Luis Iribarren Betés / Licenciado en Derecho

La mano es visible

Luis Iribarren

Las manos que barajean las cartas ya no son invisibles en 2020. Da lo mismo quién lo haya creado o consentido, la metáfora del bicho va con toda la intención aluminosa. Su terca resistencia al centrifugado adolescente, más.

El ultraliberalismo ha dado positivo en Covid. No ha hecho falta que transcurran treinta años para levantar las alfombras de hoy.

Hay tanta wiki-desinformación que los creadores de la buena, como Boris Johnson, han tenido que reconocer sus datos especialmente protegidos. El apóstol en Europa de la desregulación sanitaria ha estado más grave de lo que se ha dicho. Alguna sorpresa se precocinaba en Downing Street y permitieron entrenar en solitario a algún octavo de a bordo. Pues encontrar clones del sujeto no es sencillo.

Su primo de Nueva York, el comercial que desgobierna los estados desunidos con competencias federales en sanidad y pocas en salud, se revela cada día en menos de 280 caracteres. Su ciudad en que ha plasmado su orgullo yuppie no le votó y se le está revelando. Italianos y judíos de mierda…

El discurso en red social corta es el límite que utiliza para dar beneficios con Californa e incluso Flóooorida ya soplando a estribor. Time is money, se dice en inglés. No es el oro de los galeones, es algo más inconsútil y mártir.

La mano es visible, las manos también lo son. Las conferencias de presidentes autonómicos en el Estado español aportan conocimiento del territorio. Posiciones más que fundamentadas de Lambán, de Revilla, de Feijóo o Armengol. De la reserva espiritual asturiana del PSOE, al alimón con Urkullu o el afectado Pere Aragonès.

La pandemia se está combatiendo y de la misma se está saliendo con planificación necesaria. La escuela de Chicago se ha quedado en los balcones y en las redes acusando, a veces hasta con razón.

El tea party ha decaído ante el socialismo científico. Porque el combate contra la pandemia es técnico y Fernando Simón, con aciertos medidos y errores de tímido, ello representa. Porque las ayudas concedidas a autónomos y reacción-ERTE han procurado y deben procurar, como afirma Lambán, no abandonar a esa minoría económica macro que es mayoría social. Desobedecer, por fin, el límite de déficit más mortal y que no se llama Covid. Que replicaba con más fuerza cada año y para el que, al parecer, nadie menos Krugman buscaba vacunas. Otro de Nueva York, como Ellington.

Viento de levante, las economías planificadas modo confuciano como China, Corea o Japón están combatiendo al virus y sus efectos económicos con eficacia nada religiosa. Modo gran comunidad, no vía micro-comunidades geográficas locales, etnias o grupúsculos de religiones monoteístas.

La mano invisible no se apareció a finales de marzo, como no lo hizo en 2008 ni en la Gran Depresión.

Nadie ha pontificado invocando a Jomeini, Escrivá o Calvino que todo haya que dejarlo a soluciones individuales y ambiciones propias que mejorarían al conjunto. Que lo piensan en su fuero interno, no lo tienen ni que posturear.

Lo mismo cabe afirmarse respecto de las recetas dadas por nacionalismos, estatales y no; iluminados o nómadas que han querido seguirse reuniendo, distinguiendo la sanidad navarra, yendo a funerales, viviendo dios redentor a tope contra la naturaleza y su rebelión no sulfatada.

Porque cuando todo falla, que nunca seas tú lo que quede del día.

Adam Smith ha resucitado pero está mirando a Europa para buscar una solución a medio plazo contra el hambre, que evite que más de uno piense que la crisis presente crisis también será una nueva oportunidad. Algunos dirán que será para darles el dinero a los vagos y los negros cuando de lo que se trata es que todos ellos rebasen la capacidad de bares, cines y del Puerto Binicio…

No sé si el escocés citado al que estoy midiendo para hacerle este traje o cualquier habitante de Alaska cuya mayor ciudad es una Zaragoza desperdigada en cien kilómetros vivieron alguna abolición de la primavera.

Porque el dinero y el espacio sí hacen la felicidad. O preguntadle al propietario de un bar de medianera o a un grupo de personas, que existen, compartiendo cama caliente esta misma noche.

Que ningún ser humano padezca discriminación religiosa, civil ni económica con ninguna excusa. Café de puchero para todos.

 

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