Las localidades pirenaicas combaten un verano entre la incertidumbre y la reinvención forzosa

Muchos municipios han notado un pronunciado “bajón” en su actividad

La incertidumbre se apodera de las principales actividades económicas aragonesas y lo hace, especialmente, en la zona pirenaica. El frenazo económico, el goteo de rebrotes en la Comunidad o la resonancia cada vez más intensa de un posible nuevo cierre de fronteras de Francia con España mantienen en vilo a las localidades más fronterizas, sustentadas en esencia en el turismo y el ocio de montaña. Es una situación que les empuja a convivir día a día con la inseguridad, pues están viéndose obligados a llevar una vida, dicen, a “trompicones”, moviéndose entre el titubeo del “qué pasará” y una reinvención circunstancialmente forzosa.

Por regla general, son muchos los municipios que ha notado un pronunciado “bajón” en su actividad. En Plan, por ejemplo, su alcalde, José Serveto, asegura que han tenido que afrontar el 100% de cancelaciones de la agenda que estaba prevista para este verano. No se celebrará ninguna fiesta patronal ni en agosto ni en septiembre. Tampoco lo hará la mayoría de los campamentos juveniles, por lo que dejarán de acoger a cerca de 1.000 pequeños este año. La decisión viene asociada a la propia configuración demográfica de esta área del Pirineo: “Hay demasiada gente mayor y la situación asusta en ese sentido”, confiesa Serveto. La reactivación seguirá, por tanto, pendiendo del contexto y la evolución sanitaria a medio plazo.

Algo más al norte del Pirineo, en Bielsa, donde normalmente proliferan las actividades al aire libre y el deporte de montaña durante todo el año, el panorama a medio plazo tampoco “pinta demasiado bien”. Lo asegura el responsable de Altitude Helibike, Pablo Irigoyen, después de encarar también la paralización de casi la totalidad de sus previsiones nacionales e internacionales. Explica que para este verano ha perdido ya la reserva de un grupo importante de clientes de Canadá y Estados Unidos que tenían pensado experimentar la aventura de los remontes en helicóptero con sus bicicletas –el servicio estrella de Altitude-. La idea inicial para el año que viene, lamenta, era “funcionar al 80% gracias al turismo internacional”. Por otro lado, el turismo nacional “iba bien hasta ahora”, pero “con todo el tema de los rebrotes en Huesca la gente ha terminado echándose para atrás”.

En Canfranc, en plena frontera con Francia, preocupa más un nuevo cierre de los pasos con Francia, porque la mayor parte del turismo en la zona proviene del país galo. “Muchos vienen exclusivamente a comprar en nuestros establecimientos productos como el tabaco o el alcohol”, explica el alcalde, Fernando Sánchez. De oficializarse el planteamiento que todavía estudia Francia a día de hoy, todo ese porcentaje se vería inevitablemente truncado. El cierre “haría mucho daño a las localidades fronterizas”, zanja.

Ante este escenario, estas zonas eminentemente turísticas han tenido que invertir esfuerzos en esa suerte de reinvención de conceptos. Mientras la situación se resuelve, y teniendo muy en mente que “tendremos que convivir un año o dos con el virus”, para salir al paso, localidades como Canfranc aseguran que intentarán mantener a medio gas alguna de sus actividades, como el Festival Pirineos Classic, que se prolongará un poco más de lo normal. También han perdido alrededor de un 40% de los campamentos de verano de la zona, pero, en su defecto, han implementado un “cine al aire libre” de ensueño.

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