirse; incluso surge, a veces, alguien que juega a sembrar la confusión. La mayoría de las limitaciones las fijan las diferentes leyes estatales o autonómicas (de aguas, de caza, de montes…), u otras figuras de protección como LIC’s, ZEPA´s, etc. Las restricciones suplementarias que afectan a estos espacios protegidos (algunos tienen decenas de años y hay uno centenario como Ordesa) son necesarias y contribuyen a producir importantes beneficios económicos, sociales y ecológicos.

Arreglar el acceso al gallinero y retejar en su tejado es importante. Pero no dejemos, mientras tanto, morir a la gallina de los huevos de oro.

Ramón López Arnal, presidente de CHA-Alto Gállego

Print Friendly, PDF & Email

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies