Ante la COVID-19, proactividad en la enseñanza

La pandemia desvela otra forma de enseñar y hace necesaria la puesta en marcha de planes de formación.
La pandemia desvela otra forma de enseñar y hace necesaria la puesta en marcha de planes de formación.

El verano trae consigo las vacaciones escolares y universitarias. Se ha realizado la convocatoria de julio de las pruebas de Evaluación para el Acceso a la Universidad en Aragón (EvAU), se plantea que en el próximo curso escolar convivamos con normalidad controlada, intervención parcial o total, la docencia previsiblemente tenderá a una modalidad mixta mientras se intentará optar por la presencialidad en las aulas. En el ambiente, el dilema: vuelta al colegio, ¿en el aula o en internet?

Profesorado, alumnado y familias tendrán la oportunidad de desconectar, nunca mejor dicho, de un curso académico que vio alterada su dinámica por la COVID‑19: la enfermedad infecciosa causada por el coronavirus SARS-CoV-2. Hasta la fecha no hay vacuna. Solamente la actitud proactiva de cada persona es la alternativa y con ella la responsabilidad individual acatando las directrices de las recomendaciones sanitarias. El próximo curso académico, en todo el sistema educativo, se convivirá con esta realidad. Será también la actitud proactiva de las autoridades educativas, profesorado, alumnado y familias las que contribuirá a alcanzar los niveles y calidad deseables en la educación. Eso sí, en un contexto de incertidumbre.

Tener una actitud proactiva significa tomar «activamente el control», decidir «qué hacer en cada momento, anticipándose a los acontecimientos» (Diccionario de la lengua española). Los modelos de educación sean presenciales, híbridos o en línea tienen sus fortalezas y debilidades. Las circunstancias, que surjan en el próximo curso académico, le aportarán niveles de oportunidad y de amenazas. En cualquier caso, la experiencia vivida desde el inicio del confinamiento con el estado de alarma es un valor. Permite entender que sí es posible mantener activa la enseñanza siempre y cuando todas las partes se comprometan. Sin obviar, la necesidad de contar con los recursos, humanos y tecnológicos. Sin olvidar que hay un alumnado que demanda una educación inclusiva, otros que la brecha digital los excluye del sistema y una diversidad de casuísticas que deben considerarse para garantizar el derecho a una educación de calidad.

Es indispensable una comunicación sistemática. Si nos referimos a una organización, como las del entorno educativo, es forzosa que esta comunicación sea vertical (de arriba a bajo en su estructura organizativa) y horizontal (entre las estructuras que se mantienen en un determinado nivel); una comunicación con el alumnado y sus familias. Ahora bien, en la comunicación, al ser un proceso humano, el reconocimiento del otro es esencial para que la comunicación sea eficaz y eficiente. Probablemente, uno de los principales retos que la COVID-19 ha traído consigo es entender la necesidad de mejorar la comunicación para que las personas se conozcan, compartan experiencias, expongan sus divergencias y convergencias, se alcance un consenso y se avance hacia los objetivos establecidos.

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