Andorra abandona definitivamente el sector minero tras 40 años de historia

De esta forma, percibirán 28 días con un máximo de 16 mensualidades, garantizando que más de 20 trabajadores mayores de 55 años se beneficien del convenio

Durante cuatro décadas, la Central Térmica de Andorra ha sido la seña de identidad de las Cuencas Mineras. Ahora, echa el cierre definitivo dejando atrás una historia en la que ha sido uno de los pilares de la economía turolense con la producción de 224.000 GWh, lo que equivale al consumo de electricidad peninsular durante todo un año. Un cierre que ha estado marcado por las normativas europeas y la incertidumbre del futuro de los trabajadores, pendientes de iniciar el desmantelamiento y de las nuevas oportunidades que se puedan generar.

El anuncio del cierre lo hizo Endesa, el 19 de diciembre de 2018, con una solicitud formal en la línea con los objetivos de la política energética del Ministerio para la Transición Ecológica y ante el cambio de normativa europea, con una Directiva Comunitaria de Emisiones Industriales (DEI) más estricta, que obligaba a acometer inversiones en las instalaciones andorranas para cumplir con la ley.

Desde la compañía eléctrica consideraron que “hubiera sido imposible” recuperar la inversión necesaria en las condiciones regulatorias y de mercado actuales, por lo que la Central Térmica fue dando salida progresiva al carbón almacenado hasta el pasado domingo, cuando las chimeneas dejaron de echar humo, tras quemar las últimas 15.000 toneladas que quedaban.

El director de Endesa en Aragón, Ignacio Montaner, a la derecha de la imagen, explicaba que a los empleados se les están ofreciendo recolocaciones

Historia de la Central

La Central Térmica ‘Teruel’, más conocida como Central Térmica de Andorra, fue construida entre los años 1974 y 1979 con la intención de llevar a cabo un uso extensivo de los lignitos negros procedentes de explotaciones situadas en la Cuenca Minera turolense, mezclados con carbones de importación. El lignito se transportaba hasta el parque de carbones de la Central por camión, mientras que los importados se transportaban por barco hasta Tarragona y de allí en tren hasta la planta.

Durante sus cuatro décadas de actividad, ha producido 224.000 GWh, y para ello ha necesitado quemar 142 millones de toneladas de carbón, de las cuales 110,9 fueron carbón nacional y 31,7 importado. Las compras de lignito a empresas de la zona como Samca o la Compañía General Minera, se elevaron durante los años de la explotación de la central a 73,3 millones de toneladas y las minas de Endesa aportaron 36 millones de toneladas. Por su parte, el carbón de importación venía de Sudáfrica, Indonesia, Australia, Estados Unidos, Rusia, Colombia y Chile.

El funcionamiento de la térmica durante 2019 alcanzó la producción más baja de la serie histórica con 1.536 MW, y estuvo muy afectado por la fuerte penetración de las energías renovables en el mercado nacional. En este contexto, en los seis primeros meses de 2020 la producción ha sido de 175 GWh, lo que equivale a la producción de un día en un año medio.

La Central Térmica de Andorra fue construida entre los años 1974 y 1979

Precisamente en la dirección de las renovables es hacia donde camina esta Central construyendo “el mayor parque solar de Europa”, con una inversión de 1.427 millones de euros, y que generaría 4.014 empleos en la etapa de construcción y 138 durante más de 25 años en actividades de operación y mantenimiento, según asegura el director general de la compañía en Aragón, Mariano Lacarta.

Futuro incierto

Ahora queda un largo trabajo por delante para reindustrializar la localidad, una tarea nada sencilla y que requiere un tiempo que se agotó por no haber actuado años atrás. El alcalde de Andorra, Antonio Amador, es optimista, eso sí, “siempre y cuando todos cumplamos con nuestro cometido”. “Se está trabajando para diversificar la industria y la economía, para que no dependamos solo de un sector, pero esto necesita un tiempo”, señala.

El alcalde ha reclamado a las instituciones la reducción de los plazos administrativos necesarios para la instalación de nuevas empresas, advirtiendo de que está en juego el futuro de una comarca. “Tenemos otros proyectos que generan demanda de empleo a corto plazo, como la construcción de los parques fotovoltaicos y el desmantelamiento de la Central. Lo que da rabia es que hoy se pierdan empleos, que tengamos herramientas para generar esta demanda a corto plazo, y que por cuestiones burocráticas y administrativas no terminan de arrancar”, manifiesta.

Por su parte, los trabajadores sienten que la planta se cierra “sin perspectivas de una transición justa”. Así lo ha manifestado el presidente del Comité de Empresa de la planta, Hilario Mombiela, para quien la última jornada de trabajo ha sido “de tristeza”, después de cuatro décadas siendo “el pulmón económico de la zona”.

Durante sus cuatro décadas de actividad, ha producido 224.000 GWh, y para ello ha necesitado quemar 142 millones de toneladas de carbón

“Hemos estado con dos presidentes del Gobierno de Aragón, con todo el arco parlamentario, en el Senado… Todo el mundo conocía el problema que se avecinaba, hemos llegado a la fecha y no tenemos absolutamente nada”, lamenta Mombiela, quien se muestra preocupado por los trabajadores y especialmente con los de las contratas. “Muchos de ellos ya están en la calle”, ha explicado, dudando sobre el futuro de una zona en la que muchos de sus habitantes no podrán esperar a los prometidos trabajos en el desmantelamiento de la planta y la instalación de explotaciones sostenibles.

Sobre la mesa, Endesa ha presentado un plan de futuro que incluye la recolocación de los 153 empleados de la central y la total prioridad a la contratación de trabajadores actuales en las empresas auxiliares para los trabajos de cierre y desmantelamiento que se prolongarán durante cuatro o seis años. “A los empleados de la Central se les están ofreciendo recolocaciones de manera personalizada en distintos puestos de trabajo, según sus funciones”, explicaba el director de Endesa en Aragón, Ignacio Montaner. Además, los trabajadores de las empresas contratistas “podrán hacer cursos de formación para sumarse a los trabajos de desmantelamiento o ser contratados en las nuevas instalaciones renovables”.

Ese plan a futuro prevé una inversión de 1.427 millones de euros y tiene como objetivo la construcción de 1.725MW de potencia, de los cuales 1.585 MW corresponderán a plantas fotovoltaicas y 140 MW a parques eólicos. Un proyecto que se ha diseñado en tres fases y que concluirá en el año 2026.

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