Mª Luisa Rubio Orús / Profesional de la Educación, escritora y pintora

Cercitud

Mª Luisa Rubio Orús

Desprotegidos de la maldad, todo sigue girando en espiral para enredarse en el enmarañamiento más radical de un ovillo lanudo que jamás tendrá fin. Es más, con la abundancia de mascarillas en los mares y fuera de ellos, las acciones contra la Naturaleza son, en este instante, más depravadas de lo que lo venían siendo hasta ahora y que se tachaba hasta de normal, puesto que se continuaba dejando pasar con toda la cara dura, cuando cada vez somos más humanos por estos lares. Más entes andantes y menos humanizados muchos, desde luego.

De una sola tirada, de no más que de una única atacada, bien querría soltar toda la rabia conjunta que la inmensa mayoría de población cívica llevamos encerrada dentro mezclada con una impotencia de órdago. Arrastrando las cadenas de un doblegamiento puro. Y, sin que baste la palabra, nos debatimos entre la queja y una pataleta que atraviesa el suelo, superando en mucho las primeras capas de su superficie.

De nada sirve nada. Diez personas máximo de reunión ajuntada como tope. Eso es lo que había sido decretado. De ahí, el multiplicacionismo altamente contagioso mediante celebraciones masivas de toda condición. Tanto con familia como con amigos, o con ambos bloques a la vez. En los trabajos, procurando no ser muchos en una sola tandada. No obstante, poco constructivo está el asunto.

No bastaba tener algo más de paciencia e ir yendo despacio, paso a paso, uniéndose la gente conforme fuésemos venciendo al puto coronaeso entre todos. NO. De eso ni mentar. Ya no es que no se estimen a sí mismos, sino que tampoco las vidas ajenas. Hasta que no se ven justo ellos o a los suyos en fase de peligro inminente, profundamente dañados y en las últimas, nada cuenta. Y además, cuando llegan las rebajas, solamente basta para ellos. Entonces, en esos momentos postreros. Luego, claro, encima las cosas les van ocurriendo solo a ellos. Los demás, a pobrezurzirnos, y gracias.

Se apagan las músicas del alma entre que el espíritu se empobrece de debilidad. Pan de etnias. Pandemias. Y esta que parece llevarse la palma, en fin… Todo por el lucir de palmito de unos cuantos. Y es que no se escarmienta, de ningún modo, por parte de sus señorías, a merced de las cuales estamos los vasallos de semejantes dioses de toda ralea emocional, política, etcétera.

Yo, que humildemente, habiéndose sucedido un tramo de tiempo, se me había invitado por la cabeza poder haber escrito sobre la superación del virus, de haber gozado una posible victoria conjunta frente al maldito bichuco que pudimos haber escabechado…, aquí me tenéis. Ya hice trizas los papeles en los que había plasmado el puente que anduvimos atravesando a duras penas. De ilusiones también se vive. Y soñar es gratis, además de un derecho. Utopía.

Por mucho que esto era de concebir, no sé muy bien si eran previsibles tales disparos de inconsciencia tan agravada, Venga que entren quienes sean en macrogrupos y sin ser revisada su salud y a costa de contaminar a otros, parte de los cuales desechan trabajos que no quieren aun contando con las energía física necesaria como para llevarlos a cabo.

¡Qué más dará! La vida resuelta de los que ni laboran ni estudian. Si papi ricachón les paga multas que ni siquiera existen. Poderoso caballero… Y tampoco les hace pupa el bolsillo. Es lo mismo que cuando ciertos progenitores se gastan los cuartos en cervezas antes que en un cuaderno de Escuela para su hijo, por ejemplo. Y los Maestros redondeando cuentas cuya laboriosidad llevan los secretarios y administrativos en nuestros Centros. Como en Sanidad, nosotros a soportizar lo más crudo. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Cuando ambos palos somos los más imprescindibles, por Cristo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡España de luto, y Aragón también llorando entre el retuerce de no poder hacer absolutamente nada! Negra negrura de pozo sin fondo, de saco insaciable dejarles pasotear de largo como si tal cosa, o de pisotear hasta patear el último resto de las cenizas que incluso el viento eleva para hacerlas desaparecer, desintegrándolas en el espacio. Mi querido cierzo es, por cierto, Jefe supremo en ello.

¿Pero de qué va esto? ¡Menuda feria en la que crecen los enanos y cuya tómbola es la lotería de estar medianamente bien, en el justo punto de una cordura enloquecida! ¡Qué penuria de boletos malogrados! Y aún están los que, encima de vivir del cuento, hacen chiste de todo esto. Ni país ni pandereta. Se queda corto, ya que es la chirigota, la parodia más insana que me hace llorar sangre.

¡Vaya paripé! Y rota la fe. Gente echada de donde ejecutaba su función para comer, bancarrota en la economía y la moral más que bajó hacia el centro de la Tierra. Vuelta a los pies de los caballos la honradez. ¿Es que se iba a cambiar a mejor, o qué? ¡Ja! Ya es que ni son mediocres. Pudiera ser que zánganos, ¡cómo no!, al servicio de la bajeza.

