Mª Luisa Rubio Orús / Profesional de la Educación, escritora y pintora

Yo soy, la mujer de las tierras

Mª Luisa Rubio Orús

Buena caza de cabras, que siempre tiran al monte. Excelente cebo para destapar el arañaje de red que pretendió cayera en su maldad. Extraordinaria caza de brujas malas por parte de la Humanidad Latiente, aunque estén protegidas (o no) por entidades presuntamente protectoras. Soy yo, la todavía Viva entre el Amor de un Dios, el Soid que reúne a todas las religiones en una sola, Espíritu de Paz. Sí, la Espiritualidad en marcha que sigue andando. Sí, mis Estimad@s Caminantes. Sí, Nereida Machadiana jamás dejó de estar entre Nosotros. Aquí estoy. Por, para y entre Vosotros. Sí, Amores del Amor, Paz del Lujo que purificamos lo que hace falta, cuando hace falta y donde haga falta.

Sí, querido Aragón Digital, que tanta fuerza me procuras desde esta esperanza para mi vuelta a Castilla, la Castilla del León que ruge con tal potencia que su sangre regenera. Sí, desde esta Zaragoza Bendita, cuyo Emblema es precisamente el León.

Sí, amigos lectores, que no me dejáis sola ni a sol ni a sombra. Sí, mundo loco que continúas girando imberbe de nostalgieces, pues que todas ellas entienden que cuando hay un ser humano que merece la pena, da lo mismo si es hombre o mujer.

Sí, Vosotros, Nosotros, los aragoneses de pro, unidos por la sola bandera de una Templanza infinita glorificada desde el cierzo, desde el viento que algún día me transportará al lugar al que realmente pertenezco, Amoria. Soria, mi Siempre Amor, mi eterna conciencia limpia, sede central de la experiencia de mi vida, vitamina que me hierve desde la Passión de la Creatividad, tan envidiada como lo he sido yo.

¡Oh, Patria de los Naranjos del castillo de la Alegría! Media Luna en mi frente sonando recuerdos y un anillo en mi diestra. Es precisamente una media luna, cualquiera lo puede comprobar. De hecho, hay quien la lleva tatuada en el extremo superior izquierdo de su espalda. De color azul, precisamente. Tal vez en algo se desdibujara…

¡Oh, Olivar de olivares!, la Presencia Divina de Soid, que jamás me deja de lado.

 

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