Los sanitarios exigen reforzar su seguridad ante posibles agresiones portando un “botón del pánico” o pulseras geolocalizadoras

Los profesionales se han concentrado en el José Ramón Muñoz Fernández, Centro de Salud en el que sucedió la última agresión este fin de semana

Casi una agresión al día. Es la situación a la que se enfrenta el colectivo sanitario de Aragón con preocupante regularidad. El último episodio registrado sucedió este mismo fin de semana en Zaragoza, cuando un paciente amenazó a su médica de urgencias con clavarle una navaja. Este miércoles, y abanderando el lema de “tolerancia cero”, decenas de profesionales se han concentrado a las puertas de sus respectivos Centros de Salud para reclamar mayor protección, actuaciones inmediatas y un endurecimiento de las medidas contra la violencia sistemática sufrida en la atención sanitaria.

Ante su indefensión, las representantes del colectivo han hecho hincapié en la necesidad de echar mano cuanto antes de la batería de propuestas que ya hace tiempo pusieron sobre la mesa en materia de protección, y que venían a contemplar la posibilidad de portar consido botones del pánico consigo, pulseras geolocalizadoras y acompañamiento (de un compañero) durante las consultas a domicilio. Asimismo, una vez más, han vuelto a referirse a la necesidad de dotar a los centros de vigilantes de seguridad y de sistemas de vídeo vigilancia. Especialmente, en aquellos núcleos más conflictivos.

Al mismo tiempo, han vuelto a instar al Gobierno de Aragón a formalizar la tipificación de normativas, penas o condenas incluso de carácter económico de hasta 30.000 al agresor, que puedan vincularse de algún modo a la Ley de la Autoridad Sanitaria. La propia presidenta del Colegio de Médicos de Aragón, Concha Ferrer, y la secretaria general del Sindicato de Médicos de Atención Primaria, Mercedes Ortín, han analizado el repunte de casos en los últimos dos años, dejando claro que a pesar de que la mayoría de dichas agresiones hayan sido verbales (el 67%, frente al 33% físicas), ninguna debe ser jamás tolerada.

Reconocen, además, que las cifras tan solo llegan a traslucir “la punta del iceberg”, puesto que, de hacerse una encuesta, la mayoría de los sanitarios han sido víctima de algún tipo de agresión a lo largo de su ejercicio profesional. En ese sentido, han querido hacer público su apoyo a la compañera recientemente agredida en Zaragoza, asegurando que, en esta lucha, “todos somos uno”.

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