José Ignacio Martínez Val / Director de Martínez-Val Abogados

¿Para qué?

José Ignacio Martínez Val

Tras los resultados de las elecciones del domingo del País Vasco me surge una pregunta (que se puede extrapolar a la realidad política catalana o al tremendo ascenso del BNG en Galicia): ¿por qué los partidos nacionales están en claro retroceso en País Vasco, en Cataluña o, en Galicia son, claramente, segunda fuerza con una subida espectacular? Pregunta a la que, inmediatamente, da respuesta otra pregunta: ¿y por qué y, sobre todo, para qué va a votar un vasco, un catalán o un gallego (que no sea del PP) a fuerzas políticas nacionales?

Vayamos al origen del problema.

En primer lugar, llevamos décadas permitiendo y, lo peor, favoreciendo que en Cataluña y País Vasco exista una educación escolar, unos medios de comunicación y unos poderes económicos dominados por el nacionalismo, el cual impone su ideología y poder y el uso del idioma regional en su territorio, relegando al (y a lo) español a un segundo plano, incluso, a lo marginal, creando y fomentando un concepto negativo de España y de lo español. España, como idea, como poder fáctico y jurídico en un territorio nacionalista es amenaza y elemento molesto para el poder absoluto que el nacionalismo persigue allí donde está instaurado, de ahí el rechazo total y absoluto, muchas veces llegando al odio, hacia cualquier símbolo español.

En segundo lugar, los gobiernos centrales, unos por convencimiento (PSOE y Podemos/IU), otros por el qué dirán (PP) mandan un mensaje claro: si eres nacionalista tendrás privilegios y recibirás dinero, trabajo y competencias, algo que fomenta que la gente y los poderes económicos, culturales, intelectuales, …, de las regiones nacionalistas voten a opciones no nacionales. Lógico, ¿no?

La causa de la enfermedad está, por tanto, clara: el abandono, el servilismo al nacionalismo y la desaparición paulatina del Estado y de la idea de España en las regiones con nacionalismo buscando una adscripción voluntaria de su población, algo que jamás llegará, al revés, pues el nacionalismo lo tratará de impedir pues su objetivo es tener el poder absoluto y único allí donde está instaurado, lo que lanza un mensaje claro a sus habitantes: el que manda y lo que mola y es bueno para medrar económica y socialmente es el nacionalismo, algo que arrincona, cada vez más, a los partidos nacionales (el ejemplo más claro lo vemos en Álava, hace 10 años territorio del PP, hoy del PNV). En esas regiones, los partidos de ámbito nacional son cada vez más inútiles, no valen, literalmente, para nada y la gente así lo entiende. En contra de lo que dijo hace un tiempo el PSOE de que el PP es una fábrica de nacionalistas, muchos más se crean con políticas como las que la izquierda aplica (y la derecha sigue, no les vayan a llamar fachas) basadas en regalar competencias y poder a los partidos nacionalistas en sus regiones, con un absurdo objetivo de tratar de parecer amigable y de acercar y hacer atractiva la idea de España para el nacionalismo. Táctica absurda y que consigue lo contrario que persigue: crea más y más gente desafectada con la idea de España pues el nacionalismo, a quien la facilitas y permites lo que quieren, el poder absoluto en su región, por definición, busca dinamitar la unidad nacional y la convivencia entre sus súbditos y el resto de españoles.

¿Solución? Solo hay una, que se divide en varias ramas, y que pasa en todo caso por la reconquista de las regiones nacionalistas por parte del Estado y de los poderes nacionales económicos, culturales, intelectuales, …, en concreto y como medidas mínimas:

1. La recuperación por parte del estado de las competencias de educación y sanidad, uniformando y unificando a nivel nacional el sistema educativo y sanitario.
2. La obligación en toda España de usar como vehicular en la administración y en la escuela el idioma común español. El alma de cualquier país reside en el uso de una lengua común en el ámbito público, algo que tiene muy claro el nacionalismo al hacer lo propio en sus regiones con el catalán, vasco o gallego expulsando al español en dichos territorios de la administración, la escuela, la cultura, …, en general, de cualquier ámbito económico o social regional.
3. El dominio por parte del Estado de los medios de comunicación, hoy dominados por el poder nacionalista que no hace más que denigrar la unidad de España y a lo español.
4. La reimplantación en las regiones nacionalistas de los poderes económicos, culturales, intelectuales, morales, …., de carácter nacional, dejando claro, fomentando y favoreciendo, que las personas y empresas que defiendan la unidad de España tengan más posibilidades de poder progresar, crecer y prosperar. Hay que arrinconar económica y socialmente al nacionalismo y mandar el mensaje contrario al que existe hoy: si apoyas al nacionalismo te irá peor en lo económico y social que si apoyas la unidad de España.

Además, la más que posible resistencia y desobediencia por parte de las regiones díscolas no debería llevar aparejada siempre y en todo caso consecuencias penales o medidas represivas, que es lo que quieren los nacionalistas y que son contraproducentes sino que, en general, debería aparejar la imposibilidad para las personas o empresas de poder actuar en el resto de España, por ejemplo, prohibiendo el comercio con empresas situadas en municipios indepes, no convalidando estudios ni carreras que no sigan el programa marcado por el Estado, no concediendo competencias y dinero sin exigir lealtad a cambio,…

No cabe otra opción. Toca luchar y recuperar por parte del Estado, con inteligencia y pragmatismo, pero con total firmeza y unidad, el poder fáctico, jurídico, económico, social y moral en las regiones nacionalistas. Si seguimos con esta política autonómica absurda, España y lo español seguirá replegándose en País Vasco, Cataluña y Galicia hasta un punto en el cual podría ser irreversible. El día que al menos un 65% de la población de las regiones nacionalistas vote por opciones clara y descaradamente independentistas que manifiesten que van a declarar la independencia de modo inmediato, ¿qué puede hacer el Estado ante eso? Nada, pues ni puedes imponer la ley ni sacar los tanques al existir una mayoría social contraria a seguir siendo española (y ningún país extranjero apoyará en ese momento una política agresiva del Estado hacia esas regiones). Y los nacionalistas lo saben. En nuestra mano está llegar a esa situación o no.

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