Arturo-José González Ascaso / Consultor y fotógrafo

Piquiponianas del siglo XXI

Arturo J. González

La Historia nos dice que, a principios del pasado siglo, desarrolló sus quehaceres políticos un industrial catalán, facedor de dinero mas, analfabeto. No es ningún insulto ni menosprecio, pues él mismo lo reconocía. Como muestra un botón; terció en una disputa entre dos mujeres que acaloradamente debatían acerca del mayor tirano en la Historia. Señoras, espetó, el mayor de todos fue Tirano de Bergerac. O, siendo alcalde de Barcelona, cuando SM Alfonso XIII visitó la ciudad condal exclamó “Majestad, a vuestros pies la ubre” (obviamente era la urbe).

Don Juan Pich i Pon, consiguió para sí diversos cargos políticos. Desde concejal del Ayuntamiento de Barcelona hasta diputado en Madrid, por la “circuncisión” de Barcelona, como él mismo aseveró. Su verborrea fatídica hizo que se acuñara el término “Piquiponianas” para hacer referencia a sus ocurrencias por las que incluso, dicen, algún medio pagaba 3 pesetas a quienes las hicieran llegar a la redacción para ser publicadas. Su carrera política acabó cuando fue implicado en el estraperlo, con comisiones a políticos (el antiguo 3%; nada nuevo pues).

Hoy en día, en este momento histórico que nos tocar vivir y sufrir, sigue habiendo piquiponianas. Aunque no del mismo calado. Ciertamente, las personas siempre cometemos “lapislázulis” como decía D. Juan Pich. Pero, otros lapsus, dejan de tener la consideración de tales ante decisiones político-gubernativas manifiestamente injustas y erróneas y, lo que es peor, a sabiendas.

Quede dicho de antemano, el cariño y respeto de este Caballero de la Virgen del Pilar para con otras religiones. Conozco a personas de otras confesiones (ortodoxos, musulmanes, judíos) que, a mucha honra, me llaman amigo e, incluso, hermano. Sé que alguno se ha “molestado” en comprar un marco especial para colgar en el despacho de una institución pública musulmana una foto mía de nuestra Basílica del Pilar de forma que se viera la imagen y, en el reverso, la dedicatoria escrita.

Leo, con estupor, tras haber visto un video ejemplo de lo sucedido, que hay órdenes para permitir el rezo musulmán en la calle, que se advierta que se está contraviniendo el RD pero que, si eso, se permita acabar (por si hay alteraciones públicas) y que, se levante un parte de intervención a efectos de posible acta de sanción (sic).

Luego, claro, está el caso de otras confesiones. Desalojo de la Catedral de Granada, de iglesias evangélicas en Murcia, Cádiz, Málaga… El colmo es el caso del antedicho vídeo, un humilde sacerdote madrileño y su acólita, a dos metros, intentando oficiar una misa a la puerta de su parroquia para los vecinos, altar portátil, micrófono en mano, interrumpido por una patrulla, identificado ex ante, obligado a desistir de su terrible y peligrosa actividad. El buen sacerdote propone dejar los altavoces en la calle y oficiar la misa en el interior. Negativa rotunda de la Autoridad.

Pensándolo bien, tenían razón los agentes. Con los musulmanes, quizá, es posible, podría haber alteraciones. Pero, los católicos, de verdad de la buena, reparten hostias.

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