Las desgracias nunca vienen solas

Se ha abatido sobre nosotros una desgracia global: un virus mortífero capaz además de acabar con la economía y quien sabe si con el sistema político en su conjunto. España se ha visto afectada de manera especial por él. Lideramos el número de muertos por millón de habitantes y la bajada que se espera del PIB tendrá casi con certeza 2 dígitos. El gasto público en forma de ERTE y seguros de paro se va a disparar. Nadie sabe cómo se va a poder pagar todo esto. Puede que la pandemia haya sido inevitable, o puede que no. La aparición de un nuevo virus en principio no es responsabilidad de nadie, aunque no es descartable que quepa exigirle a China responsabilidades económicas por mantener esas cocteleras de virus que son sus mercados de alimentos. Los inmensamente millonarios chinos quizá deberían responder con sus millones por no ser capaces de tener una cadena de suministro de alimentos que no sirva de generadora de nuevos virus. Pero esto es otra historia.

La segunda desgracia que hemos tenido que sufrir los españoles es haber tenido un gobierno que no ha sido capaz de reaccionar en tiempo y forma a la amenaza que se cernía sobre nosotros. Hay una cosa muy clara: ha habido países, de menor entidad económica y con mucho menos gasto sanitario que nosotros, que sí reaccionaron a tiempo y que sí pusieron en marcha las medidas adecuadas. Esto significa que no era imposible hacerlo bien. Grecia y Portugal son ejemplo de ello. Dos PIGS.

En principio y siendo bien pensados caben dos posibilidades para interpretar el comportamiento gubernamental: que nuestro gobierno no viera venir el peligro y/o que no tuviera capacidad ni conocimientos técnicos para reaccionar adecuadamente. 30.000 muertos y un país roto económicamente es el resultado. Esto es INAPELABLE y TREMENDO. No va a haber victoria alguna al final de la pandemia. Nunca la hay. Solo hay recuento de daños. En unos países acabaran pronto de contar. En España no tenemos ni idea de cuando dejaremos de hacerlo.

Cabe una tercera posibilidad, que resulta aterradora, para explicar la acción (o inacción) del gobierno. Es la de que el gobierno por oscuros motivos, que solo él y en su momento los jueces podrán explicar, decidiera a sabiendas hacerlo todo tarde y mal. ¿Puede existir gente así, que intencionadamente pueda facilitar la extensión de una epidemia que nos ha costado decenas de miles de vidas y la hacienda de todos? Yo pensaba que no, pero la lectura de un informe del Ministerio de Sanidad y de su Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (“Informe técnico. Nuevo coronavirus 2019-nCov”) fechado el 10 de febrero de 2020 y redactado por doce personas, entre las que se encuentra en undécimo lugar de firma Fernando Simón Soria, me hace dudar seriamente de la bondad de nuestro gobierno y de la de algún técnico intermedio que le asesora.

Lo primero que hay que decir de este informe es que es excelente. Está muy bien escrito y muy bien documentado. Transcribo a continuación, con modificaciones no sustanciales, partes del mismo para que ustedes comprueben lo que el Ministerio de Sanidad, y por tanto en el Gobierno, sabían del virus Covid-19 y de las medidas que había que tomar para frenar su expansión, a fecha tan temprana como el 10 de febrero.

  1. El 7 de enero se identifica en China un nuevo coronavirus como causante de un brote de neumonía en pacientes humanos. Su secuencia genética se describe el 12 de enero.
  2. El porcentaje de casos graves oscila entre el 15% y el 35%. De cada 100 pacientes ingresados alrededor del 30% necesitarán ingresar en una UCI. La letalidad es alta en los casos hospitalizados, de entre el 11% y el 15%.
  3. La fuente original probable del virus es animal. La vía de contacto entre humanos es por contacto directo mediante gotas respiratorias de más de 5 micras, que pueden ser infectivas a distancias de hasta 2 metros del emisor.
  4. El número básico de reproducción del virus se estima que está entre 2 y 3.
  5. Podría haber infección por gotas de menor tamaño, aerosoles, en entornos hospitalarios.
  6. En un estudio sobre 138 personas que necesitaron ser hospitalizadas se ha descrito el contagio a 40 trabajadores sanitarios y a 17 pacientes que estaban ingresados por otras causas.
  7. Se describe el caso de un paciente que infecta a más de 10 sanitarios y a al menos 4 pacientes hospitalizados en la misma sala.
  8. También hay casos leves o asintomáticos que se han detectado ya en países europeos, entre otros España.
  9. Se dispone de una serie de pruebas de RT-PCR para analizar la presencia del nuevo virus.
  10. Ante la falta de pruebas firmes sobre el mecanismo de transmisión específico del virus se están considerando las mismas precauciones que frente a otros coronavirus (protección estándar: mascarillas, aislamiento, higiene de manos, equipos de protección especiales etc.*tomado de las referencias citadas en el informe).
  11. Ante la ausencia de pruebas en contra de la transmisión mediante aerosoles (gotas de menos de 5 micras) se está actuando (sic) según el principio de precaución por lo que se contempla el uso de mascarillas de alta eficacia cuando puedan generarse aerosoles.
  12. El control de entrada generalizado de viajeros mediante la toma de temperatura solo permite detectar pacientes sintomáticos. Un enfoque centrado en los vuelos directos de las zonas afectadas podría ser más efectivo.

Resumiendo lo que se sabía ya el 10 de febrero: se había identificado un nuevo virus que provocaba una enfermedad mortal en un porcentaje alto de casos (1 y 2), el virus era muy contagioso (3 y 4), especialmente en entornos hospitalarios (5, 6 y 7), en España ya había gente infectada (8) y, finalmente, había disponibles test de diagnóstico y se conocían as medidas de protección a aplicar en este tipo de situaciones (9, 10, 11 y 12).

CONCLUSIONES: habría que preguntarle al gobierno y a los técnicos implicados en la gestión de la enfermedad en España por qué no hicieron lo que sabían que había que hacer, por qué han mentido de manera tan descarada y continua, y si son capaces de dormir por las noches. Yo lo pregunto desde aquí, espero que ustedes se planteen esto cuando nos llamen de nuevo a votar y me gustaría que hubiera jueces receptivos e independientes que puedan evaluar el carácter delictivo o no de la acción, o inacción, del gobierno.

Pascual López Buesa, doctor en medicina veterinaria y militante de Vox

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