¿Civismo? No lo veo realmente. Tan solo en los constantes de siempre, que seguimos el continico de la senda del mutuo respeto. ¿Ciudadanía? ¿Dónde? Si ya en 1985 afirmaba que la mezcolanza y el pase por el mismo rasero serían nuestra perdición, ahora corroboro que se acrecentó lo que habría de venir gracias al pase de jugadas y aplauso a los clanes de gente de toda clase pero sin clase. Las clases de los ochenta estaban repletas de fatal personal infantilojuvenil y peor compañerismo. No vi personas. Enemistad exclusivamente. Envidia por ser sin trampa. Solo sentí malevolencia. Cuando lo más asquizo de España se unificaba en el solo sitio donde se podía acudir por carecer de otro emplazamiento para Instituto, imaginad…, amados camaradas de esta sencilla lecturaen la que contengo las torturas que tuve que soportar.

En estos minutos cerciono que se acrecentó la verdad, como venía diciendo a mis quince años.Y fue hasta hacer brillar más la temida falsa luz cuyos esbirrantes palpan hasta dormidos, mientras tejen sus cavilaciones para sernos la pesadilla sin fin a las personas de Bien.

Endiablez que ni mención merecen y cuyos méritos se ciernen a favor de la destrucción de la sabiduría, que en nada ni para nada pesa. ¡Qué será de la pluma que denuncia la injusticia! De este bendito instrumento que hace de herramienta de desahogo para los honestos de la vida. ¿En qué parte de algún rincón de este planeta casi ya ni azul quedó el conocimiento sano referido a los Hechos positivos por y para todos?

La hartura va en aumento entre que se pavonean los del palmito tilín de monedas sonando, que todo lo pagan menos lo que merece la pena. ¡Qué digo vil metal, sino billetazos que huelen a … sabe Dios qué! El Paraíso pudo estar aquí. Así pudo haber sido. Quizás una vez lo habitamos en la Tierra. Mas parece ser que no compensa hallar el sentido significativo de la Existencia.

Subiendo el volumen del ruido, la fatálica orquesta oculta entre chamizos ensombrece la más mínima expresión esperanzal. Y las paciencias se van consumiendo. Ya no me refiero a ponernos morados de dichos elementos dulces pertenecientes a la pastelería soriana, sino a esa resistencia persistente de resiliencia.

Que solamente estallen Primaveras, brotando entre versos realizados por acciones concretas del Corazón. Stop al propagamiento de las propagandas de la ley favorecedora de la vagancia de la que se alimentan los parásitos del hoy en día, de tantos consentidos sin pies ni cabeza. Llevamos demasiadas décadas parcheando a quienes nos aguaron los días del pasado. Está genial perdonar, mas reinciden en sus aspectos más turbios y son incitadores de lo mismo y más de lo mismo para sus descendientes.

El que quiera el ardiente deseo de no más que diversión que se exilie por todos los siglos ya, deje lugar a los que intentan despuntamiento sin pisar a nadie. Que la ocupación del hueco en el que se han aposentado sea para estos otros a los que se les negaron las oportunidades, además de a Los Nosotros, quienes no hemos dejado de demostrar nuestra validez válida, valía que no hace falta frotar ni restregar para que se vea con los ojos de la voz que se prodiga desde el silencio del ir abriendo camino mientras vamos escuchando el mazo de Galeras, muchas veces teniendo que remar a contracorriente siendo empujados con la apertura de heridas del látigo. Por lo cual, no hay tiempo para la cicatrización.

Que se nos de lo nuestro a los que estamos en el centro límpido de la lucha, en el núcleo de la vida misma, más que ayudando a nuestros semejantes, por así decir a los buenos y por no mentir llamando dioses a los tratados como tales.

Cercionadacernitud entre los sellos del juicio y la consciencia despierta, virus que huya para no volver. Este y otros cuya nomenclatura está llena de rostros duros que abarcan más que las espaldas. Cese de una vez por todas el espectáculo con el que algunos se libertinan, el jugueteo del pasen y vean para machacar a los de la hondura de la Intrahistoria, Los Nosotros, que subsistimos cotidianamente infraviviendo (ya ni sobreviviendo). Unos, obviamente por falta de comida, recursos y apoyos de todo tipo; otros, en menor grado y, sin embargo, padeciendo el sufrajepsicoquiátrico de los que quieren volver loco al sentido común. Si están enfermos de odio, que se larguen pero ya. Sin tardanza. Si se regojuntan para destruirnos, que lo hagan para montar el jospo donde les plazca y entre ellos. A ver qué tal les sienta.

Todo empieza en casa -quien la tiene y por así llamar a algunas de ellas-, en las familias, es arrastrado hasta la sociedad, y, todo esto, trasladado al mundo en el que vivimos. Que este virucal se pare, parando paros y dando qué hacer. Cada uno en la medida en la que podamos, no más. Pero basta de succionar y chupar a costa de los que ya tenemos los cuernos desechos por Hacer ya más que el propio esfuerzo.

Adiós a la corona de un virus que se marche pronto. ESO es lo que pudo haber sido… Como en tantos otros temas que nos conciernen y que, al cabo, desembocan en nuestra propia infelicidad por la falta de fidelidad de los desleales, atañendo a una salud que cada vez vamos perdiendo con mayor celeridad.

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