El control y los protocolos deslucen el primer chapuzón del año en Zaragoza

Las piscinas han presentado un aspecto impropio de un 4 de julio

Abrían por primera vez las piscinas en Zaragoza en un verano de lo más extraño. El protocolo y las medidas de seguridad marcaban el regreso del agua a su cauce, y los bañistas todavía no tenían muy claro qué podían hacer y qué no. Ya en la entrada se podía ver gente de todo tipo esperando para entrar: jóvenes y mayores, familias y solitarios usuarios hacían fila con el fin de darse un chapuzón.

El clima acompañaba, pero la entrada no era la correspondiente a un 4 de julio habitual. Una vez dentro, algunos despistados se preguntaban qué pasaba con los vestuarios y por qué no podían cambiarse. El Ayuntamiento ha decidido, alegando compromiso con la seguridad, mantenerlos cerrados. Hasta para el baño había que coger el ticket y aguardar.

La concejala de deportes, Cristina García, se ha desplazado hasta el Centro Deportivo Municipal La Granja a vivir el inicio y, de paso, explicar las novedades. “Los vestuarios son un foco de contagio. Deberemos ir ya cambiados y ducharnos al salir o al llegar a casa”, declaraba. En cuanto a los baños, ha asegurado que estarán “bajo control”, y que habrá turnos para entrar. Consideran que es “una zona peligrosa”, pero tratarán de que se pueda hacer “un uso normal”.

También el aforo está considerablemente limitado. Ningún centro podrá abrir más del 60% de su capacidad. Aun así, la concejala ha explicado que son medidas propias de los primeros días, y si no hay inconvenientes, cabe la posibilidad de ampliarlo hasta un máximo del 75%. Habrá dos turnos: uno de mañana y otro de tarde, y entre las 15.00 y las 16.00 horas se desinfectarán las instalaciones.

Usuarios perplejos

Luis Miguel había acudido a media mañana para darse un chapuzón, y este nuevo sistema no le convence para nada. “No puedo entender que no abran un solo vestuario, lo han hecho muy mal. La solución no puede ser tenerlos cerrados”, sostenía. Además, manifestaba que esta nueva situación “ha supuesto un varapalo para la ciudad”. Con su mascarilla oficial del Real Zaragoza sobre la boca y la nariz, se podía entender perfectamente a qué hacía referencia.

Otra usuaria se movía en las mismas líneas. El hecho de tener que coger turno hasta para ir al baño le resultaba ciertamente molesto. “El problema está en tener que hacer fila para todo. Hasta para ir al baño vamos a tener que acostumbrarnos a coger un papel. Parece una carnicería”, sostenía.

En definitiva, el primer año del baño ha quedado marcado por el control y el protocolo de entrada y salida. Las novedades no han dejado indiferentes a los usuarios. Los turnos, las filas y las limitaciones han acompañado en todo momento a unos bañistas que tendrán que acostumbrarse a esta nueva realidad.

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