Fuertes Rocañín: “Las personas con síntomas previos están sufriendo más las consecuencias del aislamiento”

Fuertes Rocañín reconoce que el confinamiento en sí “no es un elemento decisivo que afecte a la salud mental”

Desde el pasado mes de marzo se está viviendo una situación sin precedentes para la mayoría de la población. El avance de la pandemia a raíz del coronavirus en todo el mundo obligó a la adopción de medidas drásticas para prevenir el contagio y la propagación de la enfermedad. Si bien los científicos e investigadores buscan comprender los síntomas, los diagnósticos y cómo combatir el virus, la recomendación principal para todos es el aislamiento social.

El aislamiento social es una medida necesaria para combatir al Covid; sin embargo, puede tener consecuencias negativas. El presidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses (Saplycf), José Carlos Fuertes Rocañín, reconoce que el confinamiento en sí “no es un elemento decisivo que afecte a la salud mental”, aunque sí lo es el estar aislado porque “fuera hay un enemigo silencioso que nos puede hacer daño”. Rocañín reconoce que está experimentando un repunte en el número de consultas, aunque fundamentalmente son personas con patologías previas que son más vulnerables a estas reacciones.

Pregunta.- ¿De qué manera el aislamiento, a raíz del confinamiento, puede afectar a la salud mental?
Respuesta.- El confinamiento es un elemento decisivo. Estamos aislados porque tenemos fuera un enemigo silencioso que nos puede dañar de una manera muy intensa. Ese es el elemento clave: estoy aislado porque fuera de mi casa está el enemigo.

P.- ¿Cuáles son los efectos que más se han repetido?
R.- El aislamiento genera sobre todo mucha angustia y ansiedad, dos enfermedades que en realidad son reacciones pero que si se mantienen en el tiempo llegan a producir un daño. El aislamiento genera incertidumbre y miedo y cuando eso se mantiene en el tiempo produce un cuadro ansioso. Además, si se prolonga durante más tiempo la ansiedad puede ser la base de un cuadro depresivo.

La mejor recomendación de Fuertes Rocañín es volver cuando antes a la vida normal

P.- ¿Esta situación se agrava más debido al elevado contagio que presenta este virus?
R.- Claro, la sensación de inseguridad que tenemos de que podemos ser heridos de una manera silente y no clara nos produce aún más angustia. Al enemigo no se le ve venir y eso produce un miedo al contagio, que es el elemento clave. Este miedo es una reacción humana normal, no es una enfermedad. La enfermedad aparece cuando nuestra capacidad de controlarnos y enfrentarnos a ello no es suficiente y ahí es cuando aparece el insomnio, la irritabilidad, el dolor, el pánico, la tristeza, el pesimismo, la desesperación…

P.- ¿Hay algún grupo de personas que sean especialmente vulnerables a las consecuencias del confinamiento?
R.- Los familiares de fallecidos o las propias personas que hayan pasado la enfermedad son especialmente vulnerables. Las consecuencias a medio y largo plazo no se saben por lo que también suponen un grado de incertidumbre.

P.- El personal sanitario es el que más expuesto a esta al virus, ¿lo está también a sus efectos psicológicos?
R.- El personal sanitario está más expuesto a la vivencia en primera persona de una sobrecarga de trabajo en poco tiempo y con medios precarios, viendo además que esos esfuerzos no tenían resultados. La muerte ha estado presente en muchos casos y eso es muy probable que les produzca estrés postraumático, que se acuerden, tengan pesadillas, sensación de impotencia de que no han podido luchar…

Fuertes Rocañín asegura que el personal sanitario está más expuesto a la vivencia en primera persona de una sobrecarga de trabajo en poco tiempo

P.- ¿Qué consejos daría para gestionar el confinamiento?
R.- Hay que enfrentarse a la realidad, no tiene mucho sentido huir de lo que estamos viviendo, no hay que escaparse de esa realidad y se deben adoptar unas pautas de comportamiento normales con las precauciones que nos están diciendo. La mejor recomendación es volver cuando antes a la vida normal y no ponerse barreras o topes. Tendremos que volver a la realidad.

P.- Las rutinas tienen una parte muy importante en esa “vuelta a la normalidad”, ¿no?
R.- Desde luego. Vivimos a través de hábitos que nos dan seguridad que tendremos que restaurar. No todos podrán hacerse, pero tendremos que adaptarnos a otras formas de comportamiento a las que el ser humano se puede adaptar sin problema. Tardaremos un poco pero estoy convencido de que volveremos a ser como antes o mejores.

P.- ¿Usted ha notado un incremento en las visitas?
R.- Hay muchas más consultas porque las personas con ansiedad o hipocondríacos recaen con más facilidad. Se les está dando un ambiente muy negativo, pero es porque ya tenían una enfermedad previa y esta ha vuelto a salir. También se están dando casos de personas sanas que tienen pequeños síntomas de tristeza, ansiedad… pero son síntomas reactivos, no una enfermedad grave como tal.

P.- También se habla de evitar la sobreexposición a noticias sobre el Covid-19. ¿La tecnología es una aliada o una enemiga?
R.- La tecnología ha permitido que estemos en contacto unos con otros y no estemos aislados, pero también ha supuesto un elemento muy nocivo. La sobreinformación produce muchísima angustia porque las informaciones son contradictorias, los datos son opuestos… Estamos demasiado pendientes de todos los elementos y no los filtramos por lo que las personas entran en una especie de bucle. Ha llegado un momento en el que la información se ha convertido en un elemento negativo porque nos ha sobrepasado.

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