La Central Térmica de Andorra quema las últimas toneladas de carbón antes de su cierre

La central comenzará un plan a futuro de tres fases que previsiblemente concluirá en 2026

El próximo martes, 30 de junio, la Central Térmica de Andorra quemará sus últimos restos de carbón tras cuatro décadas en las que ha producido 224.000 GWh, equivalentes al consumo de electricidad peninsular durante un año. Ahora, arrancará un plan de futuro que incluirá, han asegurado desde la empresa, la recolocación de los 153 empleados de la central y la total prioridad a la contratación de trabajadores actuales en las empresas auxiliares para los trabajos de cierre y desmantelamiento que se prolongarán durante cuatro o seis años.

“A los empleados de la central se les están ofreciendo recolocaciones de manera personalizada en distintos puestos de trabajo según sus funciones”, ha explicado el director de Endesa en Aragón, Ignacio Montaner. Además, los trabajadores de las empresas contratistas “podrán hacer cursos de formación para sumarse a los trabajos de desmantelamiento o ser contratados en las nuevas instalaciones renovables”.

Porque ese plan a futuro, que prevé una inversión de 1.427 millones de euros, tiene como objetivo la construcción de 1.725MW de potencia de los cuales 1.585 MW corresponderán a plantas fotovoltaicas y 140 MW a parques eólicos. Un proyecto que se ha diseñado en tres fases y concluirá en 2026.

La primera de las fases que arrancará en enero de 2021 y concluirá a principios de 2022 contempla la construcción de un parque fotovoltaico de 50 MW que se construirá dentro del perímetro de la actual central térmica. En esta fase también se construirá un parque eólico de 49,9 MW de potencia que se instalará en el término municipal de Ejulve.

Una vez concluida esta primera fase arrancará la segunda que prevé impulsar 235 MW de energía solar fotovoltaica y 54,3 MW de almacenamiento de baterías. Estas actuaciones también se instalarán en gran parte dentro del perímetro de la central y durará en torno a 15 meses.

Una vez listas la fase uno y dos entrará en juego la tercera fase que depende de la asignación por parte del Ministerio para la Transición Ecológica. Aquí se construirán 1.300 MW de potencia fotovoltaica, 90MW de energía eólica y 105 MW de almacenamiento de baterías. La potencia asociada a estas fases se construirá en terrenos de Andora, Alcorisa, Alcañiz, Calanda e Hijar.

Historia de la central

La central térmica “Teruel’ situada en Andorra consta de tres grupos, con una potencia total de 1.100 MW. Cada grupo dispone de caldera, turboalternador y torre de refrigeración. Completan la instalación el parque de carbones y caliza, el sistema de evacuación de cenizas y escorias, la planta de desulfuración y la chimenea de 343 metros de altura para la evacuación de los gases de combustión.

Fue construida entre los años 1974 y 1979 con objeto de llevar a cabo un uso extenso de los lignitos negros procedentes de explotaciones situadas en la cuenca minera turolense, mezclados con carbones de importación. El lignito se transportaba hasta el parque de carbones de la central por camión y los carbones importados se transportaban por barco hasta el puerto de Tarragona y, desde allí, por ferrocarril hasta la planta. Como combustible auxiliar para arranques y apoyo a la combustión se utilizaba gas natural.

Durante sus cuatro décadas de actividad ha producido 224.000 GWh, equivalentes al consumo de electricidad peninsular durante un año. Para ello ha necesitado 142 millones de toneladas de carbón, de las que 110,9 millones de toneladas fueron de carbón nacional y 31,7 millones de toneladas de carbón importado. Las compras de lignito a empresas de la zona (Samoa, Compañía General Minera, etc) se elevaron durante los años de explotación de la central a 73,3 millones de toneladas. Las minas de Endesa aportaron 36 millones de toneladas. El resto, 1.5 millones de toneladas, correspondió a hulla nacional. Por su parte, el carbón de importación procedió de Sudáfrica, Indonesia, Australia, Estados Unidos, Rusia, Colombia y Chile.

Desde el principio, todos los parámetros medioambientales tuvieron gran relevancia en la explotación de la central, especialmente en lo referente al control de las emisiones y de la calidad del aire en el entorno, dado el elevado contenido en azufre y cenizas del lignito local.

En consecuencia, con el fin de hacer compatibles el desarrollo económico y el uso de estos lignitos con la conservación del medio ambiente, a lo largo de la vida de la central se llevaron a cabo una serie de actuaciones que conllevaron inversiones superiores a los 400 millones de euros. Como resultado de esas inversiones la central consiguió estabilizar las emisiones a la atmósfera en niveles inferiores a 1 tonelada por megavatio hora producido.

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