Vicente Franco Gil / Licenciado en Derecho

Réquiem por las víctimas del desgobierno

Vicente Franco Gil

España entera está de luto, sí, un luto que no se silencia ni con los aplausos de las 20.00 horas, ni con los ruidos de pucheros, cazos y cazuelas de las 21.00. Ni siquiera con las insólitas, o divertidas, o sutiles formas de entretenimiento que, cada cual, se ingenia allí donde se encuentra confinado. Nos hallamos ante un estado de alarma en el que el duelo no encuentra consuelo, donde el horror y la soledad de los que fallecen y de sus familiares son aliados de la anárquica gestión de las Administraciones Públicas, orquestada por el Gobierno de la nación ante el exterminio letal de la atroz pandemia que nos azota.

España está de luto porque el Gobierno español, jerarca para intervenir en esta luctuosa situación, se ha declarado abiertamente incapaz por la quiebra de sus habilidades ejecutivas, no asumiendo sus obligaciones ni el ejercicio responsable de sus actos. No ha ponderado el alcance de las consecuencias de la pandemia a pesar de la información disponible.

España está de luto porque se sitúa a la cabeza de la lista de países del mundo con mayor número de muertos e infectados por millón de habitantes. Siendo una nación desarrollada, debería poseer los recursos y resortes necesarios para la contención del ensañamiento que el Covid-19 está provocando en el pueblo español.

España está de luto porque, a pesar del cruel confinamiento al que el gobierno social-comunista ha sometido a la población, y dado el mal ejemplo de ciertos cargos públicos al no observar el protocolo establecido, no ha sido efectivo, demostrando una vez más la inutilidad del Ejecutivo en atención a la protección de los ciudadanos.

España está de luto porque Sánchez, al socaire de altos mandos de cuerpos de seguridad del Estado, pretende blindar su gestión persiguiendo las críticas y las protestas vertidas hacia su gobierno, censurando y cercenando a la opinión `pública discordante. No así con aquellos medios de comunicación que, “sobornados” con privilegios económicos en forma de subvenciones, tienen por finalidad alentar y maquillar al adalid de la nación y a sus lacayos ministeriales.

España está de luto porque la manipulación de datos de la Moncloa es incesante, desmintiendo lo que hace media hora antes se dio por seguro, y contraviniendo lo que media hora después será la antípoda de lo que anteriormente era inequívoco. Las redes sociales saltan por los aires, emanando humo en la ardua batalla que confronta al Gobierno con Twitter e Instagram, entre otros. Se producen bloqueos casuales y desaparición de etiquetas, contraviniendo el Estado democrático y de Derecho que los españoles se dieron en 1978. Las encuestas se manejan al antojo de la perversidad, violando principios éticos y normativa jurídica. La mordaza represiva de la horda roja se cierne sobre la libertad de expresión, fiel al infausto comunismo de otrora.

España está de luto porque la falta de transparencia de este gobierno radical, aquella que tanto presumían en sus mítines preelectorales tanto el socialismo obrero (¿?) español de Sánchez, como el naftalínico comunismo burgués de Iglesias, ha dado paso a una prostituida legitimidad que mercadea con los intereses más ocultos y sectarios del actual binomio gubernamental. La división del pueblo español y el enfrentamiento entre conciudadanos, ha sido y sigue siendo el eje central de su taimada e intrincada estrategia de control  y de gobierno.

España está de luto porque la libertad religiosa, especialmente el culto católico, corre el grave peligro de ser una realidad devaluada, una evocación virtual en la que no tienen aplicación los sacramentos, y el inicio de una persecución premeditada. A pesar de que el estado de alarma no prohíbe el cierre de templos y las celebraciones litúrgicas, se han producido desalojos a la fuerza durante la celebración de la Santa Misa en ciertas localidades españolas, aun cumpliendo escrupulosamente con el celo de seguridad recomendado. A Sánchez e Iglesias Cristo les molesta, es algo que no soportan y así se constata.

España está de luto porque la seguridad de los facultativos y otros servicios que combaten la enfermedad desde las trincheras, en primera línea de fuego, no son dotados con los medios necesarios para preservar su integridad física. Mascarillas defectuosas, test masivos que no llegan, falta de material elemental en las farmacias. Un caos de dimensiones insospechadas. Y mientras tanto siguen muriendo conciudadanos nuestros, población vulnerable, ancianos en bloque dentro de las residencias. ¿Qué indecencia es esta? ¿Hasta cuándo este despropósito, esta ruina?

España está de luto porque en medio de la amargura que azota a nuestro país, y a pesar de que el Congreso de los Diputados está ralentizado, parece ser una prioridad acelerar los trámites parlamentarios para sacar adelante la ley orgánica (LO) que legalice la eutanasia en España. No son suficientes las muertes acaecidas hasta el momento, y las que continúan día a día a pesar de los datos “positivos” que torticeramente nos muestra el Gobierno. La cultura de la muerte social-comunista quiere a todo trance instalarse en una sociedad que actualmente agoniza, como signo de progreso.

España está de luto porque la inmensa mayoría de los grupos parlamentarios se han instalado en la poltrona sedante de la mísera egolatría. Bajo la apariencia de una preocupación exhaustiva por la salud y el bienestar de la ciudadanía, lo cierto es que tanto la falta de solvencia técnica como de sensibilidad social, amén de la inteligencia política, están haciendo de nuestra gran nación, poco a poco, un país tercermundista. Lo que comenzó siendo algo infrecuente y casi pasajero, está haciendo estragos. Y me da que pensar, ojalá me equivoque, que del sufrimiento y del dolor hay quienes todavía pretenden sacar tajada.

España está de luto porque la Enseña Nacional que presiden las instituciones oficiales no ondea a media asta, símbolo de duelo y respeto por los difuntos a causa del coronavirus. Falta de respeto es la que sí ostenta Sánchez e Iglesias, presidente y vicepresidente del Reino de España, al no portar siquiera una corbata negra u otro distintivo de pésame, como sí lo hace S.M. Felipe VI y otros miembros de la oposición en el Congreso.

No obstante, queda la esperanza de que todavía existe un buen elenco de hombres y mujeres valientes, capaces de luchar por el interés general de España, promoviendo principios y valores que enaltecen a la Patria, a pesar de las dificultades, de las traiciones políticas, de la altivez de los soberbios, y de todos aquellos que quieren doblegar a sus semejantes con una dictadura sectaria.

Por muy adversa que parezca en estos momentos la vida, bajo el lema “no te rindas” van a continuar infatigables para arrancar la cizaña que los enemigos de España sembraron mientras banqueteaban los que, presumiblemente, alardeaban de gobernar desde el centro y la moderación, creyendo que, de esta manera, la maquinaria estatal no sufriría deterioro alguno. Magno error de aquellos obstinados gobernantes “buenos” que ahora arrastra lamentables consecuencias. ¡La España viva está por llegar!

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