Fútbol y tierra quemada

Para informar de un incendio forestal y advertir de su dramática extensión, en los medios se equipara la “unidad de tierra quemada” a la superficie de un “campo de fútbol”, y ambas superficies a la de una hectárea (100m x 100m = 10000 m2). El terreno de juego de La Romareda mide 105m x 68m y el del Alcoraz, un poco mayor, 105m x 70m. A uno y otro habría que añadirles nada menos que el 40% para que llegar a una hectárea. La equiparación es, pues, un “error de bulto”. ¿Podría el lector explicar por qué se persiste en ese “error aritmético”?

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El deporte alienta pasiones. Con la misma pasión que hoy, griegos y romanos, en la antigüedad, acudían a las Olimpiadas y al Circo. También, con esa pasión, los medios de comunicación, para transmitir la dimensión trágica de la tierra devastada por el fuego, idearon una ecuación ilusoria, pero de un impacto psicológico tan poderoso como eficaz. Fue esa eficacia informativa la que convirtió el error en un acierto.

El error se debe a que campo de fútbol es una expresión ambigua, pues unas veces se toma como terreno de juego y otras como estadio de fútbol. El terreno de juego es el césped, la cancha, mientras que el estadio incluye el césped, el graderío y demás instalaciones.

Algunos datos:
• Un terreno de juego estándar (105 x 68) mide 0,714 ha
• Una hectárea equivale a 1,4 terrenos de juego.
• Un incendio de 1000 terrenos de juego equivale a 714 ha.
• Un incendio de 1000 ha es similar a otro de 1400 terrenos de juego.
• Un terreno de juego es aproximadamente el 71% de una ha.
• Una ha mide un 40% más que la superficie de un terreno de juego estándar.

El terreno de juego del Camp Nou mide tanto como el de La Romareda (105 x 68). Sin embargo, el estadio catalán ocupa una superficie de 260m x 226m, es decir, casi 6 hectáreas u ocho terrenos de juego, incluyendo un graderío con capacidad para 99354 espectadores. Cuando se termine el nuevo Santiago Bernabéu, cubrirá una superficie de 12 hectáreas o 17 terrenos de juego. En cambio, el aforo de un estadio humilde, como El Alcoraz tras su última ampliación, es de 7638 aficionados.

J. B. Priestley (1884-1984), escritor inglés nacido, como Shakespeare, en Stratford-upon-Avon, supo explicar como nadie la pasión que desata el fútbol, y lo hizo a partir del menosprecio que exhiben sus detractores: Decir que esos hombres pagaron su dinero para ver a veintidós mercenarios dar patadas a un balón es como decir que un violín es madera y tripa, o que Hamlet es papel y tinta.

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