Luis Iribarren Betés / Licenciado en Derecho

Camino de Santiago: turismo cultural como inversión

Luis Iribarren Betés

De los pocos festivales salvados en Aragón, el elitista para bien Festival Camino de Santiago llega a su edición número 29ª con un cartel de mucho tronío. Será de las pocas marcas culturales o sanitarias con referencia año par 2020.

La red de fascinantes y variadas iglesias del camino aragonés, o tolosano, y sus ramales albergarán conciertos de estrellas de la música popular de raíz folklórica y especializados en la investigación y divulgación musical del Renacimiento y Barroco.

Exposiciones, charlas y jornada teatral en Santa Cruz de la Serós con Trapu Zaharra aparte, una de las novedades del presente ejercicio es la celebración de eventos en Tierra Plana. En Tamarite, Monzón, Huesca y Bolea. A la postre, además de los caminos oficiales, existieron tantos como destinos desde la propia casa o localidad pluguiere tomar.

En el vigente y luctuoso ejercicio económico, en que no se ha podido salvar Pirineos Sur pero la aportación de Diputación de Huesca al mismo ha permitido la eclosión del festival de sonidos en la Naturaleza –SONNA 2020-, se ha de plantear el peso e importancia de la cultura no solamente en términos de arraigo y de, como las fiestas, celebración colectiva.

Sino también en términos de inversión y riqueza conceptual, a la par que pudiera serlo la investigación científica.

Es cierto que el gasto sanitario ha de ser preferente pero contrapesado con alimento espiritual, o el arrase colectivo se llevará por delante todo lo que no sea almorzar y poco más.

Pero ofrecer conciertos en acústico en paisajes y enclaves poderosos de la provincia de Huesca, acercar en un momento en que el turismo que se ha salvado este verano es de interior y el que tiene capacidad adquisitiva y suele elegir Jaca debe ser cuidado, también deben ir a acompañados de fidelizar con mayúsculas.

Da la impresión de que estos poderosos impulsos e ideas no tengan la continuidad fuera de festival suficiente. Que no tengan rebrote de otoño, y sin él no hay planificación ni fondos.

No es lo de menos que se conciban y controlen desde la propia ciudad Huesca por preparados especialistas culturales. Pero a partir de octubre quizá fuera el momento de aprovechar tanto currículo para la generación con Toulouse y Sangüesa-Javier de una sinergia mayúscula entorno al ramal del camino aragonés hacia Santiago, por ser no menos Patrimonio de la Humanidad que el hoy principal.

Quizá faltaría una obra literaria que pusiera a Jaca al nivel de la difusión que Claudio Coelho ha representado para el ramal de Roncesvalles.

En cualquier caso, el nombre y efectos del festival aragonés es afortunado, pero son la propia Corporación y asociaciones de Jaca las que deben ir más allá, ultreia, puesto que el hecho de que Francisco de Javier naciera en el camino implica, de por sí, que una difusión en Japón e India de la senda y paisajes de Jacetania es posible.

Quizá hubiera que empezar a trabajarlo por su importancia estratégica desde Aragón en su conjunto.

Existen asociaciones especializadas en Zaragoza con vínculos muy estrechos culturales y artísticos con las embajadas de Japón e India.

Insisto en la idea ya expresada de que siento que la sociedad civil aragonesa está siendo infrautilizada por políticos y funcionarios especializados que pasan, y no es lo de menos que las mantengan, de unas jornadas a otras de forma circular.

De esta sociedad que reivindico, de capa mucho más subterránea , forman parte esos hijos y nietos de aragoneses emigrados a Argentina, California, Europa, Barcelona, Navarra y Euskadi e incluso la propia Zaragoza que se han desarrollado profesionalmente, que solamente retornan por razones privadas y que Aragón debería aprovechar, en forma de Inventario, con toda esa mayúscula.

Generando un censo de aragoneses de origen o nacidos pero criados fuera, ver Pau Donés, que propongan y dispongan, que se sientan arropados para actuar, volver y vivir.

Lo harán fuera de fechas de festivales, combinando cultura con senderismo o dolce far niente.

Todos ellos, quieran o no, han vuelto los ojos hacia su infancia este verano. Han debido transmitirlo a sus hijos como refugio posible para cuando no se puede viajar libremente, como sus padres tampoco pudieron por motivos económicos.

Seguir en contacto y disfrutar de propuestas es lo que deberían seguir pudiendo elegir a partir de este verano. De lo contrario el consumo de ocio y la necesidad de IVA se nos llevará por delante sin poder defender modelos de sostenimiento de cultura deficitaria no reivindicada desde dentro.

Tenemos en Aragón una cantidad nada despreciable de medio millón de personas esperando colocar sus afectos. Para eso el trabajo de salida de la crisis debe ser proclamarnos sus influencer.

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