Cuando un monte de la Sierra de Albarracín se quema algo tuyo se quema

“Cuando un monte se quema algo tuyo se quema”

Recuerdan Uds aquellas campañas de protección contra incendios de la Dirección General de Montes de los años sesenta, les refresco la memoria:

El conejo Fidel nos recordaba de forma animada que no arrojásemos colillas al bosque, que apagásemos bien las hogueras hechas en los montes y se esforzaba en apagar todos los incendios que provocaban los insensatos por descuidos, dejadez o malas prácticas. Y nos advertía como buen guarda forestal de los peligros de los incendios.

Ha llovido mucho desde entonces pero parece que el ser humano no quiere aprender, pues en la prevención está la clave para evitar que nos quedemos sin nuestros (para algunos más que otros) amados montes.

Las autoridades en la materia, de un plumazo, han decidido eliminar 3 torres de vigilancia contra incendios de la Sierra de Albarracín, las ubicadas en Orihuela del Tremedal, Griegos y Frías de Albarracín. Más de 15.000 hectáreas sin vigilancia, tan necesaria para advertir cualquier conato de incendio y poder extinguirlo antes de que el triángulo del fuego se haga fuerte y engulla con voracidad a doña Flora y a doña Fauna, y de paso, el oxígeno que necesitamos para vivir los homo sapiens u homo asnus, con perdón del borrico que suele ser más noble que algunos sapiens.

Muy pocas cosas hay más tristes que ver cómo se le arrasan los ojos a un padre.

Ese mal trago me llegó hace 26 años, cuando un incendio asoló la loma que queda justo en la linde de la masía donde mi padre nació. Quiso el destino o el dios Eolo o quien estuviera de guardia aquel fatídico día, parar aquellas lenguas de fuego ávidas de hectáreas justo encima de la casa, pero les aseguro, señores, que ver reducido a cenizas en pocas horas un monte que tus ancestros han cuidado durante generaciones, no es plato de buen gusto. Y ver, 26 años después, la cicatriz que dejó aquel fuego cada vez que giras la última curva antes de ver la casa, tampoco.Las heridas de un incendio se producen en pocas horas, la sanación es cuestión de décadas.

Por eso y porque la vida de nuestros valientes bomberos, personal de protección civil, forestales, vigilantes y voluntarios es muy valiosa, pido, a quien esté en su mano, que se dé una vuelta por nuestra sierra de Albarracín, mire y admire la riqueza que tenemos y recapacite, ahora que estamos a tiempo, recapacite sobre una decisión, que puede provocar nuevas lágrimas, tan inevitables como insuficientes para sofocar incendios.

Las llamas siempre son la confirmación de que se ha llegado tarde.

Pilar Archilaga Pérez

 

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